Iglesia del Señor Jesucristo en las Américas

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09/09/2026
REVISTA INTERNACIONAL MARANATHA Vol. 39.                No.18.           Julio/ 2026Pastor Efraím Valverde III Templo Fi...
09/08/2026

REVISTA INTERNACIONAL MARANATHA
Vol. 39. No.18. Julio/ 2026

Pastor Efraím Valverde III
Templo Filadelfia
Salinas, California

EL ACEBUCHE Y LA OLIVA NATURAL

Por: Pastor Efraím Valverde, Sr.

Amados hermanos, los saludo una
vez más en el Nombre del Señor,
y deseo que la bendición, paz y
Gracia de nuestro Señor Jesucristo sea
en cada corazón.

Quiero invitarles para que ocupemos
nuestra atención en una porción de la
Palabra del Señor que no es nada
desconocida, en cambio, se trata de algo
tan real que es necesario traerlo a nuestra
memoria, porque tiene que ver con el
tiempo presente y con nuestra misma
salvación (con la esperanza que hay en
nosotros).

Este Texto lo encontramos en la carta a
los Romanos: “Mira, pues, la bondad y la
severidad de Dios: la severidad ciertamente
en los que cayeron; mas la bondad para
contigo, si permanecieres en la bondad;
pues de otra manera tú también serás
cortado. Y aun ellos, si no permanecieren en
incredulidad, serán ingeridos; que poderoso
es Dios para volverlos a ingerir. Porque si
tú eres cortado del natural ACEBUCHE, y
contra natura fuiste ingerido en LA
BUENA OLIVA, ¿cuánto más éstos, que
son las ramas naturales, serán ingeridos en
su oliva? Porque no quiero, hermanos, que
ignoréis este misterio, para que no seáis
acerca de vosotros mismos arrogantes: que
el endurecimiento en parte ha acontecido en
Israel, hasta que haya entrado la plenitud
de los Gentiles; y luego todo Israel será
salvo; como está escrito: Vendrá de Sión el
Libertador, que quitará de Jacob la
impiedad; y este es mi pacto con ellos,
cuando quitare sus pecados”
(Rom. 11:22-27).

Mencioné ya que “este misterio” (Rom.
11:25) es algo muy importante, tanto
que tiene que ver con la vida o con la
muerte. Es algo que por la voluntad de
Dios está mancomunado con el mensaje
del Evangelio y con la salvación de las
naciones gentiles que no puede hacerse a
un lado, no puede desprenderse, y cuando
se ha tratado de ignorar “este misterio”
(Rom. 11:25) en el transcurso de los
siglos que la Iglesia tiene sobre la faz de
la Tierra, le ha traído ruina, porque el
ignorarlo tiene una consecuencia lógica,
que es la que el apóstol Pablo aquí nos
declara: la arrogancia.

Antes de entrar en detalle, solamente
quiero anticiparme para llamar la
atención en algo que consta a mis
hermanos que están leyendo, y es que, si
alguna cosa abunda en el llamado
cristianismo del tiempo presente, es
precisamente la arrogancia, y también
mucha ignorancia. Y digo esto con dolor,
porque no quisiera que fuera verdad,
pero es cierto. Y esto, refiriéndome no al
mundo incrédulo impío que no busca el
rostro del Señor, que no conoce nada de
Dios, no me refiero a aquellos que
niegan a Dios o que han sido enseñados
que Dios no existe, porque si ellos actúan
así no es algo extraño. En cambio, a
quien sí me estoy refiriendo es al mundo
llamado “cristiano” en el que hay una
arrogancia terrible, y ni modo que me
digan que no es cierto.

Lo que vamos a tratar es de suprema
importancia, pues no tendría caso
predicar, anticipar, señalar ni estar
ocupados en un peligro que no existe, o
que sencillamente fuera algo de menos
importancia, pero “este misterio” (Rom.
11:25) es de importancia capital porque
tiene que ver con la salvación o con la
condenación.

La arrogancia, que es hermana de la
soberbia y de todos los frutos contrarios
al Espíritu que son abominables ante el
Señor, vienen por consecuencia de
ignorar “este misterio” (Rom. 11:25) de la
relación de la Iglesia con el pueblo de
Israel (que ahora es más conocido en las
mentes de muchos como el pueblo
Judío), ese pueblo que Dios llamó y
escogió hace ya cerca de 4,000 años
(pues incluso, aproximadamente 2,000
años antes de que la Iglesia naciera, el
Señor ya había escogido a Israel) para
traer, por medio de ese pueblo (usarlos
como un conducto, como un canal, como
una tubería, como una acequia), la
bendición al mundo, empezando con el
Libro Santo.

En esta ocasión, estoy escribiendo de una
forma en que quiero que mi hermano y
mi amigo que está leyendo esto, considere
esta instrucción: qué tan importante es la
relación de la Iglesia con el pueblo Judío,
ese pueblo que Dios escogió para traer la
salvación y la bendición a las naciones.
Pues el mismo Señor lo dijo, hablando
con la mujer samaritana: “Vosotros adoráis
lo que no sabéis; nosotros adoramos lo que
sabemos: porque la salud (salvación) viene
de los Judíos” ( Jn. 4:22).

