08/27/2026
“Ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni principados… ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor de Dios.” Romanos 8:38-39.
A veces pensamos que nuestros errores, nuestras caídas o las temporadas en las que nos alejamos cambian lo que Dios siente por nosotros, como si Su amor subiera y bajara según nuestro comportamiento. Pero este pasaje dice algo distinto: no hay absolutamente nada, ni siquiera lo que tú mismo has hecho, que pueda separarte de ese amor.
Eso no es una excusa para quedarte donde estás. Es la razón por la que puedes moverte hacia adelante sin cargar vergüenza. No tienes que “ganarte” que Dios te siga amando; ya lo hace, hoy, tal como estás. Esa certeza es la que te da la libertad para cambiar, no al revés.