09/08/2026
MEDITACIÓN: MATEO 1, 1-16.18-23
[Le] pondrán el nombre de Emmanuel, que quiere decir Dios-con-nosotros. (Mateo 1, 23)
Hay algo sorprendente de la fiesta de hoy de la natividad de la Virgen María. Por supuesto es una forma maravillosa de honrar a la Madre de Dios. Pero al celebrar su nacimiento, estamos también arrojando una luz sobre lo cercano que es su hijo, Jesús, a nosotros. Jesús no necesitaba una madre para venir al mundo. Pero decidió venir al mundo como nosotros en todas las cosas menos en el pecado. Y “todas las cosas” incluye ser concebido y nacer de una madre que, a su vez, nació y vivió una vida completamente humana.
El hecho de que María naciera en el seno de una familia humana nos dice que Jesús nació también en una familia humana. Jesús creció dentro de una red de relaciones personales que ayudaron a formar su naturaleza humana. Él tuvo padres y abuelos, tíos y tías y primos. Algunos de sus primos eran, en realidad, tan cercanos que eran como sus hermanos y hermanas (Marcos 6, 3). El Señor tenía características físicas y probablemente compartía con ellos sus gestos y formas de hablar. Junto con su familia seguía los ciclos normales de los nacimientos y de los cumpleaños, de bodas y de funerales o de grandes reuniones familiares, así como de momentos tranquilos en casa.
La carta a los Hebreos proclama que Jesús “no se avergüenza de llamarlos hermanos”, y eso se refiere a algo personal (Hebreos 2, 12). Debido a que él era parte de la familia de María, Jesús sabe de primera mano lo hermoso —y a veces difícil— que es pertenecer a otras personas de este modo.
Por eso al celebrar hoy el nacimiento de María, también celebramos a su hijo, Jesús, que es “Emmanuel, que quiere decir Dios-con-nosotros” (Mateo 1, 23). Y celebramos que él estará con nosotros en cada etapa de nuestra vida en la tierra, al igual que lo estuvo con su madre María y con toda su familia.
En oración, agradécele a la Virgen María por ser una madre tan buena y santa para Jesús. Y agradécele por vivir tan fielmente su doble llamado a criar al Hijo de Dios y a convertirse en la madre de todos los hermanos adoptados de Jesús.
“Santa María, gracias por recibir a Jesús —y a nosotros— en tu familia.”
Miqueas 5, 1-4
Salmo 13 (12), 6