05/11/2026
Galatas 6:8 y dice: “el que siembra para su carne, de la carne segará corrupción”, está hablando de una ley espiritual inevitable. Así como en la naturaleza nadie siembra maíz y espera cosechar trigo, en la vida tampoco podemos alimentar actitudes destructivas y esperar paz, plenitud o cercanía con Dios. La carne representa esa parte humana inclinada al egoísmo, al pecado y a los deseos desordenados. Cada vez que alguien alimenta el orgullo, la mentira, la inmoralidad o la doble vida, está sembrando algo que tarde o temprano dará fruto.
Muchas veces las consecuencias no llegan de inmediato. Por eso algunas personas creen que pueden vivir alejadas de Dios sin problema. Pero las semillas toman tiempo. Primero se esconden bajo la tierra, luego crecen silenciosamente, y finalmente producen fruto. De la misma manera, un pecado tolerado hoy puede convertirse mañana en esclavitud, vacío o destrucción emocional y espiritual.