06/02/2026
El mensaje para el próximo domingo es:
CASI CRISTIANO
Hechos 26:24-29 y 1 Reyes 18: 21
Nota pastoral:
Hoy vamos a hablar de algo que rara vez se predica con honestidad, precisamente porque nos toca a todos de maneras que preferiríamos no examinar demasiado de cerca. Vamos a hablar del "casi cristiano." No del ateo declarado. No del que rechaza abiertamente a Cristo. Sino del que está cerca. Del que sabe suficiente. Del que lleva años en la iglesia, conoce los versículos, llora en los altares, y sin embargo, mantiene reservada alguna área de su vida donde Cristo es bienvenido como visitante ocasional, pero no reconocido como Señor.
Esta semana estuve meditando en la respuesta del rey Agripa cuando Pablo le predicó con cadenas en las muñecas, pero con libertad en el corazón. Agripa escuchó todo. Conocía las Escrituras. Entendía el argumento. Y su respuesta fue esta frase que ha resonado a través de veinte siglos: Por poco me persuades a ser cristiano. Por poco. Casi. A un paso. Y ese paso nunca lo dio.
Y luego fui al profeta Elías en el monte Carmelo, confrontando a un pueblo que llevaba años haciendo exactamente lo mismo que Agripa: sabiendo suficiente para no poder ignorar la verdad, pero sin haber tomado la decisión que esa verdad demandaba. Y Elías les hizo la pregunta más simple y devastadora que alguien puede hacer: "¿Hasta cuándo claudicaréis entre dos pensamientos? Si Jehová es Dios, seguidle; y si Baal, id en pos de él." Y el pueblo no respondió palabra. Silencio. Porque responder requería elegir. Y elegir requería comprometerse. Y comprometerse significaba dejar la cómoda ambigüedad del casi.
El "casi" es la posición más peligrosa en que un ser humano puede encontrarse espiritualmente. No porque Dios esté enojado con los que están cerca. Sino porque el "casi" tiene una capacidad extraordinaria de sentirse suficiente indefinidamente. Tiene temperatura cómoda que no produce urgencia. Tiene suficiente religión para callar la conciencia, pero no suficiente transformación para cambiar la vida. Y puede durar décadas. Puede durar toda una vida. Y al final de esa vida, el "casi" no cuenta.
Jesús fue más duro con los tibios que con los fríos. Al tibio le dijo: "Te vomitaré de mi boca." Al frío al menos le dijo la verdad de su condición. Al tibio le dijo que su temperatura era la más peligrosa de todas, precisamente porque se siente aceptable.
Pero quiero que sepas también esto: este mensaje no es de condenación. Es de invitación. La misma invitación que Pablo le estaba haciendo a Agripa en esa sala llena de poder político, con cadenas en las muñecas y una paz que ningún palacio puede comprar. Pablo no le estaba diciendo a Agripa que era malo. Le estaba diciendo que había algo disponible para él que lo que tenía no podía darle. Que del otro lado del compromiso completo había una libertad que las circunstancias no pueden quitar, una paz que las cadenas no pueden contener, un gozo que no depende de si el mundo te aplaude o te persigue.
Agripa salió de esa audiencia siendo rey. Pablo salió siendo prisionero. Pero uno de los dos salía libre. Y tú sabes quién fue.
Bendiciones:
Pastor Harold