06/10/2026
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Mi querido hermano, las riquezas y la libertad inescrutable de Dios solo pueden ser alcanzadas estando unidos a Cristo. Es nuestra unión con Cristo la que nos hace aceptos por el Padre, nos hace uno en amor con nuestros hermanos en la fe, nos une a los santos del pasado y nos hace herederos de las promesas del pacto soberano y eterno de redención. Todo por la fe, sin obras.
Nuestra unión con Cristo hace posible que el Espíritu obre en nosotros guiándonos a la obediencia de la ley, no como una obligación legal, fría, impersonal u opresiva sino por el poder de un corazón regenerado y como respuesta al amor de Dios en Cristo que inunda nuestro ser.
Nuestra unión con Cristo es la vida misma de nuestro cristianismo. Ninguna otra unión da vida ni produce fruto espiritual. Si no estas unido a Cristo tu unión es con Adán y con el pecado, la culpa, la condenación, la muerte, y la maldición que él nos hereda. Desde que naciste, naciste unido a Adán; por eso necesitas nacer de nuevo en Cristo porque este nuevo nacimiento te separa del pecado de Adán y te une a la justicia de Cristo.
Hermano, si no estas unido a Cristo no importa cuánto sepas, sirvas, ores, o te esfuerces, tu vida será espiritualmente estéril y tus inclinaciones dominantes seguirán siendo carnales y mundanas porque la vida cristiana no se trata de sentir, de querer o de esforzarse sino de ser uno con Cristo.
Si no estas unido a Cristo estás perdido, porque la unión a una iglesia, a una teología, a una denominación o a un ministerio sin la unión con Cristo son un esfuerzo inservible para el alma y para la verdadera comunión con Dios.
La meta suprema del Padre para nuestras vidas no es solo salvarnos del pecado y del in****no sino unirnos a Su Hijo, porque unidos al Hijo somos unidos al Padre por la eternidad. Este propósito del Padre de unirnos a Él fue la oración de Cristo:
"Mas no ruego solamente por éstos, sino también por los que han de creer en mí por la palabra de ellos, para que todos sean uno; como tú, oh Padre, en mí, y yo en ti, que también ellos sean uno en nosotros; para que el mundo crea que tú me enviaste. La gloria que me diste, yo les he dado, para que sean uno, así como nosotros somos uno. Yo en ellos, y tú en mí, para que sean perfectos en unidad" (Juan 17.20-23).