Iglesia Misionera Hermanos Unidos en Cristo, fue fundada con el propósito de ayudar a la gente a encontrar y a seguir a Jesús, haciendo de está iglesia, el punto de convergencia para la inmersión en el amor de Cristo. Creemos que el único y solo Dios verdadero es Espíritu: auto-existente, infinito, personal, que no cambia y eterno en su ser, perfecto en santidad, amor, justicia, bondad, sabiduría
y verdad, omnipotente, omnisciente, omnipresente, Creador y sustentador de todas las cosas, visibles e invisibles, inmanente y trascendente a la creación, existente eternamente en tres personas, uno en sustancia y co-igual en poder y gloria, Padre, Hijo y Espíritu Santo. Gén. 1:1; Éx. 3:14; 34:6; Deut. 6:4, 32:4; 1 Rey. 8:27; Neh. 9:6; Sal. 90:2, 103:8, 116:5, 147:5; Is.
6:3; 40:28; 57:15; Jer. 23:23,24; Mal. 3:6; Mt. 28:19; Juan 4:24; 14:16; Hech. 17:28; I Cor. 8:4; II
Cor. 13:14; Col.1:17; 1 Tim. 1:17; He. 1:2,12; 11:3; 2 Ped. 3:9; 1 Juan 4:10-16
b. Creemos que el Padre no proviene de nadie. Él es el Padre eterno del Señor Jesucristo, el Autor de la salvación, el Padre de todos los que nacen a nueva vida a través de la fe en Cristo. Gen. 1:1; Sal. 90:2; Juan 13:3, 16:28; Ef. 1:3,4; 1 Pedro 1:2,3; 1 Juan 2:23, 3:15
c. Creemos en la deidad del Señor Jesucristo, generado eternamente por el Padre; creemos en su encarnación, por medio de la cual fue concebido por el Espíritu Santo y nacido de la virgen María, uniendo de este modo en su plenitud la naturaleza humana y la divina en la persona única de Jesucristo; creemos en su vida sin pecado y sus obras milagrosas, en su muerte vicaria para expiación de los pecados del mundo; en su resurrección corporal y su ascensión a la diestra del Padre; en su poder soberano y señorío, en su ministerio presente de mediador como abogado del creyente y en su segunda venida en poder y gloria. Isaías 53:6; Mt. 28:18-20; Lucas 1:35; Juan 1:1,14,18; Hech.2:22, 24, 24-32; Rom. 1:3,4; 8:34; 2 Cor. 5:18,19; Ef. 1:19-22; Col. 3:4; Tito 2:13; He. 1:8; 4:15; 7:25; 1 Pedro 1:18; 22,24; 3:18; 1 Juan 2:1,2. Creemos que el Espíritu Santo, es la tercera persona del Dios trino, que procede del Padre y que fue enviado por el Hijo, que es uno en sustancia, majestad y gloria con el Padre y con el Hijo, y eternamente Dios. Su oficio y ministerio es el de convencer al mundo de pecado, de justicia y de juicio, regenera a aquellos que se arrepientan de sus pecados y crean en el Señor Jesucristo; también santifica, capacita, enseña, guía y consuelo al creyente. Las Escrituras revelan que el trabajo del Espíritu Santo en la iglesia es el de unir a los creyentes al cuerpo de Cristo, poseyéndolos como templo de Dios, equipándolos con los dones y la gracia para el servicio, dándoles el cuerpo de la verdad revelada e impartiéndoles el espíritu de iluminación y guía en toda esa verdad, presidiendo sobre la iglesia y guiándola dentro de la voluntad de Dios. Mt. 28:19; Lc.24:49; Jn. 3:5-6; 14:16-18, 26; 15:26; 16:7-14; Hech. 1:8; 2:1-4; 13:2-4; 15:28; Rom.
