08/13/2026
Hay golpes en la vida que no solamente nos hacen llorar; también cambian nuestra manera de mirar el mañana.
Noemí sabía lo que era perder. Primero murió su esposo. Después murieron sus dos hijos. En pocos años, aquella mujer quedó frente a una realidad que jamás había imaginado para su vida. (Rut 1:3-5)
Y cuando leo su historia, hay algo que me llama mucho la atención: la Biblia no intenta disimular su dolor.
Noemí estaba herida. Más adelante en la historia de la Biblia, incluso llega a decir que había salido llena y regresaba vacía. Su dolor había llegado a tocar hasta la manera en que veía su propia historia.
Quizás alguna mujer que está leyendo esto entiende perfectamente a Noemí.
Tal vez no perdiste a un esposo ni a un hijo, pero perdiste algo que amabas profundamente: una relación, un hogar, una oportunidad, un sueño, una etapa de tu vida o simplemente aquella mujer que antes se levantaba con ilusión y ahora tiene que esforzarse para seguir adelante.
Y quiero recordarte algo importante: sentir dolor no significa que hayas dejado de tener fe.
Dios no te pide que sonrías para demostrarle que confías en Él. Tampoco se aleja porque tengas preguntas, porque llores o porque todavía no entiendas lo que pasó.
La Palabra dice: “Cercano está Jehová a los quebrantados de corazón.” (Salmo 34:18)
Mujer virtuosa, puedes acercarte a Dios tal como estás. No tienes que esconder las heridas para entrar en Su presencia. 🧎🏽♀️➡️
La historia de Noemí comienza con pérdidas, pero no termina allí.
Y quizás esa sea la palabra que necesitas hoy: lo que perdiste forma parte de tu historia, pero todavía no has llegado al último capítulo que Dios escribirá contigo.
🌸 Dios no se aleja de ti cuando el dolor cambia tu manera de ver la vida.