09/09/2026
Hermosas alabanzas llena de palabra, poder y unción
¿Sabías que antes de que existieran Bethel Music, Hillsong y otros ministerios de música contemporánea, las congregaciones pentecostales hispanas ya entonaban Himnos de Gloria?
Sus páginas acompañaron a generaciones de creyentes en pequeños templos, campañas al aire libre y reuniones de oración. A través de sus letras, la iglesia adoraba a Dios, aprendía doctrina y compartía su esperanza en Cristo.
Detrás de este himnario estuvo H. C. Ball, un pastor y misionero estadounidense de trasfondo metodista, ordenado por las Asambleas de Dios en 1915. Ball dedicó su ministerio a fortalecer las congregaciones hispanas y comprendió que necesitaban literatura bíblica y cantos de adoración en su propio idioma.
En 1916 recopiló y editó Himnos de Gloria, uno de los primeros himnarios pentecostales en español. Su primera edición contenía apenas 125 cantos, muchos de ellos traducciones de himnos metodistas y protestantes tradicionales. Esta herencia musical encontró una nueva expresión entre los creyentes del naciente movimiento pentecostal hispano.
Desde sus humildes comienzos en Texas, el himnario cruzó fronteras. Para finales de la década de 1920 ya era utilizado por iglesias en Guatemala y Perú. Hacia 1931, miles de ejemplares circulaban por diferentes lugares de América Latina. Su distribución también contribuyó al desarrollo de la obra editorial de Ball, vinculada con la Casa Evangélica de Publicaciones y, posteriormente, Editorial Vida.
El valor de Himnos de Gloria iba mucho más allá de acompañar un culto. Para creyentes que no siempre tenían acceso a una educación formal, sus letras ayudaban a recordar verdades bíblicas y principios de la vida cristiana. La doctrina se aprendía también mediante melodías que podían llevar consigo al hogar, al trabajo y a la siguiente reunión de oración.
En medio de la discriminación que sufrían los hispanos en Texas, el canto congregacional también ofrecía un espacio de dignidad y participación. Trabajadores de los campos, aserraderos y cocinas podían levantar juntos sus voces, compartir su fe y participar activamente en la vida de la iglesia.
Recordar Himnos de Gloria es reconocer una parte importante de nuestra herencia pentecostal. Mucho antes de las grandes producciones musicales y las plataformas digitales, ya había un pueblo que cantaba con fervor, proclamaba el evangelio y transmitía su fe de generación en generación.