09/13/2026
Del Padre George
Esta semana nos centramos en la virtud de la justicia. La justicia es la virtud que perfecciona la voluntad. “La justicia es la virtud moral que consiste en la constante y firme voluntad de dar a Dios y al prójimo lo que les es debido. La justicia para con Dios es llamada ‘la virtud de la religión’. Para con los hombres, la justicia dispone a respetar los derechos de cada uno y a establecer en las relaciones humanas la armonía que promueve la equidad respecto a las personas y al bien común”. (CIC 1807) Hay mucho que decir al respecto, pero lo más importante que hay que tener en cuenta es que la justicia es la disposición estable a dar a otra persona lo que le corresponde. Esta semana nos centraremos principalmente en la justicia rendida a Dios (la religión), y la próxima semana analizaremos la justicia rendida a otros seres humanos.
Tenga en cuenta que nunca podremos darle a Dios plenamente lo que le corresponde, ya que lo que Él nos ha dado es inconmensurablemente mayor que cualquier cosa que podamos darle a Él. Nuestro intento de ofrecerle algo a Dios es similar al de un papá que le da 10 dólares a su hijo para que este le compre un regalo de cumpleaños. El papá se alegra por el regalo, porque es una señal de que su hijo lo ama; pero sería un tonto si pensara que se ha enriquecido con ese intercambio. Cuando le ofrecemos algo a Dios, la situación es similar; todo lo que tenemos para ofrecerle, en última instancia, ya es Suyo de todos modos.
Sin embargo, en la medida en que podamos corresponder de alguna manera a lo que Dios ha hecho por nosotros, debemos darle honor, reverencia y adoración. Esto no es porque Él necesite estas cosas, sino más bien porque nos perfeccionan las mentes y los corazones al llevarlos a una relación correcta con Dios (para quien fuimos creados en primer lugar). Por lo tanto, está en nuestra naturaleza ofrecer adoración a Dios. Así, por ejemplo, aunque la Iglesia nos exige asistir a la misa los domingos, no es que nos esté imponiendo una obligación completamente nueva. Más bien, la Iglesia está especificando una forma en la que debemos practicar la virtud de la religión. Sin embargo, incluso si la Iglesia no nos impusiera esta obligación, por nuestra propia naturaleza estaríamos obligados a adorar a Dios de alguna manera en cualquier caso. (No es bueno para nosotros omitir por completo la adoración a Dios.)
Dos de las formas principales en que ejercemos la virtud de la religión son a través de la devoción y la oración. La oración consiste simplemente en elevar la mente y el corazón hacia Dios. Muchas personas piensan que orar consiste en recitar algunas fórmulas memorizadas (por ejemplo, el Padrenuestro) o en pedirle cosas a Dios. Ambas son cosas buenas que debemos hacer. Sin embargo, otra forma de orar es meditar en la Palabra de Dios o en los misterios de la fe. Cuando hacemos esto, le damos a Dios espacio para que ‘tome las riendas’ de nuestra oración y le permitimos que nos guíe hacia donde Él quiere que vayamos. Todos deberíamos tomarnos un poco de tiempo para hacer esto todos los días. La devoción consiste en someterse completamente a Dios. En otras palabras, la devoción significa tener el hábito de entregarnos a Dios y buscar orientar toda nuestra vida hacia Él. Naturalmente, esto es difícil para nosotros, los seres humanos caídos, y es algo que a menudo solo logramos hacer poco a poco con el tiempo. Sin embargo, practicar la oración, especialmente la meditación, es la mayor ayuda para lograrlo. Muchas personas también hablan de tener devoción por un santo en particular. Esto es algo maravilloso, porque, cuando se entiende correctamente, significa que la persona está honrando a Dios a través de sus santos, debido a las gracias que Él ha obrado en sus vidas. La próxima semana, consideraremos la justicia que se debe a los demás seres humanos.