11/18/2017
Hace un casi dos meses atrás, nuestra isla de Puerto Rico fue devastada por un huracán categoría cinco, llamado María.
A las dos semanas, fui para Puerto Rico sin saber qué iba a encontrar, a qué me iba a enfrentar.
Me fui con unas donaciones para ayudar a mi isla a levantarse y a buscar al necesitado.
Y así fue.
Dios nos fue guiando a cada hogar, cada familia, cada pueblo, cada comunidad, lugares donde nadie había llegado aún y fuimos llenos de esperanza y de amor y con comida en nuestras manos.
Cuando me bajé del avión, no sabía lo que me iba a esperar.
Para mi sorpresa, fue muy triste ver una isla tan viva y llena de alegría, verla tan sola, desolada, triste.
Eso rompió mi corazón, pero como dije anteriormente, fuimos con un propósito y pudimos llegar a familias que estaban con los corazones rotos.
Personas que nos van a ayudar y han ayudado, que Dios los bendiga y les doy gracias de antemano.
Gracias, gracias por tan lindos corazones, querer ayudarnos a bendecir a otros. Pudimos abrazar al necesitado, ellos lloraron en nuestros hombros, pudimos orar por ellos y darles palabras de aliento y fue una gran experiencia.
Yo fielmente creo que con su ayuda podemos levantar a Puerto Rico un día a la vez, así que les pedimos una vez más que den, que donen, que nos ayuden a ser un instrumento de Dios y regresar a Puerto Rico.
Ya hasta el momento hemos hecho dos viajes, se han visitado 23 municipios y mas de 5,000 familias. Tenemos decenas de testimonios de lo que Dios ha hecho y queremos hacer mucho mas.
Su restauración tomará tiempo, pero sí creo en un Dios que va a restaurar ese país, esa isla tan linda atraves de ustedes y nosotros.
PUERTO RICO SUGUE DE PIE.