Iglesia Adventista del Septimo Dia de Sandy Springs

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06/08/2026

📍Día 73/365

📌 No adivines, expresarlo: Muchas discusiones en el Matrimonio...

✅Bienvenidos a la serie: Compartiendo Esperanza con nuestro pastor Danilo Cornejo

Lunes 8 de junio, 2026RecupérateImagina a la multitud en la orilla del Mar de Galilea. Esperan el regreso de Jesús desde...
06/07/2026

Lunes 8 de junio, 2026
Recupérate

Imagina a la multitud en la orilla del Mar de Galilea. Esperan el regreso de Jesús desde la primera hora de la mañana y se apiñan en torno a él cuando baja de la barca para seguirlo luego hasta la aldea de Capernaúm. De pronto, aparece Jairo, jefe de la sinagoga, y ruega a Jesús que sane a su hija.

Entre la multitud se encuentra una mujer que está enferma desde hace muchos años. Había gastado todo su dinero en médicos, pero «más bien le iba peor» (Mar. 5: 26). Ha oído hablar de este gran Hombre de Galilea y, con esperanza en el corazón, reúne las pocas fuerzas que le quedan para salir de su casa aquella mañana y unirse a la multitud. A medida que se acerca a Jesús, la presión del gentío le resulta casi asfixiante. Y entonces, entre empujones, lo ve y dice para sí: «Si tan solo tocara su manto, quedaré sana» (Mar. 5: 28).

Lee Marcos 5: 21 al 34. ¿Qué sucedió y qué podemos aprender de ello?

Este incidente muestra el cuidado y la compasión de Jesús por los enfermos, los que están solos y quienes normalmente pasan inadvertidos en la multitud. Aquel día, muchos se acercaron a Jesús mientras iban a la deriva con la multitud, pero solo una persona se acercó al Maestro para recibir la bendición que tanto necesitaba. Sin embargo, no fue su toque lo que le permitió recuperar la salud, sino su fe (Mar. 5: 34). «El Salvador podía distinguir el toque de la fe del contacto casual de la muchedumbre desprevenida» (Elena G. de White, El Deseado de todas las gentes, p. 317). El manto de Jesús no tenía ningún poder especial, sino que fue la fe de la mujer y su decisión de acercarse a él lo que la curó.

En medio de su sufrimiento y angustia, aquella frágil mujer pudo haber permanecido en su lecho aquel día, pero buscó deliberada y esperanzadamente a Jesús para ser sanada. No le bastó con verlo de lejos, sino que se acercó a él.

Jesús nos invita a hacer lo mismo hoy. Dice: «Vengan a mí todos los que están fatigados y agobiados, y yo les daré descanso. Lleven mi yugo sobre ustedes, y aprendan de mí, que soy manso y humilde de corazón, y hallarán descanso para su alma» (Mat. 11: 28, 29).

¿Cómo demostró esta mujer tan necesitada la veracidad de lo dicho en Romanos 5: 3 al 5? ¿Cómo podría ocurrir esto en tu vida?


✨ La mayor bendición de este sábado fue celebrar juntos la Cena del Señor. ✨También fuimos edificados por el mensaje com...
06/07/2026

✨ La mayor bendición de este sábado fue celebrar juntos la Cena del Señor. ✨

También fuimos edificados por el mensaje compartido por el pastor bajo el título: “Libres al caminar: porque Dios lucha por ti”.

Participamos de la Cena del Señor no porque seamos perfectos.
No porque nunca hayamos caído.
No porque lo merezcamos.

Participamos porque Cristo venció por nosotros. ✝️❤️

Fue una gran alegría ver a nuestros hermanos, jóvenes y niños participando de este acto de gratitud por la salvación que Jesús nos ofrece por gracia.

Que el Señor nos ayude a caminar cada día confiando en que Él pelea nuestras batallas y nos sostiene con su amor.

