06/09/2026
Vivimos en un mundo que muchas veces nos invita a escondernos: a ocultar nuestras heridas, nuestras preguntas, nuestra historia o incluso aquello que nos hace únicos. Sin embargo, Jesús no nos llama a vivir en las sombras. Nos recuerda que cada persona tiene una luz que ofrecer.
La luz de Dios no pertenece a unos cuantos ni está reservada para quienes parecen perfectos. Brilla en cada vida creada con amor, en cada gesto de compasión, en cada palabra de esperanza y en cada persona que se atreve a vivir con autenticidad.
Cuando compartimos amor, dignidad y bondad, nuestra luz ayuda a otras personas a encontrar el camino.