06/17/2026
Nunca pensaste que podrías estar tan cerca de Jesús... y aun así perderlo para siempre.
Porque esa es la tragedia del ladrón que murió al lado de Cristo.
No estaba lejos.
No vivía en otro país.
No pertenecía a otra religión.
No era un ateo que nunca había escuchado hablar de Dios.
Estaba literalmente a unos metros del Salvador.
Podía verlo.
Podía escucharlo.
Podía observar cada palabra.
Y aun así murió sin aceptar la gracia que tenía delante de sus ojos.
Su historia aparece en Lucas 23:39-43.
Aquella tarde había tres cruces en el Calvario.
En el centro estaba Jesús.
A un lado, un ladrón que sería salvo.
Al otro lado, un ladrón que moriría perdido.
Los dos estaban sufriendo.
Los dos estaban muriendo.
Los dos habían cometido errores.
Los dos estaban viendo exactamente al mismo Jesús.
Y sin embargo terminaron con destinos completamente diferentes.
¿Por qué?
Porque no basta con estar cerca de Jesús.
Hay que rendirse a Él.
La Biblia dice que uno de los malhechores comenzó a insultarlo.
Y le dijo:
"Si tú eres el Cristo, sálvate a ti mismo y a nosotros."
A primera vista parece una petición de ayuda.
Pero en realidad era algo más profundo.
No estaba buscando salvación.
Estaba buscando conveniencia.
No quería un Salvador para su alma.
Quería una solución para su problema inmediato.
Quería bajar de la cruz.
No quería cambiar el corazón.
Y ahí encontramos una de las advertencias más serias de toda la Biblia.
Hay personas que quieren los beneficios de Cristo.
Pero no quieren a Cristo.
Quieren paz.
Quieren bendiciones.
Quieren protección.
Quieren ayuda.
Quieren respuestas.
Pero no quieren entregar su vida.
No quieren arrepentirse.
No quieren cambiar.
No quieren rendirse.
Y el ladrón representa exactamente esa actitud.
Lo más impresionante es que incluso en sus últimos minutos seguía justificándose.
No reconoció su pecado.
No reconoció quién era Jesús.
No reconoció su necesidad espiritual.
Su preocupación seguía siendo la misma:
"Quítame esta cruz."
Porque hay personas que llegan al final de la vida sin haber entendido cuál era el verdadero problema.
Creen que el problema es el dolor.
La enfermedad.
La pobreza.
La crisis.
Cuando el problema más profundo siempre ha sido la separación de Dios.
Y aquí hay algo que me hace pensar profundamente.
Aquel ladrón vio exactamente lo mismo que el otro ladrón.
Escuchó a Jesús decir:
"Padre, perdónalos."
Vio cómo Cristo oraba por quienes lo estaban matando.
Vio el amor.
Vio la misericordia.
Vio la paciencia.
Vio la gracia.
Y aun así endureció su corazón.
Porque los milagros no cambian automáticamente a las personas.
La evidencia no cambia automáticamente a las personas.
Lo que transforma una vida es un corazón dispuesto a rendirse.
Y eso sigue ocurriendo hoy.
Hay personas que han escuchado cientos de sermones.
Han visto respuestas a la oración.
Han experimentado la bondad de Dios.
Han sentido su llamado.
Y aun así siguen posponiendo una decisión.
Siempre después.
Siempre mañana.
Siempre más adelante.
Siempre cuando tengan tiempo.
Y poco a poco el corazón se vuelve menos sensible.
Más duro.
Más indiferente.
Más resistente.
Lo trágico es que aquel ladrón estaba tan cerca de la salvación.
Tan cerca.
A pocos metros del Salvador.
A pocas palabras del perdón.
A pocos segundos de la esperanza.
Y aun así eligió rechazarla.
Porque la cercanía no es lo mismo que la entrega.
Puedes crecer en la iglesia y no conocer a Cristo.
Puedes escuchar la Biblia y no obedecerla.
Puedes hablar de Dios y no caminar con Él.
Puedes estar rodeado de cosas espirituales y tener el corazón lejos.
Y aquí está la parte que hace llorar.
La última oportunidad de aquel hombre estaba allí mismo.
Clavada en la cruz central.
Respirando con dificultad.
Cubierta de sangre.
Mirándolo con amor.
Pero él no la tomó.
No porque Dios no quisiera salvarlo.
Jesús estaba dispuesto.
La gracia estaba disponible.
El perdón estaba abierto.
La puerta estaba allí.
Pero él decidió no entrar.
Porque Dios ofrece salvación.
Pero no obliga a nadie a recibirla.
Hoy la historia de este ladrón sigue viva.
Se ve en quienes saben mucho acerca de Dios pero nunca le entregan el corazón.
Se ve en quienes siempre encuentran una excusa para posponer el arrepentimiento.
Se ve en quienes quieren que Cristo resuelva sus problemas, pero no gobierne sus vidas.
Se ve en quienes están cerca de la cruz, pero nunca se rinden al Crucificado.
Y quizás la lección más profunda es esta:
Lo que condenó a aquel ladrón no fue solamente lo que había hecho en el pasado.
Fue lo que decidió hacer con Jesús cuando lo tuvo delante.
Porque al final, la pregunta más importante de la vida no es cuántos errores cometiste.
No es cuántas veces fallaste.
No es qué tan roto llegaste.
La pregunta es:
¿Qué harás con Jesús mientras todavía tienes tiempo para responderle?
Vos que te has detenido he leer esta historia !!
Recuerda esto cada instante que pasa de tu vida es como un segundo que tenía el ladrón en la cruz, el sabía que cada segundo que pasaba lo acercaba a la muerte !!
tú también estás clavado en la cruz del tiempo es decir cada segundo que pasa te acercas a ese acontecimiento y lo más fuerte es que no sabes cuándo será el último segundo.
Por eso si hoy tienes tiempo de entregarte a Cristo no lo pospongas !!
1 Juan 5:11-12.R-V 1960
11 Y este es el testimonio: que Dios nos ha dado vida eterna; y esta vida está en su Hijo. 12 El que tiene al Hijo, tiene la vida; el que no tiene al Hijo de Dios no tiene la vida.