01/07/2022
Danza hebrea, de los judíos para el señor. Cómo dice la biblia con danza con salterio y arpa.
Danza?? cómo se danza??, para quien se danza?? Para Dios o para que te mire!!! pregúntate???
SHABAT SHALOM
Habían transcurrido escasos dos meses de mi llegada a Israel. Por una cuestión lógica, los primeros tiempos establecí vínculos de amistad —que se mantienen indelebles a la fecha— con muchachos que venían de países con cultura similar a la mía. Con tres de ellos (todos de origen argentino) emprendimos nuestro primer gran peregrinaje: subir a Jerusalén y llegar al lugar más emblemático del judaísmo: el Muro Occidental del sagrado Templo (Kotel Hamaraví, en hebreo). En aquel entonces, estos amigos, todos de origen ashkenazí, tenían escasos conocimientos acerca de las costumbres y tradiciones judías. De manera irremediable la voz cantante en aquel paseo debía tenerla yo. Mi sensación a la llegada al Kotel no fue la de una persona emocionada; centenares de fotos y vídeos habían hecho que ese lugar santo me resultara por demás familiar. En mis amigos, en cambio, causó un tremendo impacto.
Después de estremecedores momentos y repuestos de la emoción que significa para unos judíos estar en la explanada del muro, les comenté a mis amigos que era una Mitzvah (mandamiento judío) invitar a su mesa de Shabat a aquellos que no tienen la posibilidad de pasarlo en compañía de alguien.
—No se preocupen, alguien vendrá a recogernos a la brevedad —enfaticé con firmeza y responsabilidad. Mientras el crepúsculo nos indicaba que el Shabat estaba próximo a comenzar, la noche y el frío y el hambre ya se habían apoderado de nosotros. Con cierta desazón veíamos que la esperanza de pasarlo con alguna familia judía se iba desvaneciendo.
A esas alturas, hasta yo mismo dudaba de la mentada Mitzvah. ¡Pero los milagros ocurren! De repente, la silueta de un judío observante comenzó a aproximarse. De manera afable nos preguntó si queríamos recibir el Shabat en casa de unos amigos. La respuesta fue al unísono y coronada con un sí rotundo.
Para que se hagan una pequeña composición de lugar, los amplios ventanales de la casa de nuestro anfitrión daban al majestuoso Kotel. Estábamos en el exclusivo Barrio Judío de la Ciudad Vieja. Un montón de comensales, todos ataviados con los trajes típicos de la Ortodoxia Ashkenazí departían en Yiddish e Inglés. Nuestro anfitrión era un anciano con nueve generaciones en Jerusalén que vestía un espectacular "streimmel" (sombrero de piel) y una larga e imponente barba que acaparaba buena parte de mi atención. Por nada del mundo me podía distraer y descuidar a mis amigos, pues temía que hicieran algo inapropiado, no por mala fe, sino por falta de conocimiento.
La cena opípara, el ambiente muy agradable y la separación casi total entre hombres y mujeres marcaron nuestra velada en dicho hogar judío. Cuando consideramos que ya era tiempo de emprender la retirada, los hombres se levantaron de forma espontánea y, tomados de la mano, comenzaron a bailar alrededor de la mesa. El frenesí cautivó también a mis amigos que no les costó ningún esfuerzo sumarse a la fiesta. Pletóricos de algarabía comenzaron a imitar los pasos y esgrimían sonidos guturales ininteligibles que daban la impresión de tener amplios conocimientos en la materia. Yo, entretanto, sufría y sudaba de los nervios.
Al son de "¡Shabes, Shabes!" (Shabat en Yidish), mis amigos llegaron al paroxismo, excepto uno de ellos que permanecía sentado en su silla, serio, preocupa diría yo, y permanentemente buscando algo con la mirada por debajo del mantel blanco. No pude más y lo interpelé con cierto desagrado:
—¿Qué buscas tanto en el piso?
Los idiomas están en permanente proceso de transformación. Todos los días aparecen nuevos vocablos, préstamos de otros idiomas y nuevas tonalidades. En el Río de la Plata la "Y" tenía el mismo sonido que en la península ibérica, pero hace cuestión de algunos años el sonido de este fonema mudó. Al principio era privativo de las mujeres y después cautivó a niños y adolescentes. Es un sonido similar a "SH". Por ejemplo "yo ya lloré", en el Río de la Plata suena: "sho sha shoré".
Me fui un poco de tema. —¿Qué miras tanto el piso? —le volví a interrogar. La respuesta fue más o menos así: —¡No entiendo nada, están felices de la vida! ¿Acaso piensan que bailando y cantando van a encontrar las "shaves"?
¡Shabat Shalom para todos!
Texto de Alejandro Goldstein para Comunidad Judía Masorti Bet-El Madrid.
https://www.facebook.com/pages/category/Language-School/Aprender-hebreo-nunca-fue-tan-f%C3%A1cil-104136032125408/
Edición Silvio Jazanovich para Comunidad Judía Masorti Bet-El Madrid