03/19/2026
Una de las madres más notables en la historia del cristianismo fue Susanna Wesley, madre de John y Charles Wesley, dos hombres que más tarde influirían en millones de personas para Cristo. Sin embargo, detrás de ese legado había una vida marcada por grandes dificultades.
Susanna estuvo casada con un predicador, Samuel Wesley, pero su hogar estuvo lleno de problemas económicos, deudas y constantes pruebas. Tuvieron 19 hijos, pero solo 10 sobrevivieron. En muchas ocasiones ella tuvo que criar a sus hijos prácticamente sola. La pobreza era tan grande que a veces no tenían suficiente comida, y su esposo incluso llegó a ser encarcelado por deudas. Además, su casa se incendió dos veces, perdiendo todo lo que tenían.
A pesar de todo, Susanna tomó una decisión a dedicar tiempo cada día a la oración. Pero en una casa llena de niños era casi imposible encontrar silencio. Entonces encontró una solución sencilla. Cuando necesitaba orar, se cubría la cabeza con su delantal. Sus hijos sabían que cuando veían a su madre así, significaba que estaba hablando con Dios y no debían interrumpirla.
Debajo de aquel delantal, Susanna oraba por sus hijos y buscaba la dirección del Señor en medio de todas sus pruebas.
El fruto de esa vida de oración fue extraordinario.
John Wesley llegó a predicar el evangelio a multitudes enormes y fue uno de los líderes del gran avivamiento metodista. Charles Wesley escribió más de 9,000 himnos, muchos de los cuales todavía se cantan hoy.
La historia de Susanna Wesley nos enseña que, aun en medio de las pruebas y las cargas de la vida, siempre podemos refugiarnos en la oración y buscar a Dios. Detrás del enorme impacto que tuvieron sus hijos en el mundo, había una madre que en medio de la pobreza, las pérdidas y el dolor, aprendió a encontrarse con el Señor cubriendo su cabeza con un sencillo delantal.