El apóstol Pablo le escribe a la Iglesia en
Roma y, entendiendo que desde entonces
ya empezaba a operar ese desvío de tener
en poco a la raza por la cual, vuelvo a
repetirlo, ha venido la salvación a las
naciones de la tierra, les reafirma: “Que
son ISRAELITAS, de los cuales ES la
adopción, y la gloria, y el pacto, y la data de
la ley, y el culto, y las promesas; cuyos son los
padres, y de los cuales es Cristo según la
carne, el cual es Dios sobre todas las cosas,
bendito por los siglos. Amén”
(Rom. 9:4-5).

Quiero enfatizar aquí algo de suprema
importancia en el Texto citado, referente
a la Humanidad del Señor Jesús y al
pueblo Judío. Pues el Señor Jesús, en Su
condición (aspecto) de Humanidad, fue
Judío, aunque declara enseguida que en
Su Divinidad es Dios sobre todas las
cosas. No es el tema de la Divinidad en
esta ocasión el que estoy tratando, pero sí
estoy citando sobre esta parte (aspecto)
de Humanidad del Señor, que incluso a
mí mismo me disgustó oír en mis
principios cuando el predicador dijo que
Cristo Jesús el Señor era Judío. La razón
de mi disgusto al escuchar lo citado fue
porque estaba obrando en mí el mismo
espíritu citado que obra en la humanidad,
operado por el engaño y el trabajo del
“dios de este siglo” (2 Cor. 4:4),
Satanás.

Quiero citar en breve y declarar la verdad
de que Satanás es el anticristo. El
anticristo no es un hombre, como lo han
enseñado algunos, y que “va a venir”. No,
el anticristo es uno que “se hace parecer
Dios”, y es al único al que la Biblia llama
“dios” fuera del Dios Eterno, él es “el dios
de este siglo” (2 Cor. 4:4), que es Satanás,
y él es el anticristo. Y se presenta por
medio de la “religión” usando aún la
misma Biblia, usando el mismo Nombre
del Señor para trastornar.

Ya he explicado esto en otras ocasiones y
lo vuelvo a repetir de paso, por medio
muy especialmente de la “religión
organizada”, de las organizaciones
religiosas en donde el hombre ha tomado
control de las mentes, provocando y
haciendo que se odien unos a otros en
“nombre de la Iglesia”, en “nombre de la
Biblia”, en “nombre de la religión
cristiana”, en “Nombre del mismo Cristo”
se odian y se aborrecen. Si hay alguna
cosa en el llamado cristianismo citado es
soberbia, y la prueba de ello es el
aborrecimiento que existe de los
cristianos unos para otros.

Mas retomando nuestro Texto inicial, el
apóstol Pablo escribió hace 19 siglos a la
iglesia en Roma, mirando que había en
ellos aquella desviación y aquella
tendencia a despreciar y aborrecer a la
raza por la cual, lo digo otra vez, ha
venido la salud espiritual a las naciones
de la Tierra. Es en el pueblo Judío, en
esta raza, donde se han estado cumpliendo
tremendas profecías (dos de las más
portentosas fueron el regreso a su tierra
en 1948, y el regreso de Jerusalem a sus
manos en 1967), y lo que falta por
cumplirse, lo mayor, tendrá su
cumplimiento en esa raza y en esa tierra.
Pues recordemos que ahí está el centro
de la Tierra, porque Dios así lo quiso
poner, y hay una ciudad en el mundo que
Dios la ha llamado Su ciudad, Jerusalem
(Mt. 5:35).

A Jerusalem no la ha hecho famosa la
humanidad ni ningún hombre, sino que
es Dios quien la ha distinguido y la ha
señalado como la ciudad clave sobre la
cual se están cumpliendo hoy en este día
tremendas profecías (no alcanzarían las
páginas de esta revista para entrar en
detalle, pero con gusto estamos dispuestos
y a la orden de quien pidiere razón para
explicar sobre ello). La ciudad de
Jerusalem está en tal forma ceñida con el
pueblo Judío que no se pueden
desprender, como ya hemos visto a través
de los anales transcurridos.

Y así como empezó el desvío de
arrogancia a causa de ignorar o tener en
poco al pueblo Judío cuando el apóstol
Pablo exhortó a la iglesia en Roma, esto
no solo sucedió en Roma en aquel
tiempo, sino también en otros lugares, y
aun ha prevalecido este desvío hasta el
día de hoy, incitado por el espíritu del
anticristo, porque no puede ser el Espíritu
de Cristo el que nos lleve a aborrecer a
ese pueblo, pues Israel es el pueblo de
Dios.

Esto es confirmado en el principio del
capítulo once, pues hablando sobre el
pueblo Judío, dice: “Digo pues: ¿Ha
desechado Dios a Su Pueblo?”. ¿Y cuál es la
maravillosa y clara respuesta? “EN
NINGUNA MANERA… No ha
desechado Dios a Su pueblo, al cual antes
conoció” (Rom. 11:1-2). Y cabe mencionar
aquí, que algo muy distinto, ciertamente,
es que el Señor sí cegó a Su pueblo para
que no conociera que Él es el Mesías,
pero con un propósito, porque si hubieran
conocido al Señor cuando vino, “nunca
hubieran crucif icado al Señor de gloria”
(1 Cor. 2:8).

