06/06/2026
Cuando comenzamos a sentir que ir a la iglesia pesa, que predicar pesa y que ya no fluye desde el corazón de Dios sino desde el conocimiento humano, debemos detenernos y examinar nuestro corazón.
Cuando ir a predicar a otra iglesia se convierte más en búsqueda de ofrenda, reconocimiento o fama que en el deseo de atraer al pueblo al Padre, algo dentro de nosotros necesita ser restaurado.
Cuando cantar o dirigir la adoración en la iglesia deja de ser una ministracion a Dios y se vuelve solamente cumplir con dos canciones lentas y dos rápidas, hemos perdido la esencia.
Lo que hacemos para Dios NUNCA debería sentirse como una carga ni como una obligación.
Pero cuando nos sentimos así es porque estamos haciendo las cosas “aunque es para Dios” en la CARNE a nuestra manera y a nuestro ritmo, tarde o temprano ese peso nos alcanza.
Cuando las cosas “dejan de sentirse correctas” es porque fueron nacieron no del espíritu, fueron construidas por nosotros y no guiadas verdaderamente por el Señor.
Si hemos llegado a sentirnos así, que Dios nos libere de hacer las cosas como nosotros queremos, para aprender a hacerlas como Él quiere. Que vuelva el primer amor, la sensibilidad a Su presencia y el honor de servirle con un corazón sincero.
Servir a Dios debe nacer del amor, no de la presión; de la intimidad, no de la rutina.