Celebración at FMC

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09/05/2026

Pablo usa dos verbos que van en direcciones opuestas. "Amoldarse" es lo que le pasa al agua dentro de un recipiente: toma la forma de lo que la rodea, sin hacer nada. "Ser transformado" es un cambio que viene de adentro hacia afuera, y en griego es la misma palabra de la que sacamos "metamorfosis".

La diferencia es enorme. Amoldarse no requiere decisión: basta con dejar de pensar y seguir la corriente de lo que todos hacen, dicen y desean. Transformarse sí requiere algo, y Pablo dice exactamente qué: la renovación de la mente.

Ahí está la clave que muchos pasamos por alto. No dice "cambia tus hábitos y tu mente seguirá". Dice al revés: renueva lo que piensas, lo que escuchas, lo que crees sobre Dios y sobre ti, y la conducta vendrá detrás. Por eso importa tanto lo que le das de comer a tu mente cada día.

Y mira la promesa del final: cuando la mente se renueva, empiezas a comprobar cuál es la voluntad de Dios. Deja de ser un misterio y se vuelve algo que reconoces. Cristo hace ese trabajo en nosotros; nuestra parte es no dejar de exponernos a Él.

Él te está transformando. Casa de Fe · Conroe, TX 🤍 Facebook: facebook.com/CasaDeFeConroe · Instagram: instagram.com/casadefeconroe

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09/05/2026

Fíjate en el orden que da Moisés. Primero: "Grábate en el corazón estas palabras". Después: "Incúlcaselas continuamente a tus hijos". No se puede transmitir lo que uno no tiene. Los hijos aprenden mucho más de lo que ven en nosotros que de lo que les decimos.

Y mira los momentos que menciona: en la casa, por el camino, al acostarse, al levantarse. Ninguno es un momento religioso. Son los momentos comunes de la vida: la cena, el carro rumbo a la escuela, los cinco minutos antes de dormir. Ahí es donde de verdad se forma la fe de un niño.

Eso quita presión. No hace falta ser teólogo ni tener un devocional perfecto en familia. Hace falta hablar de Dios con naturalidad, como se habla de todo lo demás que importa. Contar lo que Él ha hecho. Orar en voz alta cuando algo duele. Dar gracias antes de comer.

Hoy es sábado, el día en que la casa está más junta. Aprovecha una de esas conversaciones comunes. La semilla que siembras hoy la cosecha Dios mañana.

Por tu casa y por la mía. Casa de Fe · Conroe, TX 🤍 Facebook: facebook.com/CasaDeFeConroe · Instagram: instagram.com/casadefeconroe

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09/03/2026

Casi todos empezamos el lunes igual: revisando lo pendiente, calculando si el tiempo alcanza, cargando desde temprano el peso de la semana completa. Proverbios propone otro orden: primero encomendar, después trabajar.
"Pon en manos del Señor todas tus obras, y tus proyectos se cumplirán." No es una fórmula mágica para que todo salga como tú lo planeaste. Es una entrega. Cuando le pones tus planes a Dios en las manos, dos cosas pueden pasar: que los cumpla como los soñaste, o que los corrija hacia algo mejor de lo que sabías pedir. Las dos son buenas.
Encomendar no es dejar de esforzarse. Vas a trabajar igual de duro. Pero vas a trabajar sin el peso de creer que todo depende de que no te equivoques.
Hoy, antes de contestar el primer mensaje, di en voz baja: "Señor, esta semana es tuya. Guía mis manos." Es un minuto que le cambia el tono a los otros siete días
Buena semana, familia. Casa de Fe · Conroe, TX 🤍 Facebook: facebook.com/CasaDeFeConroe · Instagram: instagram.com/casadefeconroe

08/29/2026

Pablo no dice "los frutos", en plural, sino "el fruto" del Espíritu. Es uno solo, con nueve sabores. No puedes escoger tener amor pero no paciencia, o alegría pero no dominio propio. Crecen juntos, porque crecen de la misma raíz.
Y esa palabra, fruto, lo cambia todo. Un fruto no se fabrica: se cultiva. Ningún árbol se esfuerza para dar naranjas; da naranjas porque está sano, plantado en buena tierra y conectado a la raíz. Del mismo modo, la paciencia no aparece porque aprietes los dientes, sino porque el Espíritu está obrando en ti.
Esto es lo que Wesley llamaba la santificación: Dios no solo te perdona, también te transforma. No es un cambio de un día; es una obra que dura toda la vida y que Él termina.
Hoy, en lugar de pelear con tu carácter, pregúntate si estás conectado a la raíz. El fruto viene de ahí.
Él está obrando en ti. Casa de Fe · Conroe, TX 🤍 Facebook: facebook.com/CasaDeFeConroe · Instagram: instagram.com/casadefeconroe
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08/29/2026

A un hombre no lo descubrieron por lo que dijo. Lo descubrieron
por cómo lo dijo.

