08/09/2026
Jesús Jimenez
En este icono, debajo de la figura de la Santísima Virgen, se observa a un ángel cercenando las manos de un hombre. Esta representación se basa en el texto apócrifo conocido como Transitus Mariae, el cual, según Juan Pablo II, es: un testimonio de la fe en la Asunción de la Virgen, cuyo núcleo originario se remonta a los siglos II-III. Los apócrifos son representaciones populares, a veces noveladas, pero que, en este caso, reflejan una intuición de fe del pueblo de Dios.
Un fragmento de este relato nos narra lo siguiente:
«El viernes por la mañana, el Espíritu Santo ordenó a los discípulos: "Id, tomad a María, la Virgen sin mancha, y llevadla a Jerusalén; entrad por el camino que conduce al valle de Getsemaní. Hay allí tres cavernas que comunican entre sí y un paraje arenoso al oriente. Poned allí a la bienaventurada María y orad junto a ella hasta que Yo os hable".
Los discípulos cumplieron el mandato. Mientras transportaban a María en una litera, los judíos, al verlos, se reunieron y ordenaron a uno de ellos, llamado Jafía —quien era un hombre timido—:
"Vete con ellos, y cuando estén junto al valle, empuja la litera para que caiga al fondo. Nosotros te seguiremos con leña y con fuego, y la quemaremos en el valle, esos fabricantes de prodigios no podrán vanagloriarse de que están encima de los habitantes de Jerusalén."
Jafía obedeció y se unió a los discípulos. Al llegar al valle, extendió la mano para agarrar la litera, pero un ángel lo hirió con una espada de hierro, cortándole las manos, que quedaron pegadas a la estructura. Jafía comenzó a implorar y a llorar, con el rostro contra el suelo, clamando:
"¡Tened piedad de mí, oh discípulos del Cristo Redentor!".
Ellos se compadecieron y le dijeron:
"Implora a la Virgen María, a quien has querido precipitar al valle".
Él comenzó a gritar:
"¡Oh soberana Madre de salud, ten piedad de mí!".
Entonces, Ella dijo a Pedro: "Devuélvele sus manos". Pedro las tomó y las colocó en su sitio, diciendo:
"En nombre de Jesús el Nazareno, y a súplica de su Madre, queden estas manos en su lugar sin dolor".
Al instante, fueron restablecidas perfectamente.
Después, Pedro le entregó una vara seca diciendo:
"Vete y anuncia a todos los judíos, con esta vara, el poder de Dios; enséñales cuánta es su debilidad e ignorancia frente a la sabiduría divina. Diles lo que Dios ha hecho por ti, para que quienes te oigan sepan que nuestra doctrina no es humana, sino que viene del Cielo, y así renuncien a los malos pensamientos y al error que los hará perecer. No podrán cumplir lo que han maquinado contra la bienaventurada María ni contra los discípulos de Cristo".
Jafía, habiendo creído y orado, regresó ante los judíos y golpeó la puerta de la ciudad con la vara, la cual, ante el asombro de todos, floreció. Jafía alabó a Dios y proclamó:
"Esta vara es superior a la de Aarón". Los judíos le preguntaron: "¿Qué haces, insensato? ¿Por qué has tardado tanto y qué te han hecho los discípulos del Crucificado?".
Había allí un ciego; Jafía se acercó a él, le tocó los ojos con la vara y dijo: "Ábranse tus ojos en nombre de Dios, aquel que fue puesto en la cruz". El ciego recobró la vista y los presentes alabaron a Dios. Cada vez que Jafía acercaba su vara a un enfermo, este era curado. Los judíos quedaron atónitos y muchos creyeron, diciendo: "En verdad, esta es una virtud del Cielo, y estos hechos prueban el poder de Dios".
Los sacerdotes, por su parte, quedaron llenos de confusión y cólera».