05/18/2026
Ser padre es una experiencia maravillosa, pero también una gran responsabilidad.
Estoy agradecido con Dios por tener hijos que crecen en el temor de Él y lo conocen personalmente. Mis hijos varones priorizan el ministerio, aunque Dios los está levantando como empresarios.
Mi hija pequeña, a sus nueve años, ya fue llena del Espíritu Santo, con la evidencia de hablar en otras lenguas. Solo puedo atribuir esto a la misericordia de Dios, pero también debo reconocer el trabajo que su madre ha hecho con ellos. Soy testigo de las innumerables horas que ha dedicado a conversar con ellos por las noches, usando su discernimiento espiritual para entrar a diferentes áreas de sus corazones y brindar respuestas, sanidad y liberación.
En mi caso, he podido modelarles lo que significa servirle a Dios, no desde una posición perfecta, sino enseñándoles a no rendirse nunca y a siempre creer que las cosas se pueden lograr en Dios. Les he enseñado que el dinero nunca será una limitación para cumplir propósitos divinos y eternos.
Si has llegado hasta aquí leyendo y tienes hijos, sin importar su edad, te animo a que seas intencional esta semana y pases tiempo con ellos. Habla con ellos, disfruta ver sus rostros, escucha cómo hablan y discierne sus pensamientos e intenciones. Algo importantísimo es que pasar tiempo con ellos no se trata de hacer lo que te gusta a ti como padre, sino de hacer lo que les gusta a ellos.
Bendigo tu semana y declaro el cumplimiento de la palabra cuando dice que el corazón de los padres se vuelve hacia los hijos y el corazón de los hijos hacia los padres.
Comparte este pensamiento con alguien. Por cierto, esto no es IA; sale de mi corazón para ti.