08/24/2026
Fray Luis Sasanda, presbítero franciscano, nació de una familia cristiana japonesa; tuvo su crianza en el convento de Nagasaki, donde aprendió a leer, a escribir y además aprendió la gramática con mucha aplicación.
Años después, acompañó a Fr. Luis Sotelo, Comisario de los franciscanos en Japón, a un viaje a Europa y posteriormente a la Nueva España en donde fue admitido como franciscano en la Provincia de san Pedro y san Pablo de Michoacán, haciendo su noviciado en el convento de San Buenaventura de Valladolid (Morelia) "con tanto fervor y espíritu que era ejemplo de todos los religiosos"; ahí tomó el nombre de Fr. Luis de San Francisco. Aquí hizo también su profesión religiosa y permaneció en la Provincia de Michoacán hasta 1617. Partió rumbo a Manila, Filipinas en 1622, en donde fue ordenado sacerdote. Ese mismo año se embarcó junto con el Beato Luis Sotelo, en una nave japonesa que se dirigía a Nagasaki (Japón). En esta travesía él y otros cristianos fueron denunciados y entregados. Después de dos años de encarcelamiento, en Omura y, del sufrimiento causado por lo estrecho del espacio y la exposición a la intemperie, como por la escasez y mala calidad de la comida y las pésimas condiciones higiénicas.
Fue martirizado en Ximbara (Japón), el 25 de agosto de 1624, quemado vivo, a fuego lento, junto con Luis Sotelo también sacerdote franciscano, Luis Baba de la Orden Franciscana Seglar, Miguel Carvalho, sacerdote Jesuita y el dominico Pedro Vázquez. Los cinco mártires corrieron la misma suerte.
Luis Sasanda fue sometido varias veces a fuertes presiones
para que renunciase a la fe, pero a pesar de las lisonjeras promesas, permaneció firme en la fidelidad a Cristo, hasta su martirio definitivo.
El 24 de agosto de 1624 le fue comunicada la condena a muerte a fuego lento. La mañana siguiente, con una soga atada al cuello fue trasladado en una barca que lo llevó a Focó, cerca de Scimbara; allí fue atado al poste con lazos flojos de modo que si se arrepentía pudiera soltarse. El fuego ardió muy lentamente aumentando el dolor físico del mártir, de cuya boca salían invocaciones y oraciones. Sus cenizas fueron dispersadas en el mar.
Cabe destacar que también, el 5 de febrero de 1597, su padre, Miguel había mu**to mártir junto a Pedro Bautista, Pablo Miki y otros mártires más.
Junto con sus cuatro compañeros, Luis fue beatificado el 7 de julio de 1867 por el Papa Pio IX. En la misma celebración el Papa beatificó a un total de 205 mártires de la persecución religiosa de Japón.