El Señor quiso cegar a Su pueblo, para
que estando cegados fueran usados para
que pidieran Su crucifixión. Y quiero
aclarar aquí que no todos los Judíos
pidieron la crucifixión del Señor, porque
el dicho común entre el cristianismo ha
sido este: “Los Judíos mataron a Cristo”,
y no es así; sino que fueron los príncipes
del pueblo Judío los que pidieron la
crucifixión del Señor. El Señor ha cegado
a Su pueblo para que no entienda que
Aquel Jesús de Nazaret no solo es el
Mesías que Israel espera, sino que aun es
la Imagen Visible del Dios Invisible.

Tenga presente, mi hermano que esto
leyere, que el mismo Señor se manifestó
entre el pueblo Judío. Tenga presente, mi
amigo, que todos los apóstoles fueron
Judíos. Tenga presente el que está
leyendo este escrito, que la Iglesia en su
principio era Judía en su totalidad.

Para estas fechas, ¿cuál es una razón por
la cual el pueblo Judío no ha entendido
que el Señor Jesús es el Mesías? Ya
mencionamos la primera razón, que el
Señor quiso cegarlos para que no lo
conocieran (1 Cor. 2:8; 2 Cor. 3:14). Mas
consideremos otra razón, pues, qué ironía
que el pueblo Judío ha experimentado en
la Iglesia que se llama seguidora de
Jesucristo, un odio en contra de ellos. Y
ha sido la Iglesia llamada “cristiana” más
que nadie, en el transcurso de los siglos,
la que ha perseguido, martirizado,
matado y tratado de destruir a esa raza.
Mas nadie los puede destruir, porque
Dios mismo ha dicho que primero
dejarán de ser las leyes que gobiernan el
universo, que dejar de ser nación el
pueblo de Israel ( Jer. 31:35-36).

¿Pero quién ha tratado de destruirlos? Es
irónico e increíble, viniendo al último
tiempo, ¿no es Alemania la cuna del
protestantismo? ¿No es Alemania donde
se editó la primera Biblia en imprenta?
¿No es Alemania una nación que conoció
la Palabra del Señor y que profesó ser
una nación cristiana? ¿Y qué hizo en el
siglo pasado? Los llevó al suplicio, a la
muerte, a los hornos. Esa actitud y
barbaridad, es lo que los llevó a cometer
esa acción indescriptible a la que se le ha
llamado “El Holocausto”, donde más de
6 millones de hombres, mujeres y niños
Judíos fueron llevados al degolladero, a
los hornos, por la única razón y el único
delito de ser miembros de un pueblo, el
pueblo Judío.

Entonces, esto es la prueba de que la
Palabra del Señor se cumple cuando el
cristianismo ha olvidado que la raza
Judía es la madre de la Iglesia. Así como
Noemí es la madre de Ruth, porque
Ruth tipifica a la Iglesia gentil, o sea a
nosotros, a quienes el apóstol Pablo (el
apóstol de los gentiles) nos habla. Noemí
es la tipificación de esa raza y, Ruth, la
nuera, que se convirtió en su hija y que la
aceptó no nomás como suegra, sino
como madre, le dijo: “Tu pueblo será mi
pueblo, y tu Dios mi Dios” (Rt. 1:16).

Esa es la figura exacta de la Iglesia gentil
que debe de amar y respetar a la raza
Judía que es su madre, porque de ahí
vino la salvación, pues por medio de ellos
el Señor escogió manifestarse, ahí Dios
depositó Su Palabra. Los hombres que
trajeron la Biblia, los hombres que fueron
usados por el Espíritu Santo para
traernos el Libro Santo en su totalidad,
son hombres que pertenecieron al pueblo
Judío.

Y en esta ocasión, mis hermanos, Dios
me ha movido a escribir sobre “este
misterio”, sobre el “acebuche… y la buena
oliva” (Rom. 11:22-27). El Señor puso
en mi mente este Texto, que resonaba
como una voz: “Porque no quiero,
hermanos, que ignoréis este misterio, para
que no seáis acerca de vosotros mismos
arrogantes” (Rom. 11:25). Y sentí el
impulso fuerte de escribir de esto para
decirle a mi hermano que profesa ser
cristiano y que profesa ser miembro de la
Iglesia del Señor, que recuerde que aquí
nos señala, que como un “acebuche”
(Rom. 11:17), como una oliva silvestre,
así nosotros los gentiles fuimos tomados
e injertados en “la grosura de la oliva”
(Rom. 11:17).

Dios, en Su misericordia, invirtió el
proceso (pues en lo natural, la buena
rama se injerta en el árbol, no las ramas
dañadas ni ordinarias) y, veamos, nosotros
que no merecíamos, que éramos árboles
silvestres, espinosos, sin fruto, que somos
venidos de naciones gentiles, paganas e
idólatras, ahora tenemos parte y hemos
sido injertados en el árbol de la oliva fina.
Pues nos dice el apóstol Pedro: “Vosotros,
que en el tiempo pasado no erais pueblo,
mas ahora sois pueblo de Dios”
(1 Ped. 2:10).

