09/07/2026
«SECRETO PARA G***R DE JESÚS»
DESAYUNO ESPIRITUAL:
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EVANGELIO DEL LUNES 23º DEL TIEMPO ORDINARIO, 7 DE SEPTIEMBRE 2026-CICLO A-Lc 6, 6-11: «SECRETO PARA G***R DE JESÚS». Como era su costumbre, un sábado Jesús entró en la sinagoga. Él no sólo era el primero en vivir el sábado, sino aprovechaba el sábado para predicar. Para Él el sábado era algo maravilloso, porque tenía algo que hacer. En nosotros ocurre también algo similar. Para nosotros no es el sábado, sino el domingo. Y acudimos a misa.
SECRETO PARA QUE JESÚS REINE EN MI VIDA. ¿Por qué acudimos a misa? ¿Por tradición? Puede ser que ésa sea la razón. Vale la pena que nuestras vidas, a base de ir una y otra vez, vayan cambiando. ¡Qué maravilla! Si una sola misa vale para salvar a toda la humanidad, ¿por qué no vale para algunos de nosotros, si empezó valiendo? Podemos pensar que la primera misa de Jesús tiene valor, pero no las demás. ¿Por qué? ¿La misa es un recuerdo romántico? Sin embargo, cada misa tiene el mismo valor que la que Cristo celebró, cada misa tiene el valor de redimir a toda la humanidad. Pero, ¿por qué todavía no me cambia, igual que no cambia a toda la humanidad? Por la razón por la que los Escribas y Fariseos también no cambian. Los Fariseos están para ver en qué pueden acusar a Jesús. No van para aprender algo de Jesús. Piensen qué difícil sería un matrimonio donde nada más uno está a ver qué defectos ve en el otro. ¡Pues no aprovechan bien su matrimonio! Si nos ponemos a ver los defectos de Jesús, como los Fariseos hicieron, nunca vamos a aprovechar la riqueza que tenemos en el sábado, para nosotros el domingo. Si vamos a misa para ver los defectos del padrecito o de la gente que asiste a misa, pues la misa no nos va llenando. Si una sola comunión que yo recibo en una misa es también capaz de salvar y darme la fuerza, ¿por qué a veces esa comunión que recibo no surte su efecto? Hay un secreto. Cuando nos alimentamos, la comida nos nutre de forma automática, por la maravilla del sistema de digestión. Cuando tú recibes a Papá Dios en la Eucaristía, ahí no hay un mecanismo automático. Tienes que hacer el proceso. Si vas a recibir a Papá Dios ya, desde que vas en la fila, te toca ir tomando conciencia de que vas a recibir a Papá Dios, te preparas con respecto. Cuando ya recibes a Dios, toca tu lengua, toca tu esófago, toca tu estómago. Pero, ¿cómo da el salto de tu estómago a tu alma? El trabajo lo hace el corazón, tu conciencia, tu actuación. Se requiere el proceso de estar con Dios hablando. No sólo hablando, sino casi como estrujando a Dios, para sacar todo el jugo de esa experiencia de la Eucaristía. Éste trabajo es diferente de la digestión y no puedo hacerlo inconscientemente, distraído. Cuando recibo a Papá Dios conscientemente y con todo mi corazón, entonces la comunión me va transformando de tal manera que, como diría San Pablo, "ya no soy yo el que vivo, sino Cristo que vive en mí" (Gál 2, 20). Orar, rezar, entrar en contacto con Dios no produce efectos automáticos. Requiere que no estemos distraídos, como queriendo criticar a Dios.
¿PARA QUÉ SE HIZO EL SÁBADO? Los Fariseos estaban para poner a prueba a Jesús, juzgándolo de todo lo que hacía y decía. Y Jesús trata de decirles: ¡Cuidado con estar distraídos, cuidado con estar criticando, aprovechen bien para qué se hizo el sábado! El sábado se hizo para salvar el alma, para salvar al hombre. Estamos en las manos de Dios y no hay que ser ciegos, y la verdadera realidad se mira con el corazón. Si no usamos el corazón, --y esto es lo que el Evangelio de alguna manera dice a los Fariseos y nos dice--, no andamos buscando el bien de los demás. Sólo buscamos los propios gustos, nuestras propias tendencias, nuestras propias ideas. Hagamos que cada comunión, que cada misa nos enriquezca con la presencia del Señor, como todos los días y cada día más. Les acompaño con mi oración. ¡Bendiciones mías y de Papá Dios! P. Salvador Gómez, L.C.
EVANGELIO DEL LUNES 23º DEL TIEMPO ORDINARIO, 7 DE SEPTIEMBRE 2026-...