Era de noche, en Jerusalén, en el patio de la casa del sumo
sacerdote. El hombre se llamaba Pedro y era pescador de
Galilea: del norte, de la provincia, de donde venía la gente
que hablaba distinto.

Se le acercaron y le dijeron una frase que está escrita tal
cual en su Biblia: «Seguro que eres uno de ellos; se te nota
por tu acento.»

No lo delató su cara. No lo delató un documento. Lo delató su
manera de hablar.

Y esa noche bajó la voz.

Ahora déjeme llevarlo al otro lado de esa historia. Al lado que
casi nunca se predica.

Cincuenta días después, ese mismo hombre estaba parado en una
plaza pública de la misma ciudad. Delante de la misma gente. Y
con más peligro que antes, no menos, porque para entonces ya lo
estaban buscando.

Y con el mismo acento.

La Biblia dice que esa mañana se puso de pie y habló «a voz en
cuello». Y fíjese bien en lo que dijo la gente que lo oyó,
porque no dijeron «qué buen orador». Dijeron: «¿No son galileos
todos estos?»

Se le seguía notando de dónde venía.

Y años más tarde, cuando lo arrestaron, los jueces escribieron
en el acta que era «gente sin estudios ni preparación».

El mismo hombre. La misma boca. El mismo acento de provincia.

No cambió de trabajo. No cambió de ciudad. No estudió.

Algo entró.

Y esa es la pregunta que me tiene pensando hace días, y que le
quiero contestar este domingo: ¿qué le pasa a un hombre en
cincuenta días?

Se la voy a contestar desde Hechos 19, donde el apóstol Pablo
se encuentra en Éfeso a un grupo de creyentes que llevaban años
haciendo todo bien y por dentro estaban secos. Gente de la
casa. Gente que había dejado lo que tenía que dejar y había
enderezado lo que tenía que enderezar.

Pablo les hizo una sola pregunta. Y ellos le contestaron una de
las frases más honestas que hay en toda la Biblia:

«Ni siquiera hemos oído.»

Si usted lleva años cumpliendo y cada año le cuesta más. Si
llegó a este país hace mucho y sigue diciéndose «cuando se me
arregle esto, voy a descansar». Si creció en la iglesia, se
sabe todos los coros y hace tiempo que no siente nada.

Este domingo es para usted. Y no se va a ir con un regaño.

Porque a lo mejor a usted no le falta fuerza. A lo mejor a
usted le falta una noticia.

🗓 Domingo 30 de agosto · 11:00 AM (Adoración)
📍 Casa de Fe — 4308 West Davis Street, Conroe, TX 77304
📖 Hechos 19:1-7 (NVI)
🎙 Predica el Pastor Frank Acosta

Comparta esta publicación con alguien que lleve años haciendo
todo bien y por dentro esté seco. Y si no puede acompañarnos en
persona, transmitimos en vivo por YouTube.

08/26/2026

Hay personas que llevan meses, o años, sintiendo que Dios está lejos. Y la conclusión que sacan casi siempre es la peor: "Dios se cansó de mí." Santiago dice algo distinto y mucho más esperanzador: "Acérquense a Dios, y él se acercará a ustedes."
El movimiento empieza con un paso pequeño de nuestra parte, pero la respuesta de Dios siempre es desproporcionada. Es la historia del hijo que vuelve arrastrando los pies y encuentra al padre corriendo hacia él. Tú caminas; Él corre.
No necesitas arreglarte primero. No hace falta que resuelvas tus dudas antes de orar, ni que dejes de sentir vergüenza para volver a la iglesia. Acércate como estás. La cercanía de Dios no es un premio por estar limpio; es lo que empieza a limpiarte.
Esta noche tenemos Aposento Alto, y hay lugar para ti aunque hayas faltado mucho tiempo. Da el paso. Él ya viene hacia ti.
Te estamos esperando. Casa de Fe · Conroe, TX 🤍 Facebook: facebook.com/CasaDeFeConroe · Instagram: instagram.com/casadefeconroe

08/24/2026

Hay un detalle en el Salmo 23 que casi siempre pasamos por alto: "en verdes pastos me hace descansar". No dice que me invita, dice que me hace. Las ovejas no se acuestan cuando tienen hambre, ni cuando tienen miedo, ni cuando hay conflicto en el rebaño. Solo descansan cuando el pastor ha resuelto todo eso.
Quizá por eso David escribe "nada me falta" antes de hablar del descanso. El reposo verdadero no llega cuando terminas la lista; llega cuando confías en quien la sostiene.
Hoy es sábado. Si has estado corriendo toda la semana, tal vez Dios no te esté pidiendo más esfuerzo, sino que te acuestes en su cuidado. Que te sientes sin culpa. Que comas despacio con los tuyos. Que dejes el teléfono un rato.
Él es tu pastor. Sabe adónde te lleva y sabe cuándo necesitas parar. Mañana nos vemos en su casa, con las fuerzas repuestas.
Descansa en Él hoy. Casa de Fe · Conroe, TX 🤍 Facebook: facebook.com/CasaDeFeConroe · Instagram: instagram.com/casadefeconroe

08/21/2026

Ese hombre iba camino al mercado con quince monedas de plata en
la mano y un s**o de cebada al hombro.

