05/23/2020
Regocijándonos en tiempos difíciles
Isaías 54:1-8 y Filipenses 4:4
Nota pastoral:
Antes de que empezara toda esta situación que estamos viviendo por estos días, asistí a una reunión donde recibí una palabra de Dios realmente impactante. Medité mucho en ella porque quería estar seguro que era una palabra que no venía solamente de una emoción de alguien más, y El Señor me confirmó días después esa misma voz.
Pero de manera paradójica, se nos vino la crisis y tuvimos que dejar de congregarnos y empezamos a vivir en otras condiciones muy distintas. Y de nuevo vino a mí el pensamiento: ¿no era verdad entonces esa palabra? ¿Falló El Señor?
No. Él no ha fallado ni nunca lo hará. Lo que sucede es que aunque tengamos que esperar, Dios quiere que nos regocijemos aun antes de ver la palabra cumplida, porque nuestra fe nos permite esperar con certeza lo que Él nos ha dicho.
En este pasaje de Isaías El Señor da un mandato. Ni siquiera es una recomendación o una profecía, sino un mandato: ¿Cuál es ese mandato? ¡Regocíjate!
Pero ¿A quién le está diciendo que se regocije? ¿A la mujer que tiene muchos hijos y ya está jugando con ellos en su regazo? ¿A la mujer que ya ha fructificado tanto que ya puede contar con tanta descendencia? No. El Señor le da la orden de regocijarse a la estéril, a la que tiene el vientre seco, a la que muchos consideran como maldita porque no puede engendrar, a la que ningún marido quiere porque no le puede dar descendencia.
A esa mujer despreciada y desamparada se le da una orden desde los cielos: regocíjate.
¿De dónde le puede venir el regocijo a una mujer así?
El regocijo no es por lo que ve, sino por lo que verá. El regocijo no es por lo que tiene, sino por lo que tendrá. El regocijo no es por su vientre seco, sino porque de ese mismo vientre que no podía engendrar, ahora vendrá una multiplicación que la obligará a extender su tienda para prepararse para la multiplicación que llegará.
Por lo tanto, es tiempo de regocijarnos, El Señor promete vida aun en medio de los tiempos más secos y estériles, Él es el Dios de los imposibles. ¡Regocíjate!
Bendiciones:
Pastor Harold