10/02/2022
"Ser felices y para siempre" no son ideas imaginarias de los cuentos de hadas. El gozo verdadero y duradero y la eternidad con aquellos a quienes amamos son la pura esencia del plan de felicidad de Dios.
La senda que Dios ha preparado con amor puede hacer que nuestra travesía eterna sea feliz y para siempre.
Ser vivificados en Cristo incluye una vida eterna abundante y llena de gozo con Dios y con aquellos a quienes amamos.
De manera extraordinaria, el profeta del Señor nos va acercando más a nuestro Salvador, incluso al poner los templos más cerca de nosotros.
Jesucristo une a las familias, sanando incluso el conflicto que ha durado por generaciones.
La expiación de Jesucristo puede traer paz a nuestro pasado y esperanza a nuestro futuro.
Nuestros antepasados y aquellos que nos han dejado esperan con ilusión que se lleve a cabo la obra por ellos.
El templo es un lugar de sanación, aprendizaje y reconocimiento de la expiación de Jesucristo.
Una rama torcida no hace que un árbol sea malo. El modo en que llegamos a este mundo es menos importante que quiénes somos cuando nos vamos.
Jesucristo, por medio de Su expiación, promete unir nuestro espíritu y nuestro cuerpo para nunca más ser separados, a fin de recibir una plenitud de gozo.
Nuestro gozo es completo a medida que sentimos la gracia de Jesucristo y Su perdón.
La misericordia que recibimos y la que ofrecemos pueden ayudar a hacer que las injusticias de la vida sean justas.
Dios nos conoce perfectamente. Dios no puede ser burlado, ni se le puede engañar.
Con misericordia y justicia perfectas, Él envuelve entre Sus brazos de seguridad al humilde y al que se arrepiente.
El Señor nos juzgará según nuestras obras, según el deseo de nuestros corazones.
Los vivos y los mu***os que se arrepientan serán redimidos, mediante su obediencia a las ordenanzas de la casa de Dios.
En el mundo de los espíritus, aun quienes han pecado y transgredido tienen la oportunidad de arrepentirse.
No podemos pecar a sabiendas el sábado y luego esperar un perdón automático por participar de la Santa Cena el domingo.
Ninguno de nosotros debe posponer el arrepentimiento.
Las bendiciones del arrepentimiento comienzan en el momento en que comenzamos a arrepentirnos.
El Señor nos da la oportunidad divina de llegar a ser más como Él.
El arrepentimiento y el perdón nos invita a ofrecer a los demás lo que nosotros mismos necesitamos.
Con la ayuda de nuestro Salvador, podemos entregarle a Dios nuestro orgullo, nuestras heridas y nuestros pecados para que nos sane.
El Señor, que ve y entiende perfectamente, perdona a quien es Su voluntad; nosotros, que somos imperfectos, debemos perdonar a todos.
A medida que venimos a nuestro Salvador, nos centramos menos en nosotros mismos. Juzgamos menos y perdonamos más.
Los mil años del Milenio que Satanás será atado pueden darnos el tiempo necesario y maneras sorprendentes de amar, entender y hacer que las cosas funcionen mientras nos preparamos para la eternidad.
La obra y la gloria de Dios incluyen que seamos felices y para siempre.
La vida eterna y la exaltación son conocer a Dios y a Jesucristo y así, por medio del poder divino, donde Ellos están, nosotros estaremos.
Dios nuestro Padre Celestial y Su Hijo Amado viven. Ellos ofrecen paz, gozo y sanación.