06/30/2025
Probablemente estaba oscuro. Y húmedo. Y hacía frío. Era evidente que estaban confundidos y frustrados. Probablemente se preguntaban: ¿Qué hace Jesús? ¿Dónde está?.
Jesús les había dicho a sus doce discípulos que lo siguieran a una barca. No estamos seguros de adónde iban ni qué hacían, pero sí sabemos que en algún punto del camino se desató una tormenta. No una simple tormenta, sino una tempestad con olas enormes. Los discípulos hicieron todo lo posible por controlar la situación, pero nada funcionaba.
Y durante todo este tiempo, parecía que Jesús no hacía nada. No ataba las velas, ni remaba, ni achicaba el agua. Entonces, ¿dónde estaba?
Dormido.
¿Acaso no sentía las olas? ¿No percibía el pánico? ¿No sabría que su pequeño grupo de seguidores estaría abrumado y necesitaría ayuda? Si era así, ¿por qué los dejaría solos?
Quizás porque confiaba más en su Padre que en el mundo que lo rodeaba. Quizás su falta de preocupación no fue una indiferencia, sino una invitación.
Cuando los discípulos se preguntaban dónde estaba Jesús, quizás estaba esperando a que se unieran a él.
A menudo hablamos de hacer lo que haría Jesús; así que, cuando los discípulos estaban aterrorizados en la barca, ¿dónde deberían haber estado? Dormidos junto a Jesús.
Cuando las tormentas llegan a nuestras vidas, podemos elegir temer e intentar solucionarlo por nuestra cuenta, o podemos seguir el ejemplo de Jesús y elegir la fe en lugar del miedo. ¿Cómo pondrás más fe en Jesús esta semana?