04/18/2026
🌷🌷🌷𝙀́𝙡 𝙣𝙤 𝙨𝙚 𝙖𝙨𝙪𝙨𝙩𝙖 𝙙𝙚 𝙩𝙪 𝙘𝙖𝙤s.
“Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar.” Mateo 11:28
¿Alguna vez has llegado a un tiempo de oración y lo primero que has sentido es vergüenza?
No vergüenza de algo que hiciste hace años. Vergüenza de hoy. De cómo respondiste esta mañana. De lo que pensaste de esa amiga. De los celos que sentiste y que no querías sentir. De la manera en que le hablaste a tus hijos cuando ya no podías más.
𝗬 𝗲𝗻𝘁𝗼𝗻𝗰𝗲𝘀 𝗹𝗹𝗲𝗴𝗮𝘀 𝗮𝗻𝘁𝗲 𝗗𝗶𝗼𝘀 𝘆 𝗱𝗶𝗰𝗲𝘀: “𝗦𝗲𝗻̃𝗼𝗿, 𝗽𝗲𝗿𝗱𝗼́𝗻𝗮𝗺𝗲… 𝗻𝗼 𝗱𝗲𝗯𝗲𝗿𝛊́𝗮 𝘃𝗲𝗻𝗶𝗿 𝗮𝘀𝛊́.”
Quiero decirte algo hoy, con mucho cariño: esa voz que te dice que primero te ordenes para poder acercarte a Dios, no es Su voz. Es la voz del enemigo usando tu propia conciencia como arma. 𝘿𝙞𝙤𝙨 𝙣𝙤 𝙨𝙚 𝙖𝙨𝙪𝙨𝙩𝙖 𝙙𝙚 𝙩𝙪 𝙘𝙖𝙤𝙨. 𝙀́𝙡 𝙚𝙣𝙩𝙧𝙖 𝙥𝙖𝙧𝙖 𝙤𝙧𝙙𝙚𝙣𝙖𝙧𝙡𝙤. Tú no eres la excepción. Eres precisamente a quien Él llama. Hablemos entre nosotras con honestidad.
𝑯𝒂𝒚 𝒅𝜾́𝒂𝒔 en que eres una esposa que no fue paciente, que respondió mal, que cargó resentimientos en silencio o que simplemente ya no sabe cómo conectar con el hombre con quien se casó.
𝑯𝒂𝒚 𝒅𝜾́𝒂𝒔 en que eres una mamá saturada saturada de ruido, de demandas, de culpa, de intentar hacerlo todo bien y sentir que no le alcanza a nadie. Que los abraza cansada. Que a veces cuenta las horas para que se duerman.
𝑯𝒂𝒚 𝒅𝜾́𝒂𝒔 en que eres una amiga con fallas que no llamó cuando debía, que juzgó antes de entender, que no estuvo en el momento que más importaba.
𝑯𝒂𝒚 𝒅𝜾́𝒂𝒔 en que eres una hermana con celos sí, dentro de la iglesia, dentro de la fe. Celos del ministerio de otra, de su matrimonio, de su aparente estabilidad. Y eso te da vergüenza, porque “no debería sentir esto.”
𝗬 𝗲𝗻 𝘁𝗼𝗱𝗼𝘀 𝗲𝘀𝗼𝘀 𝗱𝛊́𝗮𝘀, 𝗹𝗮 𝗶𝗻𝘃𝗶𝘁𝗮𝗰𝗶𝗼́𝗻 𝗱𝗲 𝗝𝗲𝘀𝘂́𝘀 𝘀𝗶𝗴𝘂𝗲 𝘀𝗶𝗲𝗻𝗱𝗼 𝗹𝗮 𝗺𝗶𝘀𝗺𝗮: 𝗩𝗲𝗻. 𝗡𝗼 “𝘃𝗲𝗻 𝗰𝘂𝗮𝗻𝗱𝗼 𝗲𝘀𝘁𝗲́𝘀 𝗺𝗲𝗷𝗼𝗿.” 𝗡𝗼 “𝘃𝗲𝗻 𝗰𝘂𝗮𝗻𝗱𝗼 𝗹𝗼 𝗵𝗮𝘆𝗮𝘀 𝗿𝗲𝘀𝘂𝗲𝗹𝘁𝗼.” 𝗦𝗼𝗹𝗼: 𝘃𝗲𝗻.
𝖫𝖺 𝖡𝗂𝖻𝗅𝗂𝖺 𝗇𝗈 𝗇𝗈𝗌 𝗆𝗎𝖾𝗌𝗍𝗋𝖺 𝗁𝖾́𝗋𝗈𝖾𝗌. Nos muestra personas reales como tú y como yo. La mujer con flujo de sangre (Marcos 5) no llegó con fe madura y teología sólida. Llegó desesperada, empujando entre la multitud, pensando: “Si al menos toco Su manto…” Jesús no la corrigió. La llamó hija y la sanó. La mujer samaritana (Juan 4) llegó con cinco matrimonios rotos y una reputación destruida. Jesús no empezó con un sermón sobre su pecado. Empezó pidiéndole agua. La trató con una dignidad que nadie le había dado en años.
