05/31/2026
Nuestro corazón no debe quedar solo mirando el dolor del camino, sino la gloria de Cristo en medio de ese camino. Jesús avanzó hacia la cruz con plena obediencia, con amor perfecto y con la certeza de cumplir la voluntad del Padre. No retrocedió, no cambió de rumbo y no dejó su obra a la mitad. Fue hasta el final por nosotros.
Por eso, nuestra esperanza no está en nuestra fuerza, sino en Cristo. El mismo Jesús que caminó a la cruz es el que hoy sostiene a los suyos, fortalece al débil, anima al cansado y guarda a los que confían en Él. Si hoy el camino parece difícil, recordemos que no seguimos a un Salvador derrotado, sino al Cristo que murió, resucitó y venció. Y porque Él venció, los que están en Él también pueden seguir adelante con fe, con consuelo y con la seguridad de que su gracia será suficiente hasta el final.
MARCOS 10:32-34.
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