03/15/2026
A mediados del siglo XIX, cuando el movimiento adventista apenas comenzaba a tomar forma, la predicación del mensaje dependía en gran medida del sacrificio personal de quienes lo aceptaban. En ese contexto destaca la historia de Joseph Bates, un hombre que llegó a invertir prácticamente todo lo que tenía para que se imprimiera literatura misionera y el mensaje del adventista pudiera seguir avanzando.
Bates había sido capitán de barco durante muchos años. Después de navegar por Europa, el Caribe y Sudamérica logró reunir una modesta fortuna. Pero cuando aceptó el mensaje del segundo advenimiento de Cristo, decidió dedicar su vida y sus recursos a la predicación del evangelio.
Convencido por su estudio de la Biblia de que el sábado era el verdadero día de reposo, Bates escribió en 1846 un folleto titulado “El séptimo día, sábado, una señal perpetua”. Para poder imprimirlo utilizó gran parte de los recursos que le quedaban, porque creía que esa verdad debía compartirse con otros. Esa literatura fue clave para que el mensaje del sábado comenzara a difundirse entre los primeros adventistas.
La influencia de Bates fue decisiva. Fue a través de sus estudios y escritos que James White y Ellen G. White estudiaron más profundamente el tema del sábado. Aunque al principio no estaban convencidos, después de analizar la Biblia aceptaron esta enseñanza, que con el tiempo se convertiría en una de las doctrinas fundamentales de la Iglesia Adventista del Séptimo Día. Antes de unirse al movimiento adventista, Bates ya había participado activamente en causas de reforma social como la temperancia y el abolicionismo. Pero cuando abrazó el mensaje del advenimiento decidió usar toda su influencia, su tiempo y sus recursos para ayudar a que la verdad llegara a más personas.
¿Estamos nosotros dispuestos a entregar nuestros bienes, nuestro tiempo y nuestra vida para apoyar la causa de Dios?.
Foto: Joseph Bates.