Iba a comprar a su propia esposa.

Se llamaba Oseas. Era profeta en el siglo octavo antes de
Cristo, y Dios le había dado un encargo que no le dio a ningún
otro profeta de toda la Biblia: cásate con una mujer que te va a
ser infiel. Se llamaba Gomer. Y él se casó con ella sabiendo
cómo iba a terminar.

Terminó así: ella se fue. Y cayó tan lejos, tan abajo, que dejó
de ser libre. La mujer con la que él se casó estaba a la venta.

Y ahí, cuando cualquier hombre de esa cultura la habría dado por
mu**ta, Dios le habló otra vez. Le dijo tres palabras que ya son
un sermón completo: "ve una vez más". Ve, y ámala.

Ahora mira el precio.

La ley fijaba en treinta monedas de plata el valor de una
persona esclava. Oseas llevó quince... y completó la otra mitad
en grano. Los estudiosos sugieren lo que eso deja ver: aquel
hombre no tenía el precio entero. Rebuscó en la casa, sacó lo
que le quedaba en la despensa, y así llegó al monto.

Y fíjate qué grano llevó. Cebada. No trigo. La cebada era el
grano barato, el de la ración del esclavo.

Aquí está lo que estremece, y es algo que los comentaristas
vienen señalando desde hace siglos. En la ley de Moisés, cuando
un hombre sospechaba que su esposa le había sido infiel, tenía
que llevarla ante el sacerdote con una ofrenda muy específica:
harina de cebada. Sin aceite y sin incienso, sin nada de lo que
endulzaba las demás ofrendas. Y el texto explica por qué: era
"ofrenda recordativa, que trae a la memoria el pecado"
(Números 5:15).

La cebada era el grano de la acusación.

Ese hombre llegó al mercado cargando en el hombro, literalmente,
aquello con lo que la ley lo autorizaba a acusarla.

Y no lo usó para acusarla. Lo usó para pagar su libertad.

Con lo que tenía derecho a condenarla, la compró de vuelta.

Y eso es exactamente lo que Dios hizo con nosotros. Nosotros
teníamos una acusación en contra. Un expediente. Una cuenta con
nuestro nombre. Y Él no la usó para condenarnos: la clavó en una
cruz y la convirtió en el recibo de nuestra libertad
(Colosenses 2:13-14).

Este domingo cerramos la serie «La Media Vuelta» con la parte
que no alcanzamos a predicar. Y vamos a hablar del rocío.

Porque ninguna planta ha fabricado jamás una gota de su propio
rocío. El rocío no es lluvia: la lluvia se ve venir, hay nubes,
hay truenos, uno se prepara. El rocío no. Cae de madrugada, en
silencio, cuando todo el mundo está durmiendo. No se anuncia, no
se pide, no se programa. Y cae sobre la hierba verde y sobre la
seca por igual. Al amanecer, esa planta que estaba reseca
amanece mojada... y no hizo absolutamente nada.

Si llevas años tratando de fabricar el tuyo —con promesas, con
disciplina, apretando la mandíbula cada primero de enero— y
sigues seco, no es que no lo hayas intentado. Es que lo
intentaste con lo único que tenías: contigo mismo.

Y si dejaste de venir porque te dio pena volver a pasar por lo
mismo, óyeme bien: tu asiento está donde lo dejaste. No se lo
dimos a nadie.

Vuelve. Aunque sea la vez número cien.

🗓 Domingo 23 de agosto de 2026 · 11:00 AM
📍 Casa de Fe · 4308 West Davis Street, Conroe, TX 77304
📖 Oseas 14 · Salmo 51 · Colosenses 2
🎙 Predica el Pastor Frank Acosta

Te esperamos. Y si mientras leías se te vino alguien a la mente
—alguien que dejó de venir y no sabes cómo invitarlo—, mándale
este mensaje. No tienes que explicarle nada ni preguntarle por
qué se fue. Solo: "te extraño, y aquí tienes tu lugar".