Aquella rama corriente y mala, ha sido
injertada en el tronco de la oliva fina, y
ese tronco es Cristo, en donde las ramas
naturales son el pueblo Judío, este pueblo
que Dios llamó y que no lo ha desechado
porque es Su pueblo. Y aunque hasta el
momento presente todavía parecen dos
rebaños, va a llegar el día en que el Señor
va a cumplir lo dicho cuando se refirió a
nosotros: “También tengo otras ovejas que
no son de este redil; aquellas también me
conviene traer, y oirán Mi voz; y habrá un
rebaño, y un Pastor”( Jn. 10:16).

Las profecías en el pueblo Judío se están
cumpliendo en forma vertiginosa y ya no
queda mucho por cumplirse. El Señor
Jesucristo viene otra vez y cuando Él
aparezca en las nubes, la venda (“el
endurecimiento en parte”, Rom. 11:25),
va a ser quitada de Israel, cuando “Vendrá
de Sión el Libertador, que quitará de Jacob
la impiedad” (Rom. 11:26). Y le verán,
creerán y entenderán que a Quien ellos
mismos despreciaron y no creyeron en
Él, es Aquel que, siendo clavado en la
cruz del calvario, con Su muerte abrió la
puerta para la salvación de todos los
gentiles. Los que no teniendo antes
parte, ahora tenemos parte con Dios,
“por gracia sois salvos” (Ef. 2:8).

Ahora, estando conscientes de esta
verdad, amamos al pueblo Judío, y
aunque ellos no nos amaren e incluso
nos despreciaren, nosotros amamos y
bendecimos al pueblo de Israel. Si
nosotros estamos conscientes de la
realidad, vamos a amarlos porque la
salvación de la que participamos ahora,
se manifestó de esa raza, y cuando lo
entendamos vamos a ser libres de la
arrogancia porque vamos a entender que
lo que tenemos es por misericordia del
Señor, y entonces ahí no hay lugar para
el orgullo sino para llorar de gratitud y
caminar en esa humillación, amando y
sirviendo a Cristo, amando a nuestros
hermanos y amando al pueblo Judío,
porque son nuestro pueblo.

“Tu pueblo será mi pueblo” (Rt. 1:16). La
Gracia del Señor Jesucristo sea con todos
mis hermanos, es una vez más la oración
y el deseo de vuestro servidor.

Amen.

09/08/2026
LOS DOMÉSTICOS DE LA FE “Así que entonces, hagamos bien a todos según tengamos oportunidad, y especialmente a los domést...
09/07/2026

LOS DOMÉSTICOS DE LA FE

“Así que entonces, hagamos bien a todos según tengamos oportunidad, y especialmente a los domésticos de la Fe (la familia de la fe).”
Gálatas 6:10

Es una bendición el haber sido alcanzados por la Maravillosa Gracia de Dios y ahora ser parte de Su Familia como hijos en el Amado. Y sobretodo ahora también Él requiere que seamos aprobados, firmes, determinados y constantes en nuestra relación con Él y Su Pueblo; pues muy fácil y sutilmente podemos terminar alejados y distanciados de su Abrigo (cobertura) y andar naufragando de la Fe que fue dada una vez a los Santos, y ahora pensar que ahora ”sabemos, podemos y tenemos”, y de esta forma permitir que la sensibilidad y dependencia hacia el Eterno se vaya perdiendo nos empiecen a dominar la necedad, soberbia, jactancia y vanagloria.

Mi hermano, mi hermana, que el Señor nos libre de estas cosas y nos ayude y guíe a ser parte de la Familia de la Fe y no ser como dice el dicho: “un b***o sin mecate”.

Bendiciones, Shalom •

09/06/2026

Tema: Tres Pilares Fundamentales en la Vida del hijo de Dios

MATRIMONIO, S**O, Y LOS HIJOS DE DIOS. Por: Pastor Efraím Valverde, Sr. (Edición de Octubre de 1990 de la Revista Intern...
09/06/2026

MATRIMONIO, S**O, Y LOS HIJOS DE DIOS.

Por: Pastor Efraím Valverde, Sr. (Edición de Octubre de 1990 de la Revista Internacional Maranatha)

“Honroso es en todos el matrimonio, y el lecho sin mancilla; mas á los fornicarios y á los adúlteros juzgará Dios.” (Hebreo 13:4)

Al tratar sobre el matrimonio, estamos considerando el tema más antiguo en lo que toca a las relaciones humanas. Comenzaremos en esta ocasión enfatizando el hecho de que la institución matrimonial fue establecida desde el principio directamente por Dios. El Señor Jesús reconfirma esto cuando declara: ¿No habéis leído que el que los hizo al principio, macho y hembra los hizo? (Mat. 19: 4). La declaración del Señor inclusive en el aspecto del matrimonio muy poco o nada se dice. Oficialmente entre nuestros ambientes religiosos, y este es el de las relaciones sexuales.

Advierto que estoy plenamente entendido de que la referencia a la relaciones es tabú para muchos Cristianos, inclusive para muchos ministros. Pues lamentablemente entre nuestros medio ambiente, me consta ya por toda una vida, prevalece la mentalidad de que "para ser más santos", es preferible no hablar oficialmente el tema de las relaciones sexuales entre los matrimonios cristianos. Y si para esas mentalidades el tema de la relaciones sexuales es tabú aun en el matrimonio, que es honroso, mucho más lo es en todos su demás aspectos. Lo lamentable es que al tratar de cerrar “inconscientemente” los ojos ante este aspecto de la vida real, aun con la más sanas de las intenciones, en vez de hacerse bien se hace mal. El tema del matrimonio es tan importante que está ligado con Nuestra propia salvación (1 Pedro 3: 7). Inclusive la Palabra de Dios aún compara, en forma simbólica, al matrimonio con la relación entre Jesucristo el Señor y Su iglesia (Efe 5:32).

