12/13/2025
Nuestra esperanza está viva, porque nuestro Dios reina.
En Minnesota, muchas familias —especialmente en la comunidad inmigrante— caminan con incertidumbre, presión, temor y cansancio. Las noticias pesan, las decisiones no siempre son claras, y el futuro a veces parece frágil. No negamos la realidad: hay preocupación, hay dolor, hay preguntas sin respuesta.
Pero tampoco olvidamos una verdad eterna: Dios sigue en control.
Jesús nos recordó algo profundamente consolador cuando dijo:
“Considerad los cuervos, que ni siembran ni siegan… y Dios los alimenta. ¿No valéis vosotros mucho más que las aves?”
(Lucas 12:24)
Y también dijo:
“Considerad los lirios, cómo crecen… ni aun Salomón con toda su gloria se vistió como uno de ellos. Pues si Dios viste así la hierba que hoy está en el campo… ¿cuánto más a vosotros?”
(Lucas 12:27–28)
Estas palabras no niegan las dificultades, pero nos recuerdan algo esencial: si Dios cuida de lo pequeño, cuánto más cuidará de sus hijos.
La Escritura también nos exhorta con una promesa poderosa:
“Humillaos, pues, bajo la poderosa mano de Dios, para que él os exalte cuando fuere tiempo; echando toda vuestra ansiedad sobre él, porque él tiene cuidado de vosotros.”
(1 Pedro 5:6–7)
Hoy somos llamados a vivir una fe firme pero humilde.
A estar de pie ante la adversidad, sin rendirnos.
A ser fuertes, trabajadores y valientes, pero siempre reconociendo que nuestra seguridad no está en sistemas humanos, sino en la mano soberana de Dios.
Humildad no es debilidad; es confianza total.
Es avanzar sin arrogancia, resistir sin amargura y esperar sin desesperación.
Dios ve. Dios sabe. Dios cuida.
Y en Su tiempo perfecto, Él sostiene, guía y levanta.
No caminamos solos.
No estamos olvidados.
Nuestra esperanza está viva, porque nuestro Dios reina.