07/31/2026
A la amada Iglesia Getsemaní, y a los hijos de los Pastores Juan y Leticia Rodríguez:
Hay momentos en los que el dolor es tan profundo que las palabras parecen insuficientes. Hoy nuestros corazones se unen a los de ustedes con lágrimas, oración y un profundo amor cristiano. En tan solo unos meses, han tenido que despedir a sus amados pastores, el Pastor Juan Rodríguez y en esta semana a la Pastora Leticia Rodríguez. Es una prueba difícil de comprender y un valle que nadie quisiera atravesar.
Sin embargo, aun en medio de esta inmensa tristeza, seguimos creyendo en el Dios que permanece inmutable. Él sigue siendo refugio para los afligidos, fortaleza para los débiles y esperanza para los que lloran. Su Palabra nos recuerda: “Dios es nuestro amparo y fortaleza, nuestro pronto auxilio en las tribulaciones” (Salmo 46:1). También nos asegura: “Cercano está Jehová a los quebrantados de corazón; y salva a los contritos de espíritu” (Salmo 34:18).
A sus queridos hijos, queremos decirles que compartimos profundamente su dolor. En un mismo año han enfrentado la partida de sus dos padres, pero también queremos recordarles que el Dios al que ellos sirvieron con fidelidad durante toda su vida será el mismo Dios que sostendrá sus vidas. Él nunca abandona a sus hijos. Sus brazos eternos seguirán siendo su refugio, su consuelo y su fortaleza en cada día.
Y a la amada Iglesia Getsemaní, queremos recordarles que el legado de sus pastores no termina con su partida. El Pastor Juan y la Pastora Leticia sembraron la Palabra con amor, sirvieron con humildad, pastorearon con entrega y dejaron una herencia espiritual que permanecerá en cada vida transformada, en cada familia restaurada y en cada corazón que conoció a Cristo por medio de su ministerio. Su obra continúa dando fruto, porque todo lo que se siembra para el Reino de Dios permanece para la eternidad.
Como cuerpo de Cristo, hoy lloramos con ustedes, porque la Escritura nos enseña a “llorar con los que lloran” (Romanos 12:15). Pero también levantamos nuestros ojos con esperanza, porque nuestra fe no termina en la muerte. Jesucristo venció la tumba, y por esa victoria tenemos la certeza de que nuestros amados hermanos descansan en la gloriosa presencia del Señor. Esperamos el día maravilloso en que nos reuniremos nuevamente, donde ya no habrá muerte, ni llanto, ni clamor, ni dolor (Apocalipsis 21:4).
Oramos para que el Espíritu Santo, nuestro Consolador, abrace de una manera sobrenatural a cada hijo, familiar y miembro de la Iglesia Getsemaní Austin.
Que la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guarde sus corazones y sus pensamientos en Cristo Jesús (Filipenses 4:7). Que en medio del silencio de la ausencia puedan escuchar la voz del Señor diciéndoles: “No temas, porque yo estoy contigo; no desmayes, porque yo soy tu Dios que te esfuerzo; siempre te ayudaré, siempre te sustentaré con la diestra de mi justicia” (Isaías 41:10).
Hoy honramos la memoria de dos siervos fieles que terminaron su carrera y guardaron la fe. Su ejemplo seguirá inspirando a las generaciones venideras y su amor por Cristo continuará viviendo en cada persona que fue alcanzada por su ministerio.
Con todo nuestro cariño, nuestras oraciones y nuestro más sincero afecto, les animamos a permanecer firmes. Aunque hoy el camino esté cubierto de lágrimas, sabemos que la gracia del Señor será suficiente para cada nuevo amanecer. El Dios que ha sido fiel hasta aquí continuará siendo fiel mañana.
Los amamos profundamente, oramos por ustedes y creemos con todo nuestro corazón que el Señor sostendrá a cada uno con Su mano poderosa, hasta que el dolor sea transformado en un testimonio vivo de Su fidelidad y de Su incomparable gracia.
Con amor en Cristo,
Pastores Alonso y Yaji Pérez
y la congregación de la Iglesia Jesucristo es mi Refugio (JEMIR Austin).