Ministerio Hispano Parroquia La Encarnación

Ministerio Hispano Parroquia La Encarnación Horarios de Misas:
Lunes a Viernes: 12:15 pm Ing. Martes a Jueves: 5:30 pm Esp. Viernes: 7:30 pm Esp. Sábados: 9:00 am Bilingüe - 5:30 pm Ing.

Domingos: 9:00 am - 11:30 am Ingles & 7:00 am - 1:30 pm Español Inicios de la Misa en Español en la Parroquia
La Iglesia de la Encarnación abrió las puertas al Ministerio Hispano el día 4 de Marzo del 2001. En el transcurso del tiempo ha sido increíble cuánto hemos avanzado y crecido. En el principio nos sentíamos confiados de poder preparar a los líderes y En las fotos se pueden ver algunos de nu

estros servidores en los inicios. De poder preparar a los que se unían a servir en algún ministerio Litúrgico. Por gracia de Dios y por obra del Espíritu Santo quien es el que guía la Santa Iglesia Católica llevándola hacia adelante al cumplimiento divino, nuestro querido Párroco Pd. Gregory Kandt, nos permitió la libertad de trabajar en Pastoral de conjunto para mantener esta comunidad adelante. Actualmente indudablemente hemos notado el crecimiento que existe en esta comunidad. Mirando hacia atrás 19 años y recordar los cimientos y a todos esos fuertes pilares que trabajaron arduamente en la formación de esta comunidad solo nos queda reconocer que había una fuerza mayor que se movía y la guiaba y fortalecía. Dios nos ha bendecido a manos llenas!

06/10/2026

MEDITACIÓN: 1 REYES 18, 20-39

Bajó el fuego del Señor y consumió la víctima destinada al holocausto. (1 Reyes 18, 38)

En 2013, los historiadores confirmaron una realidad lúgubre: los adoradores fenicios de Baal, como los de la primera lectura de hoy, probablemente practicaban el sacrificio de niños. Esto nos ofrece un escalofriante contexto para el relato que leemos hoy. Cuando Elías subió al Monte Carmelo y convocó a los profetas de Baal, no estaba simplemente desafiando una opinión religiosa diferente. Estaba confrontando a los poderes de las tinieblas que se habían infiltrado en la tierra de Israel y que una parte del pueblo de Dios había adoptado.

Esta dramática confrontación alcanzó su punto más alto cuando Dios envió fuego a consumir el sacrificio que Elías primero había empapado con agua. Superando todas las expectativas e incluso desafiando las leyes de la física, el Señor demostró que había aceptado el sacrificio de Elías, y no el de los profetas de Baal. Al ver la repentina explosión de fuego, el pueblo exclamó: “El Señor es el Dios verdadero” (1 Reyes 18, 39).

Cuando Elías preparó el sacrificio, no estaba simplemente preparando el escenario para probar la existencia de Dios. Él estaba representando a un pueblo que se había alejado de su verdadero propósito. Su ofrenda era un sacrificio de arrepentimiento en nombre del pueblo con la esperanza de que una demostración del poder de Dios les ayudara a “cambiar los corazones” (1 Reyes 18, 37). No fueron los pecados de los seguidores de Baal los que motivaron al Señor a enviar el fuego. Fue la ofrenda de intercesión hecha por su poderoso profeta.

Nuestro mundo no es tan diferente del de Elías. Las atrocidades violentas dominan los titulares de las noticias. En un mundo con tanta injusticia, es fácil preguntarse por qué simplemente Dios no viene y destruye a todos los que hacen el mal para que los justos puedan vivir en paz.

Pero mira el fuego en el Carmelo, y verás algo diferente. Verás a Dios aceptando tus ofrendas tal como aceptó la de Elías. Verás su fuego rodeando tus oraciones, tus actos de obediencia y los sacrificios que haces para servir a su pueblo. El Señor nunca rechaza la ofrenda de un corazón que quiere amarlo a él.

