04/16/2026
El bautismo no es solo un acto simbólico, es una decisión profunda que nace de un corazón que ha reconocido su necesidad de Dios. Cuando un cristiano se bautiza con conciencia de pecado, no lo hace desde la culpa, sino desde la esperanza: entendiendo que en Cristo hay perdón, restauración y una nueva vida.
Sumergirse en las aguas representa dejar atrás lo viejo—errores, cargas, pecados—y levantarse de ellas es un testimonio vivo de que hemos sido hechos nuevos. Es decirle al mundo: “Ya no vivo yo, sino que Cristo vive en mí”. Es un acto de fe, de obediencia y de amor.
Este domingo será un día muy especial, porque seremos testigos de vidas que han decidido dar ese paso valiente. Personas que han reconocido el llamado de Dios en sus corazones y han respondido con fe. El cielo se alegra por cada uno de ellos, y nosotros también celebramos, porque cada bautismo es una historia de gracia, de transformación y de propósito.
Que este momento nos recuerde que todos hemos sido llamados a vivir en esa misma entrega, renovando cada día nuestro compromiso con Dios. 💧