10/14/2026
Hoy me uno a la familia Arizmendi y a toda la casa de Comunidad de Fe México en este momento de profundo dolor por la partida de mi hija, pastora Marcela.
Sé que su legado de obediencia, fidelidad, servicio y amor al Padre permanecerá vivo en sus hijas naturales y espirituales, así como en cada vida que fue alcanzada, formada y edificada a través de su ministerio.
Estoy seguro de que cada semilla de fe, amor y entrega que sembró seguirá produciendo fruto.
Oro, en el poderoso nombre de Jesús, para que la paz que sobrepasa todo entendimiento, y que solo nuestro buen Dios puede dar, gobierne sus vidas y sus corazones, fortaleciéndolos y consolándolos en este tiempo.
Los amamos.