Los aspectos y fases de las relaciones del matrimonio son múltiples. Y varían sobremanera en prominencia. El tema por lo tanto es extenso, y mucho más lo que podríamos decir sobre él. Pero en esta ocasión nos reduciremos aquí a tratar sobre lo que es naturalmente básico en el matrimonio y esto es, repito, el aspecto de la relaciones sexuales. Principiaremos por señalar una verdad básica e innegable y esto es, El Señor Jesucristo afirma esta verdad cuando dice: "Macho y hembra los hizo" (Mat. 19: 4). En Su voluntad Soberana, Dios estableció la relación sexual en el matrimonio como la forma y el orden legal y "honroso" (Hebreos 13: 4) para la reproducción del género humano. Por otra parte, el Señor sigue advirtiendo muy amplia y claramente hasta hoy, tanto en la porción que ya citada como en otras muchas más, que la relación sexual fuera del matrimonio es pecado. Pues señala en forma muy específica que "a los fornicarios y a los adúlteros juzgará Dios".

El hecho de que la humanidad sin freno del temor de Dios y la desviación de sus pasiones por el diablo, ha pe******do las relaciones sexuales desde el principio hasta hoy, eso no mengua ni mucho menos quita la realidad del aspecto honroso de la relación sexual en el matrimonio. Insisto por tanto en el hecho de que al tratar de ignorar este tema, no solamente no nos hace más santos antes por lo contrario, nos perjudicamos y nos hacemos más daño. Si en algún tiempo es necesario para los Cristianos la instrucción sobre la relaciones sexuales, basada naturalmente en los fundamentos bíblicos, es en este tiempo. Tiempo en que la perversion sexual ha cobrado proporciones universales, a un grado jamás experimentadas a lo largo de toda la historia de la raza humana.

La perversión sexual ha sido siempre el pecado número uno en todos los tiempos y generaciones pasadas, ciertamente. Pero tenemos que reconocer que nunca había llegado esta al grado en que prevalecer en la presente generación, en esta presente "civilización". Y la razón lógica para ello es, naturalmente, la explosión demográfica actual; la increíble multiplicación de la humanidad en el curso de siglo XX. Todos los vicios y los diferentes tipos de otras perversidades y pecados, el humano los adquiere ó las aprende invariablemente de afuera. Pues normalmente no nace con ellos. En cambio, el s**o, y los impulsos respectivos que al tiempo correspondiente en la vida del humano, inexorablemente brotan, son parte innata de su naturaleza. Esto no se adquiere ni se aprende de afuera, insisto. Quiérase o no, reconózcase o no, es algo que todo ser humano, por la Soberana Voluntad del Creador, trae en sí mismo. Por eso repito, que más particularmente como Cristianos, al tratar de evadir ó de ignorar, o de negar esta realidad fisiológica fundamental, nunca producirá resultados favorables. Antes por lo contrario, siempre traerá perjuicio. Los días en que vivimos innegablemente los últimos ya, son los anticipados por el Espíritu Santo en los que "el díablo ha descendido a vosotros, teniendo grande ira, sabiendo que tiene poco tiempo" (Apoc 12:12).

Una de las señales que nos confirman que estamos viendo hoy la profecía aludida, es precisamente la monumental ola de perversión sexual que prevalece. En este tiempo, en que somos testigos que el desvío y la perversión sexual han llegado a un grado que hace unos cuantos años nos era increíble que pudiera existir, podemos sentir a las claras que prevalece al respecto la operación de una corriente satánica de magnitud universal. El desvío y la perversión sexual son hoy en día aceptados por un gran segmento de los ciudadanos de las naciones "civilizadas", como algo común y muy natural. Las conciencias están hoy cauterizadas a tal grado, a través de las clases sociales y de todas las edades, que son muy pocos los que verdaderamente se conmueve hoy al mirar la distintas operaciones y resultados de la violencia sexual prevaleciente.

Los modernos medios de comunicación, y más particular la televisión, ha sido usados ​​por satanás como instrumentos muy especiales para glorificar las perversiones sexuales. Estas perversiones infernales principian hoy con: la prostitución infantil, continúan con el adulterio y la fornicación de jóvenes y mayores, y culminan con la sodomía, el homosexualismo y el lesbianismo y aún más. Esto último ha estado siendo aceptado más y más, al paso de los días, como "un estilo de vida" honorífico y muy natural. Y esto no solamente por la sociedad secular, mas aún por varias denominaciones "Cristianas" (?) y otros grupos religiosos. Los tristes resultados de la historia de la sociedad sexual no se han hecho esperar, y estos están afectando a todos los aspectos de la sociedad humana, incluyendo a los cristianos: El macabro y continuo número de abortos. Las tristes multitudes de niños, (de ambos s**os), violados y destrozados (muchos de ellos aún por sus propios padres). Los millones de inocentes huérfanos, víctimas de los divorcios y los adulterios. La ola infernal del homosexualismo que en forma misteriosa e inexorable ha cobrado un auge de proporciones nunca antes experimentadas en la historia de la humanidad. Como resultado de toda esta perversion sexual, y muy particularmente de la última, ha aparecido la terrible plaga mortífera moderna, incurable hasta el día de hoy, conocida como el SIDA, y otras más.