08/21/2026

El pueblo de Israel le pregunta a Dios, en el fondo, "¿qué más quieres de nosotros?" Y le ofrecen sacrificios cada vez más grandes, como quien intenta comprar la paz. La respuesta de Dios por medio de Miqueas es desarmante: ya se te dijo lo que es bueno. Practicar la justicia, amar la misericordia y humillarte ante tu Dios.
Tres cosas, ninguna de ellas ceremonial. Practicar la justicia es hacer lo correcto también cuando nadie mira y defender al que no tiene quién lo defienda. Amar la misericordia es tratar a los demás como Dios te ha tratado a ti. Humillarte ante Dios es reconocer, cada día, que no eres el dueño de tu vida.
Nuestra tradición wesleyana insistió siempre en esto: no hay santidad personal sin santidad social. La fe que no se ve en cómo tratas a tu vecino, a tu empleado, al que llegó ayer al país, no ha bajado del corazón a las manos.
Hoy, escoge una de las tres y vívela en algo concreto. Cristo ya la vivió por completo para hacerte posible seguirle.
Fe con manos. Casa de Fe · Conroe, TX 🤍 Facebook: facebook.com/CasaDeFeConroe · Instagram: instagram.com/casadefeconroe

08/18/2026

En 1980, en un hospital de Greensboro, Carolina del Norte, dos
investigadores se hicieron una pregunta que sonaba imposible de
contestar:

¿un recién nacido reconoce a su mamá?

El problema no era la pregunta. Era cómo hacérsela. Un bebé de
dos días no habla, casi no ve y no puede levantar la mano.

Así que inventaron algo.

Grabaron a cada mamá leyendo en voz alta un cuento infantil
durante veinticinco minutos. Y grabaron también a otra mujer
leyendo exactamente lo mismo.

Después acostaron al bebé, le pusieron unos audífonos y le
dieron un chupón. Pero ese chupón estaba conectado a una
máquina: si el bebé succionaba de una manera, sonaba la voz de
su mamá; si succionaba de otra, sonaba la voz de la
desconocida.

Nadie le enseñó nada. Ni siquiera la asistente que sostenía el
chupón sabía cuál voz estaba sonando, para que no influyera sin
querer.

Diez bebés. Todos con menos de tres días de nacidos.

Ocho de los diez cambiaron su manera de succionar para escuchar
a su mamá.

Y como los investigadores son gente desconfiada, al día
siguiente probaron otra vez con cuatro de ellos — pero
invirtieron las reglas. Ahora, para escuchar a mamá, había que
succionar al revés de como había funcionado el día anterior.

Los cuatro se cambiaron.

Los resultados se publicaron en la revista Science en junio de
1980, con un título precioso: «Del vínculo humano: los recién
nacidos prefieren la voz de sus madres».

Pero falta el detalle que a mí me dejó sentado, y está
escondido en el mismo artículo.

Esos bebés no estaban en el cuarto con su mamá. Estaban en una
sala cuna colectiva, cuidados por el personal del hospital, y
la veían solo a las horas de comer. Los autores lo calcularon y
lo escribieron: esos bebés habían tenido, cuando mucho, doce
horas de contacto con su madre desde que nacieron.

Doce horas. Y ya la reconocían.

¿De dónde sacó ese bebé el reconocimiento, si apenas la había
visto?

De antes.

De los meses en que esa voz fue el ruido de fondo de su mundo,
mientras ella cocinaba, discutía, cantaba, rezaba y se reía por
teléfono. Él no entendía una sola palabra… pero estaba metido
adentro de esa voz.

Años después, uno de esos investigadores lo confirmó con otro
estudio: unas mujeres embarazadas leyeron en voz alta un mismo
cuento, dos veces al día, durante las últimas semanas del
embarazo. Cuando nacieron esos bebés, succionaban para escuchar
ese cuento. No otro. Ese.

Ese bebé reconoció la voz antes de haber visto la cara. Y no
porque alguien le enseñara a distinguirla. No tomó un curso. No
aplicó un método.

La reconoció porque vivió adentro de ella.

Este miércoles, en el Aposento Alto, empezamos «Andar en el
Espíritu». Durante semanas descubrimos quién es el Espíritu
Santo; ahora empezamos a aprender cómo se vive con Él. Y
arrancamos por la pregunta que aprieta el pecho: ¿cómo sé si
fue Él… o fui yo?

Le vamos a dar respuesta con la Biblia en la mano, y te vas a
llevar una herramienta concreta para esta semana.

Venga. Y traiga a alguien que lleve meses paralizado frente a
una decisión.

🗓 Miércoles 19 de agosto · 7:00 PM (Aposento Alto)
📍 Casa de Fe — 4308 West Davis Street, Conroe, TX 77304
📖 Juan 10:27 · Juan 16:13 · 1 Juan 4:1 (NVI)
🎙 Predica el Pastor Frank Acosta

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equivocarse en el nombre de Dios. Y si no puede acompañarnos en
persona, transmitimos en vivo por YouTube.

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