04/15/2024
La manera en que nos percibimos a nosotros mismos e inclusive como otros me califican o describen es irrelevante para Dios. La Biblia está llena de hombres y mujeres que apesar de sus defectos, temores, inseguridades, incapacidades y pecados le creyeron a un Dios poderoso que los amo, restauró, y les capacitó para su llamado.
Gedeón es uno de ellos, el fue el quinto juez de Israel. El relato de su vida se registra en Jueces 6:11-8:32. La historia del llamado de Gedeón comienza con los israelitas que fueron asolados por sus enemigos como consecuencia de su desobediencia para con Dios. Durante siete años se enfrentaron a las invasiones de los madianitas, amalecitas y extranjeros orientales que arruinaron sus cosechas y destruyeron su ganado. La disciplina de Dios por medio de las naciones extranjeras hizo que los israelitas clamaran a Dios por ayuda. Dios les envía un profeta para que les recuerde cómo el único Dios verdadero les había provisto en el pasado y lo rápido que lo habían abandonado.
Su miseria fue tan grande que clamaron al Señor pidiendo ayuda, y Dios escuchó sus clamores e intervino bondadosamente para liberar a su pueblo.
Cuando el ángel del Señor apareció ante Gedeón, dijo: —¡El Señor está contigo, valiente guerrero!
Ve con la fuerza que tienes y salvarás a Israel del poder de sus enemigos. Yo soy quien te envía. —Pero, señor —objetó Gedeón—, ¿cómo voy a salvar a Israel? Mi clan es el más débil y yo soy el más insignificante de mi familia. El Señor respondió: —Tú derrotarás a los madianitas como si fueran un solo hombre, porque yo estaré contigo.“
La clave para obtener la victoria no es quien eres, ni de que familia vienes, no es la popularidad o la fuerza, talentos o habilidades que tengas. Lo único que necesitamos es tener la seguridad de que tenemos la cobertura de Dios.
Dile a Dios.. Señor hoy decido entregarte las riendas de mi vida. Reconozco que estado apartado de ti, te pido perdón por todos mis pecados. Recibo tu amor y tú perdón y acepto a Jesucristo como único y suficiente salvador, te entrego mi vida para que me uses de acuerdo a tus planes y propósitos. Gracias Señor por llamarme “Valiente Guerrero.” Mi verdadera identidad está en ti.