08/13/2026
St Joseph School, a blessing to our parish, our community, and our diocese.
From the Pastor’s Desk
This upcoming Monday, our students return to school after a 12-week summer break. I, for one, am looking forward to seeing them back on campus. Summer is necessary for our students, teachers and staff to get a break from the routine, but our campus comes alive when they return from break and they feed into the lifeblood of our parish. In short, our school is a blessing in many ways. Here are some of my thoughts.
A blessing to our parish.
St Joseph School is a blessing to our parish in more ways than simply educating our students. Our parish school is the center for faith formation. It teaches our children about Church teaching, but it also provides the atmosphere and opportunity through the church itself, not simply to learn the faith, but to live it. This strengthens not only the students, but the overall spiritual life of the parish.
I think it builds a strong sense of community. The number of parishioners who graduated from SJS is amazingly high. Everyone is proud of the year they graduated, including the class of 2026. Students, families, teachers, and parishioners become more connected through shared events such as Masses, service projects, sports, and celebrations.
It builds future leaders for our parish and helps them to understand the need for outreach to our parish and community. In short, a parish school doesn’t just educate students, it nurtures faith, strengthens community, and helps sustain the life and mission of the parish for generations.
A blessing to our community.
St Joseph school is not a just a place where our students receive an education, but also has a presence in our local community, especially here in Conway.
Think about our bazaar. SJS brings families together through events such as our Masses and fundraisers, but our bazaar creates a stronger relationship among neighbors and a sense of belonging that extends beyond the classroom. That is my experience here at St. Joseph.
Think about the financial blessings to Conway. SJS employs teachers and staff and it attracts families to our school because of its track record in the community and the state. Therefore, our school can also contribute to the local economy in many ways.
A blessing to our diocese.
Our Catholic school doesn’t just teach subjects; SJS intentionally desires to integrate faith into the daily lives of our students. That means students are regularly exposed to prayer, sacraments, and moral teaching in a structured way. In time, I believe this helps young people who understand and live out their faith, which is essential for the diocese of Little Rock in the long run.
SJS trains future leaders. Think about vocations here in the diocese of Little Rock. Vocations whether to the priesthood, religious life, or committed lay leadership are nurtured in Catholic schools. I am convinced that over time SJS will provide our diocese with many great priests and religious down the road.
I have seen this at St Joseph School over my 3 years as your pastor. It is a blessing to our parish because our students are becoming active members of the parish. Their successes are seen in our community by the awards they receive and the skills they offer our community here in Conway. Our school aids our diocese to educate and form our children in the faith through the 12th grade with the hope they will, in turn, bless the Church in Arkansas.
As this new school year begins, pray for our students that they are open to learning what is essential to living as an adult in this world as an active member of the church. Pray for our teachers and staff that they may be living examples of what they teach and also how they live their lives. Pray for our Administrators that we may guide everyone in the direction of Christ. God bless our school. Go Bulldogs!
Father John
Escuela San Jose: una bendición para nuestra parroquia, nuestra comunidad y nuestra diócesis.
From the Pastor’s Desk
El próximo lunes, nuestros estudiantes regresan a la escuela después de un descanso de verano de 12 semanas. Yo, por mi parte, espero con entusiasmo volver a verlos en nuestras instalaciones. El verano es necesario para que nuestros estudiantes, maestros y personal puedan descansar de la rutina diaria, pero es con su regreso que nuestra escuela vuelve a llenarse de energía y alegría. Su presencia alimenta el corazón mismo de nuestra parroquia. En pocas palabras, nuestra escuela es una bendición de muchas maneras. Me gustaría compartir con ustedes mis pensamientos al respecto.
Una bendición para nuestra parroquia.
La Escuela St. Joseph es una bendición para nuestra parroquia en mucho más que la educación académica de nuestros estudiantes. Nuestra escuela parroquial es un centro de formación en la fe. Enseña a nuestros niños la doctrina de la Iglesia, pero también les ofrece, a través de la vida de la Iglesia misma, el ambiente y la oportunidad no solo de aprender la fe, sino de vivirla. Esto fortalece no solo a los estudiantes, sino también la vida espiritual de toda la parroquia.