Al mencionar todo lo anterior, no es porque piense que con ello habria de cambiar el rumbo desviado y pe******do de la humanidad. Pues inclusive estoy consciente de que las cosas no van a mejorar, antes por el contrario; pues los días son malos, e irán de mal en peor. Mi intento aquí es llamar la atención de los cristianos que están en serio. A los que les importa su propia salvación y las de sus mismas familias, para que no cometan el grave error en que muchos incautamente han caído al ignorar en forma intencional el prominente lugar que ocupan nuestras funciones sexuales, tanto en nuestra vida natural como en relación a nuestra misma salvación. Como Cristianos, tanto los matrimonios (de todas las edades), como también los solteros, ahora jóvenes como adultos, les demos a este aspecto de nuestra vida, la atención que Dios requiere. Pues al estar conscientes de ellos podremos, con el poder del Señor, y basados en el amplio consejo que sobre este tema tenemos en la Palabra de Dios, hacer frente en nuestra forma eficaz a esa monstruosa ola de desviación y perversion sexual que diariamente amenaza con arrastrar a los mismos hijos de Dios.

Los jóvenes cristianos, tanto los varones como las doncellas, al llegar a los dias de su pubertad, es imperativo que entiendan que los impulsos sexuales que empiezan a experimentar en ese tiempo, son reacciones propias y normales de su naturaleza. Han sido muchas las ocasiones, en diferentes tiempos y lugares, en que se han llegado, conmigo jóvenes, cristianos y temerosos de Dios pidiéndome que ore por ellos (o por ellas), pensando que lo que están sintiendo son operaciones de demonios. Esta confusión mental es muy común que afecte a los adolescentes, y más particularmente a aquellos jóvenes cristianos (muchachos y muchachas ). Sencillos y sinceros, cuando estos trata de consagrar sus vidas al Señor. Pero esta operación de confusión no se reduce solamente a los jóvenes menores, sino que aprisiona también en muchas ocasiones jóvenes mayores, y aun a los adultos. Inclusive a los casados, tanto hombres como mujeres. Han sido muchas las veces en que, viniendo unos u otros a pedirme que reprenda los demonios de su ser, he tenido que explicarse a aquel hijo o hija de Dios que no es con el demonio con lo que está batallando, sino con su propia naturaleza sexual.

Muchas de las víctimas de la confusión aludida son aquellos cristianos que han sido instruidos en ambientes radicales y dogmáticos donde, como menciono ya antes, se cree y también se enseña que ignorando la realidad del aspecto sexual en nuestra humanidad, eso los hace más santos. Esta manera de pensar no es nada nueva por cierto. Pues desde los primeros tiempos de la iglesia fue precisamente esa la idea que produjo al ascetismo y la doctrina demoniaca del celibato que Pablo, por el Espíritu Santo, reprueba (1 Ti 4: 1-3). Inclusive siento Pablo un eunuco (célibe) el Espíritu Santo usa a este apóstol para ordenar, al tratarse, del orden ministerial, que "el pastor sea marido de una mujer" (1 Tim. 3: 2 y Tito 1:16), Y este mismo apóstol es quien también declara que los Cristianos que "no tienen el don de continencia, cásense; que mejor es casarse que quemarse" (1 Cor. 7: 9). Es en este mismo capítulo, por cierto, donde Pablo, aconseja sobre los varios aspectos de la vida sexual entre los cristianos, aspectos sobre los cuales es necesario que cada uno esté bien informado.

Entre esa información está una verdad básica que es desagradable, pero a la vez innegable. Esta consiste en el hecho que desde del huerto del Edén el diablo empezó a manipular en forma negativa, a los impulsos innato del humano, incluyendo sus impulsos sexuales. El no reconocer y aceptar esta realidad debidamente, para enfrentarla como conviene, ha sido el principio de la confusión en las relaciones sexuales de la vida de muchos cristianos. En cambio vemos a lo largo de todo el libro de Dios que el s**o, que es parte integrante e inseparable del orden reproductivo de nuestra naturaleza humana, encausado en el orden honroso señalado por Dios, no debe ser causa de vergüenza y deshonra en la vida del cristiano, antes por lo contrario. Esa honra, por determinación del Creador reside en el matrimonio.

Por no entender la diferencia. entre sus impulsos sexuales naturales, y las operaciones del diablo. Muchos hijos de Dios sienten como si estuvieran ya derrotados. Cristianos sinceros y temerosos de Dios que viven, atormentados continuamente por una conciencia de culpabilidad que no deben de cargar. Pues el diablo usa sus impulsos sexuales, naturales y normales, para hacerles la vida miserable.

Ciertamente que el Señor quiere que sus hijos no nos dejemos llevar por nuestras pasiones desenfrenadamente, como las gentes que no conocen a Dios. Pero también quiere que las reconozcamos y que, a pesar de ellas, vivamos libres en Cristo en el Señor. Pues precisamente la verdad fundamental de la obra redentora de la Gracia consiste en que ninguno de nosotros, como hijos de Dios, es en lo absoluto justificado por sus propios mérito. La maravillosa verdad es que la salvación que hemos recibido, la hemos alcanzado única y solamente por la gracia de nuestro Señor Jesucristo. (Santiago 5:17 y Romanos 7:15-25).