“Aquí estoy, Padre; te ofrezco mis pensamientos, mis palabras y mis acciones —mi propia vida— como un sacrificio de alabanza.”

Salmo 16 (15), 1-2.4-5. 8.11
Mateo 5, 17-19

06/10/2026

Lectura del Santo Evangelio según San Mateo 5, 17-19

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “No crean que he venido a abolir la ley o los profetas; no he venido a abolirlos, sino a darles plenitud. Yo les aseguro que antes se acabarán el cielo y la tierra, que deje de cumplirse hasta la más pequeña letra o coma de la ley.

Por lo tanto, el que quebrante uno de estos preceptos menores y enseñe eso a los hombres, será el menor en el Reino de los cielos; pero el que los cumpla y los enseñe, será grande en el Reino de los cielos’’.


Palabra del Señor.

06/09/2026

Daily Mass / Misa Diaria

06/09/2026

MEDITACIÓN: MATEO 5, 13-16

Ustedes son la sal de la tierra. (Mateo 5, 13)

San Juan Pablo II les dijo a los peregrinos reunidos en la Jornada Mundial de la Juventud en el año 2000: “Es a Jesús a quien buscan cuando sueñan la felicidad; es Él quien los espera cuando no los satisface nada de lo que encuentran.”

En el Evangelio de hoy, Jesús les dice a sus discípulos cómo pueden ayudar a las personas a encontrar a quien satisface su anhelo más profundo. Afirma que ellos son “la sal de la tierra” (Mateo 5, 13). Les dice que una persona “santa” —un discípulo de Jesús— trae sabor y vida al mundo; refleja la bondad de Dios cuando es el hombre o la mujer que Dios deseaba que fueran al crearlos.

¡Esta es una perspectiva de la santidad completamente distinta! Cuando pensamos en los santos, pensamos: “Yo jamás podría ser así”. Con sus obras heroicas y su autonegación y sufrimiento, se parecen más a Jesús que a nosotros.

Pero es importante recordar que Jesús dirigió estas palabras a sus apóstoles y a la multitud que los rodeaba. Se las dijo a hombres y mujeres comunes y corrientes como nosotros. Eso significa que todos podemos ser “sal de la tierra” (Mateo 5, 13). Al “perder” nuestra vida y seguir a Jesús, podemos “encontrar” una vida más animada, entusiasta y “sabrosa” creciendo en nuestro corazón. Nos volvemos más generosos con nuestro tiempo y nuestros recursos. Somos más misericordiosos y bondadosos con quienes nos rodean. Y demostramos la paz de Cristo incluso en tiempos de dificultad. Y esa nueva vida nos hace más atractivos frente a las demás personas.

Santo Tomás de Aquino escribió: “La gracia no destruye la naturaleza, sino que la perfecciona” (Suma de Teología). Ser santos no significa negar nuestra humanidad. Es la forma en que Dios nos creó para vivir. Su gracia santificadora se basa en la naturaleza y personalidad que ya tenemos, haciéndola más clara, más fuerte y más hermosa.

Sin Jesús, la vida puede ser una huida insípida, interminable y absurda del dolor y las dificultades. Pero con Jesús, la vida se vuelve una aventura con Dios que nos ama. Mientras caminamos a su lado, nos parecemos todavía más a él. Y eso nos permite ponerle más “sabor” a un mundo que anhela la vida.

“Señor, quiero parecerme más a ti, que eres la sal de la tierra.”

1 Reyes 17, 7-16
Salmo 4, 2-5.7-8

06/09/2026

Lectura del Santo Evangelio según San Mateo 5, 13-16

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “Ustedes son la sal de la tierra. Si la sal se vuelve insípida, ¿con qué se le devolverá el sabor? Ya no sirve para nada y se tira a la calle para que la pise la gente.

Ustedes son la luz del mundo. No se puede ocultar una ciudad construida en lo alto de un monte; y cuando se enciende una vela, no se esconde debajo de una olla, sino que se pone sobre un candelero, para que alumbre a todos los de la casa.

