05/28/2026
Los sentimientos se incrementan rápidamente.
Un minuto estás bien, al siguiente tu mente está en espiral a las 2 de la mañada: "Esto no va a funcionar. Estás atascado". "Nada cambiará". Comenzamos a estar de acuerdo porque se sienten reales. Pero los sentimientos son reales, simplemente no están a cargo. Son información, no autoridad.
Pablo le rogó a Dios que quitara su espina. Dios dijo: "Mi gracia es todo lo que necesitas. Mi poder funciona mejor en la debilidad" (2 Corintios 12:9, NLT).
Pablo tenía una opción: dejar que la lucha contara la historia, o entregarle a Dios el micrófono. Él eligió el intercambio. Él no negó la debilidad. Se negó a dejar que lo definiera. Eso lo cambia todo, desde "Esto nunca cambiará" hasta "Dios está haciendo algo aquí". Tus sentimientos son fuertes, pero no tienen la última palabra. ¡Dios lo hace! Así que cuando el miedo intente terminar la oración, detente y entrégale al Señor el bolígrafo y dile: “Señor, tú cuentas esta historia".
Verdad: Un sentimiento no es una sentencia de cadena perpetua. Es una invitación a dejar que Dios narre la historia.