09/11/2024
«Nadie es perfecto». Esta es la frase favorita de los ministros llena-sillas de hoy, haciendo impregnando en la mente de los oyentes un evangelio de relatividad moral. «Puesto que nadie es perfecto, todos estamos en el mismo nivel delante de Dios». Como diciendo, lo mismo es un adúltero y homos *exual o una persona que se «porta bien». Aun las personas que se portan bien son imperfectas, por lo tanto, todos entran al cielo, y todos están incluidos en el reino de Dios.
Este tipo de pensamiento inclusivo suena mirífico, pero es una trampa malévola del enemigo. Cristo dijo esto: «Sed, pues, vosotros perfectos, como vuestro Padre que está en los cielos es perfecto» (Mateo 5:48). Jesús ordenó que sus seguidores fuesen perfectos. El contexto de este pasaje —el sermón del monte— implica la demanda de Dios de una perfección moral. Esta es una frase conclusiva respecto a lo que el Señor está exponiendo y ordenando, y debe ser tomada en serio.
De ello antes dice: «si vuestra justicia no fuere mayor que la de los escribas y fariseos, no entraréis en el reino de los cielos» (v. 30). Y aquí Jesús dice claramente que a Él no le importa si crees que la moral es relativa o no, si tú no fueres moralmente mejor que los que no conocen a Dios (incluso hablando de los mejores religiosos), no entrarás en el reino de los cielos. Aquí Él no dice que si tienes o no la teología correcta o si te tratas de justificarte diciendo «nadie es perfecto», Él dice que, si no eres mejor que los que no conocen a Dios, simplemente no entrarás en la gloria.
Luego, más allá, en el mismo discurso, concluye de nuevo: «No todo el que me dice: Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos» (Mateo 7:21). Y ¿cuál es esta voluntad de Dios? Se refiere a todo lo que Jesús viene explicando en el sermón del monte, lo cual es una especie de explicación interna de los diez mandamientos, la ley moral de Dios. Encima de eso, por todos lados hay listas de pecados y de mandamientos morales de Dios, tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento. Por ejemplo: «¿No sabéis que los injustos no heredarán el reino de Dios? No erréis; ni los fornicarios, ni los idólatras, ni los adúlteros, ni los afeminados, ni los que se echan con varones, ni los ladrones, ni los avaros, ni los borrachos, ni los maldicientes, ni los estafadores, heredarán el reino de Dios» (1 Cor. 6:9-10), pero hay otras listas de pecados bien establecidos en el NT.
Por tanto, eso de que “nadie es perfecto”, no solo soba el pecado de la gente, sino que es contrario a lo que ordena Jesús: Él dice: “Sé perfecto”, pero tú le replicas al Señor y dices: “Señor, no se puede, nadie es perfecto”. Jesús dice que ser perfecto significa hacer lo que Él te dice, eso y nada más, que seas mejor que los que no lo conocen, que obedezcas sus mandamientos. Pero tú sigues repitiendo: “Señor, no se puede, nadie es perfecto”, etc.
Hermanos, esta frase es una frase nociva para la predicación del evangelio, y relativiza la vida moral de los oyentes, cosa TOTALMENTE contraria a las Escrituras.
Y no se trata de que los cristianos consideremos que tenemos la perfección absoluta de Dios, sino que, mediante el poder del Espíritu, somos capaces de mantener una vida de pureza y santidad delante del Señor y agradarle, una vida de victoria sobre el pecado.
Por tanto, ti eres un predicador o maestro de la Palabra, decir esta frase puede responsabilizarte de solapar el pecado, y de no animar a los presentes al arrepentimiento. Y si eres un oyente, escuchar que un predicador diga «nadie es perfecto» puede ser una bandera roja que te está diciendo que este hombre o mujer es un profeta/maestro falso que lo único que desea es atraer a las masas con un evangelio de relatividad moral.
Al final, si te tratas de excusar diciendo «nadie es perfecto» te engañas a ti mismo, porque Jesús lo ha dicho muy claro: «No todo el que me dice: Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos, sino el que HACE la voluntad de mi Padre que está en los cielos».