Dios les bendiga •

MINISTROS DE JESUCRISTO EL SEÑOR              Por: Pastor Efraím Valverde, Sr.             EL MINISTRO Y SUS NEGOCIOS   ...
09/05/2026

MINISTROS DE JESUCRISTO EL SEÑOR

Por: Pastor Efraím Valverde, Sr.

EL MINISTRO Y SUS NEGOCIOS

Una de las cosas más deshonrosas para el ministerio cristiano, es el dispensador que no tiene cuidado de ordenar el aspecto de su vida material. Ya sea que trabaje con sus manos para sostenerse, lo cual si es necesario debe hacerlo y es honroso, o que sea sostenido por la
congregación, es imperativo que vigile sobre lo siguiente:

Nunca debe de usar el dinero que no es suyo, ya fuere de la congregación o de cualquier otra parte, más cuando sabe bien que no lo podrá reintegrar. Es preferible que mejor haga a un lado la verglenza y pida que le den, porque lo otro es una vil trampa de satán para hacerlo
pecar y deshonrarlo después en público.

Pedir prestado y no pagar ha sido la ruina de
algunos ministros. Se comenzó por deber un dólar (o peso), y ahora le debe “a las once mil vírgenes". También hay otra mala costumbre gemela de esta, y es: hacer promesas de aportaciones de dinero, según uno para animar a los hermanos, y no cumplirlas. Dios, el Señor, dice hablando sobre esto que Él no se agrada de los insensatos (Ecl. 5:4).

Los negocios torcidos para sacar ganancias, torcer el derecho para recibir cohecho, hacer tratos injustos aprovechándose de personas bondadosas y extorsionar los fondos a su alcance para suplir sus necesidades personales,
todas estas cosas en un dispensador son en gran manera desagradables ante los ojos del Señor.

Los archivos de los departamentos de crédito en los Estados Unidos están atestados de ministros que sacan fiado desde un par de zapatos hasta un rancho, y no cumplen como es debido con sus abonos. Otros mienten para solucionar sus cuentas o problemas. Otros evaden sus compromisos desapareciéndose de la ciudad y hasta cambiando de nombre. Me dijo, en cierta ocasión, un dependiente de una tienda donde vivo, y a quien pregunté por crédito: “Perdone Rev. Valverde, pero tengo órdenes de mis superiores mis superiores de no fiarle a los ministros, porque no pagan". Qué verglenza! ¡Qué pena!

Otro aspecto importante es la obligación del ministro para con el gobierno civil. No se necesita especificar cuál es, porque todos la sabemos, y si reclamamos los derechos y el respeto que nos deben las autoridades de nuestro país, creo que como ministros de Cristo debemos de poner un buen ejemplo, pues no me dirá alguien que se siente bien cuando lo encierran en “la cárcel de más adentro" por no reportar sus impuestos.

EL MINISTRO Y SU SOSTENIMIENTO

Este tema es también de igual importancia, puesto que es uno de los aspectos ineludibles en la vida del dispensador, y en los cuales está incluida muy particularmente la familia del ministro. Alguien ha dicho que quisiera ya no ser
materia humana para poder vivir solamente con
" comida de ángeles", pero mientras estemos en este tabernáculo, no se va a poder.

Creo que no existe un solo ministro que no deseare tener todo su tiempo dedicado para el trabajo en la obra de Dios, pero es el sostenimiento para sí y para su familia el que obliga a la gran mayoría de los ministros de nuestro ambiente, a dedicar una, y a veces gran parte de su tiempo, en el trabajo material.

Incluso, creo que es pecado decir que es deshonrosa tal actuación, o que no dedicarse de tiempo completo a la obra del Señor, es falta de fe de parte del ministro, pues cada dispensador debe de tener formado su propio criterio en este sentido, en conformidad con su conciencia delante de su Señor y Maestro que sabe todas las cosas.

Son muchos y variados los factores en este aspecto del ministerio de los dispensadores, que es literalmente imposible describirlos; por tanto, nos reduciremos a señalar algunos pensamientos y experiencias que de alguna forma nos podrán ayudar a todos:

El ministro debe saber cuándo "dedicarse" de
tiempo completo a la obra del Señor no le ha de traer perjuicio a su familia y a la congregación, puesto que más de una vez ha acontecido que el dispensador está muy orgulloso de estar dedicado de tiempo completo en la obra del Señor, pero a expensas de la sufrida “costilla", o
teniendo medio mu***os de hambre a la media docena de inocentes criaturas, quienes nunca han sabido lo que es ponerse un par de zapatitos nuevos; o por otra parte, teniendo extorsionados a los poquitos hermanos que
integran la congregación.

El ministro puede entender de parte del Señor
cuando llegó el día en que puede dedicar todo su tiempo honrosamente al servicio de su Maestro. Como de igual manera estar consciente, si de parte del Señor es, que ese
tiempo se tuviere de terminar y tuviere de volver a usar sus manos para ganar el pan.