Que de igual manera brille la luz de ustedes ante los hombres, para que viendo las buenas obras que ustedes hacen, den gloria a su Padre, que está en los cielos’’.

Palabra del Señor.

06/08/2026
06/08/2026

MEDITACIÓN: MATEO 5, 1-12

Dichosos los limpios de corazón, porque verán a Dios. (Mateo 5, 8.)

Cuando Jesús, en el Evangelio de hoy, habla de que los limpios de corazón verán a Dios, se refiere al momento glorioso en el que los bienaventurados —todos los que han purificado su corazón— verán a Dios cara a cara. Esto es muy diferente a nuestra experiencia en esta vida. Todos sabemos lo que es que nuestra visión de Jesús se nuble a causa del pecado. Es como llevar anteojos que se manchan y se llenan de polvo y tierra.

Pero la promesa del evangelio es que podemos alejarnos del pecado. Podemos ser libres de su poder sobre nosotros. Y podemos ver a Dios con más claridad. Nuestro corazón se purificará un poco más; y encontraremos la gracia para actuar de un modo distinto, amar a Dios y amar a nuestro prójimo de una forma que nos prepare para verlo en el cielo.

Pero no solo nos purificamos aclarando nuestra visión; también lo hacemos fijando nuestros ojos en el Señor durante el día. Al mantenernos firmes en nuestra visión de Jesús, a pesar de lo nublada que pueda estar esa visión, el Espíritu Santo toma nuestros esfuerzos y los transforma con su divina gracia. Él nos ayuda para que nuestras intenciones estén alineadas con las de Dios y nos prepara para el cielo.

Este es un ejemplo de cómo este proceso de purificación puede desarrollarse en nuestra vida: digamos que eres arrastrado en un chisme del vecindario y te has descubierto diciendo cosas poco amables de las personas a sus espaldas. Entonces vas y confiesas tu pecado. La semana siguiente, escuchas a dos vecinos hablando sobre la persona que vive al final de la calle. La están criticando por no haber arrancado la maleza de su jardín.

Esta vez, en lugar de decir algo negativo, encuentras una forma de cambiar el tema. Quizás hasta haces un comentario positivo sobre el vecino con el jardín lleno de maleza. ¡Esa es la obra de Dios! Y gracias a que cooperaste con él, tu visión del Señor se aclara un poco y tu corazón se hace un poco más como el suyo.

Por eso, sigue limpiando tus anteojos espirituales y preguntándote: “¿Dónde veré hoy a Dios?”

“Señor Jesús, anhelo verte. Te pido que me ayudes a alejarme del pecado y que purifiques mi corazón mientras te contemplo.”

1 Reyes 17, 1-6
Salmo 121(120), 1-8

06/08/2026

Lectura del Santo Evangelio según San Mateo 5, 1-12

En aquel tiempo, cuando Jesús vio a la muchedumbre, subió al monte y se sentó. Entonces se le acercaron sus discípulos. Enseguida comenzó a enseñarles, hablándoles así:

"Dichosos los pobres de espíritu,
porque de ellos es el Reino de los cielos.
Dichosos los que lloran,
porque serán consolados.
Dichosos los sufridos,
porque heredarán la tierra.
Dichosos los que tienen hambre y sed de justicia,
porque serán saciados.
Dichosos los misericordiosos,
porque obtendrán misericordia.
Dichosos los limpios de corazón,
porque verán a Dios.
Dichosos los que trabajan por la paz,
porque se les llamará hijos de Dios.
Dichosos los perseguidos por causa de la justicia,
porque de ellos es el Reino de los cielos.
Dichosos serán ustedes cuando los injurien, los persigan y digan cosas falsas de ustedes por causa mía. Alégrense y salten de contento, porque su premio será grande en los cielos, puesto que de la misma manera persiguieron a los profetas que vivieron antes que ustedes".

Palabra del Señor.

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