06/04/2026
Hay bendiciones que pedimos por años… y cuando finalmente llegan, Dios nos hace una pregunta: ¿Qué harás con lo que puse en tus manos?
Ana entendió algo que muchos olvidan: Samuel no era solo su hijo, era una asignación de Dios. Su grandeza no estuvo únicamente en recibir el milagro… estuvo en entregarlo al servicio del Señor.
Como padres, no somos dueños de nuestros hijos; somos administradores de una herencia que Dios nos confía.
Hombres, Dios no solo los llamó a proveer para su casa, los llamó a ser sacerdotes del hogar. A dirigir espiritualmente, a modelar fe, a levantar altares familiares y a enseñar con el ejemplo.
Mujeres, Ana nos recuerda que la verdadera grandeza no está solo en dar a luz promesas… sino en consagrarlas.
Porque cuando una familia entiende que todo viene de Dios, deja de criar solo para esta tierra y comienza a formar generaciones para el Reino.
Hoy la pregunta sigue siendo la misma:
¿Lo vas a retener… o lo vas a entregar?
🙏 “Lo que se consagra a Dios nunca se pierde; encuentra propósito.”