📸 Aquí compartimos algunos recuerdos de este hermoso momento de adoración y comunión.

06/07/2026

📍Día 72/365

📌 Remando Juntos: ¿Alguna vez has intentado remar un bote...

✅Bienvenidos a la serie: Compartiendo Esperanza con nuestro pastor Danilo Cornejo

Domingo 7 de junio, 2026Las tormentas de la vidaJesús había hablado durante todo el día a grandes multitudes a orillas d...
06/07/2026

Domingo 7 de junio, 2026
Las tormentas de la vida

Jesús había hablado durante todo el día a grandes multitudes a orillas del Mar de Galilea. Sus palabras habrían de resonar en la mente de la gente durante mucho tiempo y por la eternidad.

Al caer la tarde, el Maestro se dirigió a sus discípulos invitándolos a dirigirse con él «a la otra orilla» (Mar. 4: 35). Él sabía que se desataría una tormenta, pero les sugirió que fueran de todos modos. Tenía que enseñar una importante lección de vida a sus seguidores más cercanos. Seguramente recuerdas lo que ocurrió luego.

Vuelve a leer acerca de esta tormenta en Marcos 4: 35 al 41. ¿Qué lecciones puedes aprender acerca de la fe?

Piensa en lo siguiente:

Jesús se quedó dormido en un rincón del bote, posiblemente en la popa, donde estaba el único cojín, que servía de asiento a quien dirigía la navegación.
No todos los discípulos eran nuevos en la navegación. Pedro, Santiago y Juan eran pescadores experimentados. Conocían el Mar de Galilea como la palma de sus manos, y habrían sabido cómo lidiar con una tormenta.
Este es el único relato de los Evangelios que presenta a Jesús durmiendo. Durante una de las peores tormentas de sus vidas, cuando los discípulos estaban aterrorizados y pensaban que morirían, Jesús dormía.
El clamor de los discípulos en el clímax de la crisis fue: «¿No te importa?». Cuestionaban el carácter de Jesús y su amor por ellos. Con demasiada frecuencia, esta es también nuestra respuesta cuando afrontamos dificultades.
En medio de la desesperanza, el dolor o la pérdida cuestionamos el amor de Dios o dudamos de su cuidado. Suponemos, desde nuestra perspectiva humana, que él debería actuar de una determinada manera. Sin embargo, como ocurrió a los discípulos, es en las tormentas de la vida donde Dios puede obrar los mayores milagros. Dios siempre es fiel, incluso cuando su aparente inacción no tiene sentido para nosotros. Él está a nuestro lado en medio de nuestras tormentas y, a diferencia de nosotros, puede calmarlas.

¿Cuál es tu respuesta habitual cuando enfrentas una tormenta en tu vida? ¿Cómo afectan esos momentos tu relación con Dios? ¿Cuándo has puesto en práctica 2 Corintios 5: 7?

Comentarios Elena G.W

Antes que nuestro Señor entrara en su agonía de la cruz, expresó esta disposición. No tenía plata ni oro ni casas que dejar a sus discípulos. Era un hombre pobre en lo que se refiere a posesiones terrenales. Pocos en Jerusalén eran tan pobres como él. Pero dejó a sus discípulos un don mucho más rico que el que alguna monarquía terrenal pudiera conceder a sus ciudadanos: “La paz os dejo, mi paz os doy —dijo—; yo no os la doy como el mundo la da. No se turbe vuestro corazón, ni tenga miedo”.

El les dejó la paz que había gozado durante su vida sobre la tierra; la que había estado con él en medio de la pobreza, el escarnio y la persecución, y la que iba a estar con él durante su agonía en el Getsemaní y sobre la cruel cruz.

La vida del Salvador sobre la tierra, aunque vivida en medio del conflicto, era una vida de paz. Aunque los airados enemigos estaban constantemente persiguiéndolo, él dijo: “Porque el que me envió, conmigo está; no me ha dejado solo el Padre, porque yo hago siempre lo que le agrada”Juan 8:29. Ninguna tormenta de ira satánica podía perturbar la calma de esa perfecta comunión con Dios. Y él nos dice: “Mi paz os doy”.

