02/03/2026
Mientras gran parte del mundo guarda silencio, Nigeria está viviendo una verdadera batalla espiritual. Bajo lo que muchos describen como un “exterminio disfrazado de desorden”, la Iglesia nigeriana permanece firme frente a una violencia constante y despiadada. Informes correspondientes a 2025 revelan una cifra estremecedora: cada día, en promedio, 32 cristianos pierden la vida por causa de su fe.
Desde el año 2015, la persecución ha seguido un patrón frío y calculado. Grupos extremistas islámicos han reducido a cenizas más de 18 mil iglesias y han destruido alrededor de 2.200 escuelas cristianas. Aun así, no han logrado apagar aquello que realmente buscan destruir. La fe sigue viva. En los mismos terrenos donde hubo fuego, muerte y lágrimas, los creyentes continúan congregándose. No huyen. Adoran entre escombros.
Esta no es simplemente una narrativa de sufrimiento, sino un testimonio poderoso de una fe que se niega a morir. Es la historia de hombres, mujeres y niños que proclaman con sus vidas que Jesús vale más que todo, incluso cuando confesar Su nombre significa enfrentarse a la muerte. Su único “delito” ha sido reconocer a Cristo como Señor.
Hoy, Nigeria concentra cerca del 80% de los cristianos asesinados por su fe en todo el mundo. Ante esta realidad, la Iglesia global no puede permanecer indiferente. Somos un solo cuerpo, y cuando una parte sufre, todos estamos llamados a sentir ese dolor y responder.
En las regiones más golpeadas del norte del país y en el Cinturón Medio, donde la oscuridad parece imponerse, la luz de Cristo sigue brillando a través del valor de quienes se rehúsan a soltar su esperanza. Ha llegado el momento de levantar la voz por ellos, de recordar sus nombres y de cumplir el llamado bíblico: orar sin cesar.