03/29/2026
Un día como hoy-
Domingo, año 30 d.C.
El Señor Jesús comenzaría un viaje sin regreso que cambiaría la historia de la humanidad y transformaría radicalmente a todo el que cree en él.
Después de tres años de ministerio llevando el Evangelio a todas las aldeas de la región, de hacer milagros, de confrontar a los fariseos y escribas, de predicar todo lo concerniente al reino; Jesús finalmente se prepara para entrar a Jerusalén diciendo a sus discípulos:
“Id a la aldea que está enfrente de vosotros, y enseguida encontraréis un asna atada y un pollino con ella; desatadla y traédmelos. Y si alguien os dice algo, decid: «El Señor los necesita»; y enseguida los enviará”. (Mateo 21:2-3)
Esto es para que se cumpliera lo dicho por el profeta Zacarías (9:9) acerca de la llegada del Mesías, el Salvador.
Los discípulos obedecen y traen al a**o. Jesús lo m***a y al entrar a la ciudad, algunas personas tendieron sus mantos y otros usaban palmas mientras el a**o avanzaba. La gente estaba emocionada, contenta gritando: ¡Hosanna! Bendito el que viene en el nombre del Señor; Bendito el reino de nuestro padre David que viene; ¡Hosanna en las alturas! (Marcos 11:9-10).
Estas acciones aluden a actos de importancia donde se reconocía la realeza como en 1 Reyes 1:32-33 “Entonces el rey David dijo: Llamadme al sacerdote Sadoc, al profeta Natán y a Benaía, hijo de Joiada. Ellos entraron a la presencia del rey, y el rey les dijo: Tomad con vosotros a los siervos de vuestro señor, haced m***ar a mi hijo Salomón en mi propia mula y bajadle a Gihón”.
Jesús estaba siendo reconocido como Rey, como Salvador, como el Mesías pero, al mismo tiempo, había otros, entre ellos los fariseos que instaban a Jesús para que reprendiera a sus discípulos pero el responde: “Si estos callan, las piedras clamarán”. (Lucas 19:40)
Estaban presentes, pero no escuchaban, no veían, no se daban cuenta que el Salvador estaba mas cerca de lo que ellos pensaban. Muchos de los que “celebraban” al Salvador del mundo unos días después clamarían: “¡crucificadle!”. Otros, los que creyeron en él, lo abandonarían y se ocultarían.
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Implicaciones Prácticas
1. Jesús no es el Rey que ellos esperaban. Jesús no necesitaba de ejército, de armas, de fuerza. El propósito de Jesús era salvar pecadores de las manos de un Dios airado.
2. Que nuestra alabanza no sea temporal, sino que continúe día a día reconociendo que Jesús es el Rey de Reyes y Señor de Señores.
3. ¡¡Hosana!! No solamente porque reconocemos a Jesús como Rey sino también porque el es nuestro Salvador.
-SV
Soli Deo Gloria.