Quienes se tomen de la palabra de Cristo, y sometan sus almas a los mandatos de él, sus vidas a las órdenes de él, encontrarán paz y quietud. Nada del mundo puede hacerlos apesadumbrarse cuando Jesús los alegra con su presencia. En la perfecta entrega hay perfecta confianza. El Señor dice: “Tú guardarás en completa paz a aquel cuyo pensamiento en ti persevera; porque en ti ha confiado”. Isaías 26:3.

La experiencia de cada hombre da testimonio de la verdad de las palabras de la Escritura: “Pero los impíos son como el mar en tempestad, que no puede estarse quieto, y sus aguas arrojan cieno y lodo”. Isaías 57:20. El pecado ha destruido nuestra paz… Ningún poder humano puede controlar las poderosas pasiones del corazón. Estamos tan desvalidos aquí como lo estuvieron los discípulos para aquietar la furiosa tormenta. Pero quien ordenó la paz a las olas de Galilea, ha dicho la palabra de paz para cada alma. No importa cuán feroz sea la tempestad, quienes se vuelven a Jesús clamando: “Señor, sálvanos”, encontrarán liberación. Su gracia, que reconcilia el alma con Dios, aquieta las contiendas de la pasión humana, y en su amor el corazón encuentra descanso. “Cambia la tempestad en sosiego, y se apaciguan sus ondas… Y así los guía al puerto que deseaban”. Salmo 107:29.

El corazón que está en armonía con Dios es partícipe de la paz del Cielo, y difundirá su bendita influencia a su alrededor. El espíritu de paz descansará como rocío sobre los corazones cansados y cargados con la lucha mundanal (Reflejemos a Jesús, 21 de septiembre, p. 270).

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06/06/2026
06/06/2026

Isaias 5:3-5
3 Ahora, pues, vecinos de Jerusalén y varones de Judá, juzgad ahora entre mí y mi viña.
4 ¿Qué más se podía hacer a mi viña, que yo no haya hecho en ella? ¿Cómo, esperando yo que diese uvas, ha dado uvas silvestres?
5 Os mostraré, pues, ahora lo que haré yo a mi viña: Le quitaré su vallado, y será consumida; aportillaré su cerca, y será hollada.

Deseamos que la bendición de Dios sea con cada uno.

06/06/2026

📍Día 71/365

📌¡Feliz Sábado!

✅Bienvenidos a la serie: Compartiendo Esperanza con nuestro pastor Danilo Cornejo

Sábado 6 de junio, 2026ContratiemposLee para el estudio de esta semanaMarcos 4: 35–41; 5: 21–34; Romanos 5: 3–5; Job 19:...
06/06/2026

Sábado 6 de junio, 2026
Contratiempos

Lee para el estudio de esta semana

Marcos 4: 35–41; 5: 21–34; Romanos 5: 3–5; Job 19: 23–27; 23: 8–12; Lucas 24: 13–27; Romanos 8: 18, 28.

Texto para memorizar
«Y no solo esto, sino que nos alegramos aun en las tribulaciones, al saber que la tribulación produce paciencia; y la paciencia produce un carácter probado; y el carácter alienta esperanza, y la esperanza no defrauda, porque el amor de Dios está vertido en nuestro corazón por medio del Espíritu Santo que nos ha sido dado» (Rom. 5: 3-5).
Cierta jovencita caminaba hacia su casa al atardecer cuando se desató una fuerte tormenta. Aceleró el paso pues aún le quedaba camino por recorrer. Una gota de lluvia cayó sobre su mejilla, luego otra y, antes de que se diera cuenta, estaba empapada. Comenzó entonces a correr hasta que llegó a su casa y abrió súbitamente la puerta. Su padre se apresuró a cubrirla con una manta. Mientras lo hacía, le dijo: «Te vi por la ventana cuando comenzaba a llover. ¿Por qué con cada relámpago dejabas de correr, mirabas hacia arriba y sonreías?».

