06/05/2026
“In an attempt to go beyond the crucifixion, as an act of love, he left us his body and blood as spiritual food for the journey. Christ became the living bread and the cup of salvation.. This Sunday we celebrate Corpus Christi, and Father Claudio Diaz Jr. writes about that in his new column. Read it here: https://www.catolicoperiodico.com/.../corpus-christi-%C2...
Photo: Karen Callaway/Catholic
Padre Claudio DĂaz Jr
Corpus Christi: ¡seamos EucaristĂa!
Thursday, June 4, 2026
En este mes celebramos la Solemnidad del Corpus Christi. Rendimos especial homenaje al don más preciado de Dios para nosotros, Cristo en la EucaristĂa. La noche antes de morir tomĂł pan, dando gracias y alabanza, lo partiĂł, se lo dio a sus discĂpulos y dijo: “Tomad y comed todos de Ă©l. Este es mi cuerpo que será entregado por ustedes”. En un intento de ir más allá de la crucifixiĂłn, como un acto de amor, nos dejĂł su cuerpo y su sangre como alimento espiritual para el viaje. Cristo se convirtiĂł en el pan vivo y la copa de la salvaciĂłn. Esto fue para consternaciĂłn de muchos.
Este no es el Dios aristotĂ©lico, indiferente, frĂo, inalcanzable y distante. Este no es el dios azteca insaciable que exige un sacrificio de sangre tras otro ni el dios del Antiguo Testamento tan terrible e intimidante. Este es nuestro Dios, cerca de nuestra humanidad y de nuestra realidad. En el misterio de la EncarnaciĂłn Dios se hizo carne y puso Su tienda entre nosotros. Y de esa tienda escogiĂł la más humilde de las formas para permanecer con Su pueblo, las formas de pan y vino. Y a esto le llamamos EucaristĂa.
Hasta el dĂa de hoy, este don eucarĂstico ha permanecido entre nosotros. La gente ha intentado definirlo o redefinirlo, cambiarlo, actualizarlo e incluso han intentado rechazarlo. Aceptar que las formas perecederas de pan y vino pueden llegar a ser por la acciĂłn del EspĂritu Santo, a travĂ©s de las manos de los sacerdotes de Dios, instrumentos falibles, es a la vez mentalmente perturbador y un misterio.
No podemos controlarlo y no podemos definirlo completamente. Pero si alguna vez dudamos de la presencia real de Cristo en la EucaristĂa basta con mirar los resultados de la misma, mira las muchas vidas que han sido cambiadas, elevadas y redimidas. Mira a las muchas personas que han regresado a amar a Dios a causa de este don. Mira aquĂ entre nosotros la diversidad de personas, nacionalidades, edades, etnias, niveles econĂłmicos y asĂ sucesivamente que se convierten en uno en la celebraciĂłn de esta comida eucarĂstica.
Como peregrinos en el camino sufrimos muchas hambres, pero la mayor hambre de todas es nuestra hambre de Dios. La EucaristĂa nos llama a ser hermanos y hermanas en busca del Dios viviente cuando nos perdonamos los unos a los otros, cuando nos apoyamos los unos a los otros, cuando nos amamos los unos a los otros. Debemos salir y compartir este don con los demás, llegando a ser presencia sanadora y apoyando a los demás de los que nos ayudan. SĂłlo asĂ podemos llegar a ser pan para los demás, sĂłlo asĂ podemos llegar a ser EucaristĂa.