También ayuda a fortalecer de manera significativa nuestro sentido de comunidad. El número de feligreses que se graduaron de la Escuela San Jose es sorprendentemente alto. Todos se sienten orgullosos del año en que se graduaron, incluyendo, por supuesto, la clase de 2026. Estudiantes, familias, maestros y feligreses se unen más a través de eventos compartidos, como las Misas, proyectos de servicio, actividades deportivas y celebraciones.
Además, nuestra escuela ayuda a formar a los futuros líderes de la parroquia y les enseña la importancia de servir tanto a nuestra comunidad parroquial como a la comunidad en general. En resumen, una escuela parroquial no solo educa a los estudiantes; también cultiva la fe, fortalece la comunidad y ayuda a sostener la vida y la misión de la parroquia por generaciones.
Una bendición para nuestra comunidad.
La Escuela San Jose no es solo un lugar donde nuestros estudiantes reciben educación; también tiene una presencia importante en nuestra comunidad local, especialmente aquí en Conway.
Pensemos en nuestro bazar. La Escuela San Jose reúne a las familias a través de eventos como nuestras Misas y actividades para recaudar fondos, pero nuestro bazar también fortalece las relaciones entre vecinos y crea un sentido de pertenencia que va más allá del salón de clases. Esa ha sido mi experiencia aquí en San Jose.
Pensemos también en las bendiciones económicas que aporta a Conway. La Escuela St. Joseph genera oportunidades de empleo y continúa atrayendo a familias que valoran la calidad de su educación y su sólida reputación tanto en la comunidad como en todo el estado. Por eso, nuestra escuela también contribuye de muchas maneras al desarrollo de la economía local.
Una bendición para nuestra diócesis.
Nuestra escuela católica no se limita a enseñar materias académicas; La Escuela San Jose busca intencionalmente integrar la fe en la vida diaria de nuestros estudiantes. Esto significa que los alumnos están expuestos regularmente a la oración, a los sacramentos y a la enseñanza moral dentro de un ambiente estructurado. Con el tiempo, creo que esto ayuda a formar jóvenes que comprenden su fe y la viven plenamente, algo esencial para el futuro de la Diócesis de Little Rock.
La Escuela San Jose también forma a los líderes del mañana. Pensemos en las vocaciones dentro de nuestra diócesis. Las vocaciones, ya sea al sacerdocio, a la vida religiosa o al liderazgo comprometido de los laicos, se cultivan y fortalecen en las escuelas católicas. Estoy convencido de que, con el tiempo, la Escuela San Jose aportará a nuestra diócesis muchos buenos sacerdotes y religiosas.
He podido ver esto en la Escuela San Jose durante mis tres años como su párroco. Nuestra escuela es una bendición para nuestra parroquia porque nuestros estudiantes se están convirtiendo en miembros activos de la comunidad parroquial. Sus logros se reflejan también en nuestra comunidad a través de los reconocimientos que reciben y de los talentos y habilidades que ponen al servicio de Conway. Nuestra escuela ayuda a nuestra diócesis en la misión de educar y formar a nuestros niños en la fe hasta el grado 12, con la esperanza de que, a su vez, ellos sean una bendición para la Iglesia en Arkansas.
Al comenzar este nuevo año escolar, los invito a orar por nuestros estudiantes, para que estén abiertos a aprender aquello que es esencial para vivir como adultos en este mundo y como miembros activos de la Iglesia. Oremos también por nuestros maestros y nuestro personal, para que sean ejemplos vivos no solo en lo que enseñan, sino también en la manera en que viven sus vidas. Y recen por nuestros administradores, para que podamos guiar a todos en el camino de Cristo. Que Dios bendiga a nuestra escuela. ¡Vamos, Bulldogs!
Padre John