12:6-8; 1 Cor. 2:10-12, 6:19-20, 12:4-11, 12:13; 2 Cor. 6:16, 13:14; Gal. 5:22-23; Ef. 2:21-22; 2
Tes.2:13; Tito 3:5; 1 Pedro 1:2; 1 Juan 2:20-27.
2. La Biblia
Creemos que la Biblia, compuesta en sesenta y seis libros del Antiguo y Nuevo Testamento, es la palabra de Dios dada por inspiración divina y es inerrante en los manuscritos originales. La Biblia permanece hoy como la autoridad que no cambia en asuntos de fe y práctica cristiana. (Ver Documentos de toma de posición IX: Inerrancia Bíblica)
Sal. 119:9, 89, 105; Mt. 24:35; 1 Tes.2:13; 2 Tim. 3:16; He. 4:12; 1 Pedro 1:25; 2 Pedro 1:21.
3. La Humanidad
a. Creemos que el primer hombre, Adán, fue creado por un acto inmediato de Dios y no por un proceso de evolución. Adán y Eva fueron creados a la imagen y semejanza de Dios, poseyendo personalidad y santidad; en su estado original, Adán y Eva disfrutaron de una dulce comunión con Dios, el propósito de su creación era que ellos podían glorificar a Dios y disfrutar de Él por siempre. Debido a que las personas han sido creadas a semejanza de Dios, ellos tienen una personalidad consciente de sí misma y capaz de decidir libre y racionalmente. Génesis. 1:27; Ef. 1:5,6. b. La caída. Creemos que nuestros primeros padres no permanecieron en el gozoso estado de su creación original, sino que, siendo engañados por medio de la sutileza de Satanás, desobedecieron voluntariamente al mandato positivo de Dios y fueron alienados de Él, incurriendo para sí mismos y su posteridad, en una sentencia de muerte, tanto física como espiritual. Aún la tierra fue maldecida a causa del pecado de Adán. Como consecuencia de este acto de desobediencia, la totalidad de la raza humana ha llegado a ser tan corrupta que en cada corazón hay por naturaleza una disposición al mal, que eventualmente le lleva a actos conscientes de pecado y a la justa condenación. También por la caída de Adán, todas las personas han llegado a estar tan completamente perdidas, que no tienen ni la voluntad ni el poder para volverse a Dios; y si se dejasen solos por ellos mismos, permanecería en sus pecados por siempre. Gén.3:13, 16, 17; Is. 64:6; Rom. 7:7-25; 1 Juan 1:8. c. Su Redención. Creemos que Dios ha provisto la redención para todos a través de la obra mediadora de Cristo, quien voluntariamente se ofreció a sí mismo en el Calvario, como el perfecto sacrificio por el pecado, el justo sufriendo por los injustos, cargando la maldición del pecado y gustando la muerte por todos. Juan. 10:17-18; Hechos. 4:12; 1 Tim. 1:15; 2:5, 6; Tito 2:11, 12; He. 2:9; 1 Pedro 3:18
4. La Salvación. Creemos que, dado que todas las personas son pecadores y culpables delante de Dios, mu***os en delitos y pecados, y por consiguiente, incapaces de salvarse a sí mismos; que Dios, en su infinito amor, dio a Su Hijo, el Señor Jesucristo, para venir a ser su Salvador. Mt.1:21; Juan 3:14-17, 6:44; Romanos. 3:10-12, 19, 20, 23; Ef. 2:1-3, 8, 9
a. El Arrepentimiento. Creemos que un arrepentimiento genuino es una actitud y un acto necesario de la voluntad de uno, que hace posible que un Dios justo y santo perdone sus pecados. Una actitud porque involucra un conocimiento del pecado tanto como un cambio de mente y un pesar genuino por él mismo, también implica una reverencia propia por la santidad de Dios y un rendirse a él. Como un acto significa confesar y abandonar el pecado. El arrepentimiento es la respuesta apropiada de aquel que responde a la gracia de Dios por convicción. Como fruto del arrepentimiento y según sea el caso, cuando un pecado se ha cometido contra otro, debe haber la restitución que compete. Sal.51:3,4; Prov. 28:13; Is. 6:1-5, 55:6,7; Mt. 3:2,8, 4:17; Lc. 13:3, 5:18, 18:13, 19:8; Jn. 16:8-11;
