06/11/2026
. Cuando se nos pide hacer cosas difíciles, incluso cosas que son contrarias a los vivos deseos del corazón, recuerden que la lealtad que prometemos a la causa de Cristo es que sea la devoción suprema de nuestra vida. Aunque Isaías nos asegura que se halla disponible “sin dinero y sin precio”6 —y así es—, debemos estar preparados para que, en palabras de T. S. Eliot, nos cueste “nada menos que todas las cosas”7.
Por supuesto, todos tenemos algunos hábitos, defectos o historias personales que podrían impedir que nos sumerjamos espiritualmente en esta obra por completo. No obstante, Dios es nuestro Padre y es excepcionalmente hábil para perdonar y olvidar los pecados que hemos abandonado, quizás porque le damos tantas ocasiones para practicarlo con nosotros. En todo caso, hay ayuda divina para cada uno de nosotros en cualquier momento que sintamos que debemos hacer un cambio en nuestra conducta. A Saúl, Dios “le cambió el corazón”8. Ezequiel exhortó a todo el antiguo Israel a desechar su pasado y “hace[rse] un corazón nuevo y un espíritu nuevo”9. Alma exhortó a hacer un “potente cambio”10 que haría ensanchar el alma; y Jesús mismo enseñó “que el que no naciere de agua y del Espíritu no puede entrar en el reino de Dios”11. Claramente, la posibilidad de cambiar y vivir a un nivel más elevado siempre ha sido uno de los dones que Dios concede a quienes lo procuran.