𝗠𝗶 𝗾𝘂𝗲𝗿𝗶𝗱𝗮 𝗵𝗲𝗿𝗺𝗮𝗻𝗮, 𝗲𝗹 𝗰𝗮𝗼𝘀 𝗻𝗼 𝘁𝗲 𝗱𝗲𝘀𝗰𝗮𝗹𝗶𝗳𝗶𝗰𝗮. 𝗘𝘀 𝗲𝗹 𝗲𝘀𝗰𝗲𝗻𝗮𝗿𝗶𝗼 𝗱𝗼𝗻𝗱𝗲 𝗦𝘂 𝗴𝗹𝗼𝗿𝗶𝗮 𝘀𝗲 𝗵𝗮𝗰𝗲 𝘃𝗶𝘀𝗶𝗯𝗹𝗲.
Aquí está la verdad que quiero que te lleves hoy:
No es a pesar de tu imperfección que Dios puede usarte. Es precisamente ahí donde Su gloria se ve.
𝗨𝗻𝗮 𝗲𝘀𝗽𝗼𝘀𝗮 𝗾𝘂𝗲 𝗻𝗼 𝗹𝗼 𝘁𝗶𝗲𝗻𝗲 𝘁𝗼𝗱𝗼 𝗿𝗲𝘀𝘂𝗲𝗹𝘁𝗼 𝗽𝗲𝗿𝗼 𝗾𝘂𝗲 𝗰𝗼𝗿𝗿𝗲 𝗮 𝗹𝗼𝘀 𝗽𝗶𝗲𝘀 𝗱𝗲 𝗝𝗲𝘀𝘂́𝘀 𝗰𝗮𝗱𝗮 𝗺𝗮𝗻̃𝗮𝗻𝗮, 𝗲𝘀𝗼 𝘁𝗿𝗮𝗻𝘀𝗳𝗼𝗿𝗺𝗮 𝘂𝗻 𝗵𝗼𝗴𝗮𝗿. 𝗨𝗻𝗮 𝗺𝗮𝗺𝗮́ 𝘀𝗮𝘁𝘂𝗿𝗮𝗱𝗮 𝗾𝘂𝗲 𝗲𝗻 𝗺𝗲𝗱𝗶𝗼 𝗱𝗲𝗹 𝗰𝗮𝗼𝘀 𝗹𝗲 𝗱𝗶𝗰𝗲 𝗮 𝘀𝘂𝘀 𝗵𝗶𝗷𝗼𝘀 “𝗼𝗿𝗲́ 𝗽𝗼𝗿 𝘂𝘀𝘁𝗲𝗱𝗲𝘀 𝗵𝗼𝘆”, 𝗲𝘀𝗼 𝗺𝗮𝗿𝗰𝗮 𝗴𝗲𝗻𝗲𝗿𝗮𝗰𝗶𝗼𝗻𝗲𝘀. 𝗨𝗻𝗮 𝗮𝗺𝗶𝗴𝗮 𝗰𝗼𝗻 𝗳𝗮𝗹𝗹𝗮𝘀 𝗾𝘂𝗲 𝗽𝗶𝗱𝗲 𝗽𝗲𝗿𝗱𝗼́𝗻 𝗰𝗼𝗻 𝗵𝘂𝗺𝗶𝗹𝗱𝗮𝗱, 𝗲𝘀𝗼 𝘀𝗮𝗻𝗮 𝘃𝛊́𝗻𝗰𝘂𝗹𝗼𝘀 𝗾𝘂𝗲 𝗲𝗹 𝗼𝗿𝗴𝘂𝗹𝗹𝗼 𝗻𝘂𝗻𝗰𝗮 𝗽𝗼𝗱𝗿𝛊́𝗮 𝘀𝗮𝗻𝗮𝗿. 𝗨𝗻𝗮 𝗵𝗲𝗿𝗺𝗮𝗻𝗮 𝗾𝘂𝗲 𝗰𝗼𝗻𝗳𝗶𝗲𝘀𝗮 𝘀𝘂𝘀 𝗰𝗲𝗹𝗼𝘀 𝘆 𝗲𝗹𝗶𝗴𝗲 𝗰𝗲𝗹𝗲𝗯𝗿𝗮𝗿 𝗮 𝗹𝗮 𝗼𝘁𝗿𝗮, 𝗲𝘀𝗼 𝗲𝘀 𝗴𝘂𝗲𝗿𝗿𝗮 𝗲𝘀𝗽𝗶𝗿𝗶𝘁𝘂𝗮𝗹 𝗴𝗮𝗻𝗮𝗱𝗮.
La gloria de Dios no brilla en las vidas perfectas. Brilla en las vidas rendidas. “Y me ha dicho: Bástate mi gracia; porque mi poder se perfecciona en la debilidad.” 2 Corintios 12:9
Como podemos aplicar este mensaje a nuestra vida: No te pido que lo resuelvas todo. Te pido tres cosas pequeñas.
🌷Primero. Ven como estás. Abre tu tiempo de oración sin el discurso de disculpa. Solo di: “Aquí estoy, Señor.” Él ya sabe el resto.
🌷🌷Segundo. Nombra el caos honestamente. No lo embellezas, no lo minimizas. Si hubo celos, dices celos. Si hubo dureza, dices dureza. La confesión específica abre puertas que la confesión general deja cerradas.
🌷🌷🌷Tercero. Recibe, no solo pidas. Después de confesar, quédate quieta un momento. No corras a la siguiente petición. Deja que Su presencia te cubra. Eso es lo que sana el caos interno no la resolución, sino Su presencia.
Gracias por llegar al final y juntas tener esta lectura, espero que haya sido de mucha bendición para tu vida.
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