Hech.11:18; Rom. 2:4; 10:9-10; 2I Cor. 7:9-10; 2 Tim. 2:25
b. La Fe. Creemos que la fe debe acompañar al arrepentimiento y es el acto de la voluntad por el cual uno abraza las promesas de Dios y se apropia para uno mismo la provisión de la gracia de Dios. Es descansar en los méritos plenos y suficientes de la obra expiatoria y sacrificial de Cristo como la única base y esperanza de salvación. La fe debe ser activa durante toda la vida del creyente y debe manifestarse en sí misma en la obediencia y las buenas obras. Hech.13:38-39, 16:31; Rom. 4:3, 5:1; Ef. 2:8-10; He.11:6; Sant. 2:17. La Justificación y la Regeneración. Creemos que cuando los requisitos del arrepentimiento y la fe han sido cumplidos, Dios justifica y regenera al pecador. La Justificación es un acto judicial que absuelve de la culpa y el castigo, restaurando el favor divino. La justificación tiene que ver con el cambio de posición del pecador delante de Dios. La Regeneración tiene que ver con el cambio de la naturaleza pecaminosa a través de la comunicación de la vida divina. La regeneración es un rápido cambio espiritual, un nuevo nacimiento. Esta experiencia es testificada por la presencia del Espíritu Santo dentro de la vida, quien produce en el corazón un genuino deseo de hacer la voluntad de Dios. Jn. 3:3-5; 5:24; Hech. 22:10; Rom. 5:1,9; 4:4,5; 8:16, 33; 2 Cor. 5:17; Ef. 2:1; 2 Pedro 1:4
d. La Santificación y la Llenura del Espíritu Santo. Creemos que la santificación es la obra de Dios, haciendo a la gente santa. Esta es la voluntad de Dios. Es provista en la expiación y es experimentada a través de la fe, por la obra del Espíritu Santo, a través de la Palabra y la sangre de Cristo. Mientras que la obra divina de
hacer a la gente santa comienza con el arrepentimiento y la regeneración, es a través de una crisis subsecuente de morir a sí mismo que el creyente es purificado en el corazón y es llenado con el Espíritu Santo, de tal manera que él pueda estar separado enteramente para Dios para servirle en rectitud y santidad. Después de esa crisis experimental, el creyente va a ser perfeccionado en santidad, en el temor de Dios, para crecer en la gracia y en el conocimiento de nuestro Señor y Salvador Jesucristo. Sal.4:3; Jn. 17:17; Hech. 15:8,9; Rom. 6:19,22; 12:1,2; 2 Cor. 7:1; Gál. 2:20; 6:14; Ef. 5:26; Col.3:3;
1 Tes. 4:3, 5:23; 2 Tes. 2:13; He. 12:14; 1 Ped. 1:2, 15-16; 2 Ped. 3:18; 1 Jn. 5:6
e. La Resurrección y la Glorificación. Creemos en la resurrección corporal de Cristo; y porque El vive, nosotros también viviremos. Las Escrituras enseñan que a la venida del Señor, los cuerpos de los justos que hayan mu**to serán levantados y los creyentes que estén vivos serán arrebatados juntamente con ellos para encontrarse con el Señor en el aire y serán cambiados, de tal manera que ambos tendrán literalmente cuerpos espirituales e inmortales semejantes al propio cuerpo glorioso de Cristo. Nuestra glorificación es el acto final de Dios en nuestra salvación y será realizado cuando nosotros le veamos como El es.
1 Cor. 15:3-8; 19-23; Fil.3:20-21; 1 Tes. 4:14-17; 1 Jn. 3:2