10/08/2026
Salmo 23: El Señor es Mi Pastor
Antes de pedir nada, David confiesa algo: “El Señor es mi pastor” significa “yo soy una oveja”. Y ahí empieza la paz. No tengo que tener todas las respuestas ni cargar con todo. Alguien que me conoce mejor que yo mismo va delante.
Qué fácil es olvidarlo. Corremos, producimos, tratamos de repararnos solos. Y el Pastor, con ternura, nos lleva a las aguas tranquilas que no sabemos buscar. Nos restaura, no porque lo merezcamos, sino por amor de su nombre.
Después viene el valle. David deja de hablar acerca de Dios y empieza a hablarle a él: “tú estarás conmigo”. Así cambia la fe en los días oscuros: deja de ser algo que explicamos y se vuelve una voz que clama. Y fíjate: es un valle que se atraviesa. No es el final del camino.
Dios no quita primero a los enemigos. Pone una mesa en medio de ellos y dice: “Siéntate, come, estás conmigo”. Esa es la paz que no depende de que todo se arregle.
Y al final, algo que me deshace: el bien y la misericordia no me siguen, me persiguen. Aun cuando me desvío, aun cuando fallo, no dejan de correr tras mí. Y el camino no termina en el campo. Termina en casa.
Para meditar:
¿Dónde estoy tratando de ser mi propio pastor?
Oración:
Señor, soy tu oveja y a veces lo olvido. Llévame al descanso, camina conmigo en el valle y recuérdame que tu bondad me persigue. Amén.