08/27/2026
LA HABANA SAGRADA: EL CAMINO DE LAS PROMESAS — Robert Obà Ení Orìaté — Hay una noche al año en que La Habana parece caminar hacia un mismo lugar. Desde distintos municipios, miles de personas toman el camino de El Rincón: algunas avanzan descalzas, otras de rodillas, en silencio o cargando el peso de una promesa que nadie se atreve a preguntar. Porque una promesa a San Lázaro suele pertenecer solamente a quien la hizo, al dolor que la originó y al santo que —según su fe— respondió. Sin embargo, esta devoción no nació en El Rincón. Sus raíces se remontan al antiguo Hospital de San Lázaro, levantado en 1781 junto a la Caleta de Juan Guillén. Después de pasar por Mariel, el hospital y su iglesia llegaron a Rincón en 1917; con ellos viajó una fe que el pueblo ya había hecho suya. Y aquí vive una de las claves más fascinantes del culto cubano: dentro del santuario se venera al Lázaro de Betania, amigo de Jesús; mientras la devoción popular reconoce sobre todo al anciano mendigo de los harapos, las llagas, las muletas y los perros, imagen asociada por el sincretismo con Babalú Ayé. No son exactamente la misma figura, pero la historia de Cuba las hizo encontrarse en un mismo camino de enfermedad, misericordia y esperanza. Cada diciembre, El Rincón deja de ser solamente un pueblo de Boyeros: se convierte en el destino de quienes van a agradecer, suplicar o cumplir su palabra. Algunos llevan flores; otros cargan dolores que no se ven. Quizás el verdadero misterio no sea saber qué milagro ocurrió, sino comprender qué fuerza consigue que generaciones enteras recorran la misma carretera convencidas de que, al final, alguien las escucha ¿Alguna vez caminaste hasta El Rincón? ¿Desde qué municipio saliste? ¿Qué promesa o historia de San Lázaro se conserva en tu familia? Cuéntamela en los comentarios y comparte este capítulo con ese habanero que jamás olvida el 17 de diciembre. 🇨🇺