Lo más importante en la vida del ministro, es que Cristo el Señor mire que no pone condiciones para servirle y que se adapte a la condición que fuere necesaria. Qué triste ha sido oír en más de alguna vez a un ministro: "Yo
no pastoreo esa 'Iglesia' si no me dan 'tanto' por semana". O por otra parte: "Si no hay casa pastoral con servicio y agua caliente no cuenten conmigo".

Ha habido dispensadores que teniendo de parte de Dios la oportunidad para dedicar más o todo su tiempo al servicio de la obra del Señor no lo han querido hacer, por la sencilla razón de que ambicionan bienes y comodidades materiales un poco, o mucho más allá de lo que pudiera ser “normal". En cambio, hay quienes han creído que estar “dedicados" quiere decir estar de vacaciones continuas, levantándose todos los días a las diez de la mañana o al
mediodía.

A veces, los pobrecitos hermanos han orado al Señor pidiendo que mande a Su siervo a trabajar unos días con el azadón, no porque no lo quieran, sino solamente para que recuerde cómo se siente tener que levantarse a las cinco de la mañana cuando el culto se despidió a las doce y media de la noche.

DEBERES ECONÓMICOS DEL MINISTRO

Como conclusión de este elemental comentario sobre las actitudes y comportamiento del ministro, mayormente en la
responsabilidad del sagrado llamamiento como lo es el pastorado, hago mención de los deberes económicos del mismo.

Principio por repetir el hecho innegable de que la vida espiritual de cada verdadero servidor de nuestro Señor Jesucristo, y por lo tanto también la de todo ministro fiel, está ligada inexorablemente con su vida material, y por
consiguiente, con el aspecto económico.

Muchas veces el ministro que está dedicado de lleno al servicio del Señor, poniendo todo lo que tiene y todo lo que es en cumplimiento de su sagrada vocación, quisiera no tener necesidad del dinero. Pero tal cosa es un sueño
ilusorio, porque la innegable realidad es que el dinero se necesita en todos los aspectos de su ministerio, empezando con su propio sostenimiento, que incluye en primer lugar a
su propia familia (esposa e hijos, si los tiene).

No siendo este el lugar para elaborar en una forma más amplia sobre la mayordomía cristiana, ni menos para comentar sobre las opiniones contrarias que sobre este tema han prevalecido siempre, señalo que nuestro Dios
estableció el diezmo primeramente antes de la Ley, y también después en la Ley.

En la era de la Gracia (en el Nuevo Testamento), no se señala específica y directamente esta sagrada obligación como un mandamiento para los integrantes de la Iglesia del Señor. Mas esto no es porque haya quedado abolido para nosotros los creyentes gentiles, el sagrado deber de dar de nuestro dinero para suplir las múltiples necesidades en el servicio del Señor, sino que antes por lo contrario, ahora
nuestra responsabilidad es aun mayor por la sencilla pero innegable razón de que la Gracia es mayor que la Ley. Y si a los de la Ley les fue ordenado que dieran el diezmo, el Espíritu Santo en el tiempo de la Gracia nos hace entender que siendo mayor el don, nuestra gratitud hacia Dios debe de ser mayor también.

Por lo tanto, nuestra participación económica que principia con el diezmo, es dar, y dar hasta lo máximo de lo que podamos hacer. Pues el creyente que vive realmente agradecido por
ser objeto de la Gracia de Dios, no puede ni debe reducirse únicamente al diezmo. Repito que dar (no pagar) el diezmo, es solamente la base sobre la cual sigue dando, a la semejanza del ejemplo de los Macedonios (2 Corintios 8:1-5).

Cada pastor sabe muy bien que con la ofrenda
donde cada uno de los miembros, “ha propuesto en su corazón", dar un miserable dólar (o peso) en cada culto, nunca podrá con ello cubrir los gastos en todos los aspectos
del trabajo y obligaciones de “la Iglesia". Mucho menos habrá, con esa mezquina ofrenda, lo suficiente para que pueda ser sostenido y dedicar todo su tiempo al servicio de su congregación.

Me consta que en muchas congregaciones donde ya hay un número considerable de miembros para poder sostener a su pastor, a pesar de que éste está cumpliendo con todos sus deberes como conviene, tiene que buscar
su sostenimiento y el de su familia por su propia cuenta, por causa del espíritu mezquino que prevalece en aquella congregación.

Pero a la vez me consta que, en muchas ocasiones, la culpa de que prevalezca la raquítica situación económica señalada la tiene el mismo pastor por no enseñar al pueblo sobre sus obligaciones económicas, principiando con el diezmo de gratitud. Mas para que el ministro enseñe tal cosa, es indispensable que primeramente él mismo se ponga por ejemplo delante del Señor y delante de los que preside.

Termino preguntado: ¿Cuál es tu situación? ¿Estás enseñando al pueblo que hay promesa Divina de bendición para el que da de su sustancia? ¿Estás agradando a Dios cumpliendo tú mismo con tus sagradas obligaciones
económicas? ¿Estás hoy dando (no pagando) por gratitud (no por Ley) tus diezmos a la parte donde te corresponde?
(Hebreos 7:1-7).

"Téngannos los hombres por ministros de Cristo, y dispensadores de los misterios de Dios. Mas ahora se requiere en los dispensadores, que cada uno sea hallado
FIEL" (1 Corintios 4:1-2).

Bendiciones •

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