«Me detenía para mirar hacia arriba porque Dios me estaba fotografiando», respondió ella.

¿Cuál es nuestra respuesta cuando llegan las tormentas de la vida o cuando tenemos ciertos contratiempos en nuestra relación con Dios? ¿Bajamos la cabeza mientras la lluvia cae sobre nuestras espaldas o miramos hacia el Cielo seguros de que Dios está allí?

Esta semana exploraremos algunas respuestas que a menudo damos ante los desafíos de la vida y analizaremos cómo podemos utilizar los reveses que experimentamos para fortalecer nuestra relación más importante.

Comentarios Elena G.W

Una puerta estrecha significa una puerta por la que resulta difícil entrar. Mediante esta ilustración, Cristo mostró cuán difícil es que los seres humanos dejen el mundo y sus atracciones para obedecer sinceramente y con amor los mandamientos de Dios. Es fácil entrar por la puerta ancha. No exige las restricciones que causan dolor al corazón humano. La abnegación y el sacrificio no se ven en el camino ancho. En él, el apetito depravado y las inclinaciones antinaturales encuentran amplio lugar. En él, se ven complacencia propia, orgullo, envidia, malas conjeturas, amor al dinero y exaltación personal.

Cristo dijo: “Esforzaos a entrar”. Debemos sentir nuestra constante dependencia de Dios, y la gran debilidad de nuestra sabiduría y juicio y poder, y luego depender enteramente del que venció al enemigo por nosotros, porque él se compadeció de nuestra debilidad y sabía que seríamos vencidos y pereceríamos, si no acudía en nuestra ayuda… No penséis que podéis ganar la recompensa eterna mediante esfuerzos fáciles o comunes. Tenéis un enemigo astuto tras vuestros pasos. “Al que venciere le daré que se siente conmigo en mi trono, así como yo he vencido, y me he sentado con mi Padre en su trono”. Apocalipsis 3:21. Esta es la lucha para vencer como Cristo ha vencido. Su vida de tentación, pruebas, luchas y conflictos, está delante de nosotros para que la imitemos. Podemos hacer esfuerzos con nuestro propio poder, pero no tendremos éxito. Pero cuando caemos desvalidos, sufrientes y necesitados sobre la Roca de Cristo, sintiendo íntimamente que nuestra victoria depende de sus méritos, que todos nuestros esfuerzos, sin la ayuda especial del gran Vencedor, no servirán de nada, entonces Cristo envía a cada ángel de gloria a rescatarnos del poder del enemigo para que no caigamos (A fin de conocerle, 25 de octubre, p. 302).

La pureza y la integridad de nuestra vida religiosa dependen no solo de la verdad que aceptamos, sino de la compañía en que andamos, y de la atmósfera moral que respiramos. La fe, la elasticidad y el vigor, la esperanza, el gozo, la duda y los temores, la pereza, la estupidez, la envidia, los celos, la desconfianza, el egoísmo, la indocilidad y la apostasía, son el resultado de las asociaciones que formamos, de la compañía en que andamos, y del aire que respiramos…

Cristo, el gran Médico, ha dado una receta para cada creyente. Debe comer el alimento que proporciona la Palabra de Dios. Y la fe que obra por amor a Dios y al hombre depende no solo del alimento que comemos sino también del aire que respiramos. Si nos asociamos con aquellos que son malos, respiramos una atmósfera contaminada con la malaria del pecado. Aseguraos mediante la asociación con los humildes y mansos seguidores de Jesús la posibilidad de respirar una atmósfera pura y santa (Nuestra elevada vocación, 6 de septiembre, p. 257).

¡Feliz Sábado!
06/05/2026

¡Feliz Sábado!


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