05/26/2026
30 DE MAYO DEL 2026 | PRESUPUESTO DE LA IGLESIA LOCAL
La fidelidad de Leo
Por Luis Astudillo, pastor, Fort Worth Spanish Salim y Haltom City Spanish Seventh-Day Adventist Churches y Forest Hills Spanish Shalom Company, Fort Worth, Texas
Leo es un hermano, un líder de pequeños grupos en nuestra iglesia desde hace mucho tiempo y alguien cuya vida refleja una fe viva y práctica. Durante años, ha devuelto fielmente sus diezmos y ofrendas—no por obligación, sino por profunda convicción de que todo viene de Dios.
En una ocasión, mientras visitaba a una hermana recién bautizada, Leo compartió una experiencia que me impresionó. Dijo: "A veces no entiendo cómo, cuando gano unos 4.000 dólares al mes, veo gastos en mis cuentas que reflejan los gastos como si hubiera gastado 6.000 dólares. Pero desde que puse a Dios primero con mis finanzas, nunca me ha faltado lo que necesitaba. Compensa de formas que no siempre entiendo, pero siempre a tiempo."
Su testimonio no fue de riqueza, sino de confianza. No hablaba de milagros espectaculares, sino de la fidelidad diaria en lo pequeño. Incluso en medio de situaciones económicas más urgentes, León nunca dejó de devolver lo que considera "sagrado al Señor", incluso cuando no trabajaba regularmente por motivos de salud y falta de empleo. Para él, el diezmo no es un gasto, sino un acto de adoración que siempre trae grandes recompensas.
Lo más impactante no fue su testimonio financiero, sino su paz. En su voz no oí ansiedad, solo alegría. Sabía que su verdadero tesoro no estaba en su cuenta bancaria, sino en el tesoro que está haciendo en el cielo (Mateo 6:19-21).
Hoy en día, Leo sigue siendo un ejemplo silencioso dentro de su congregación. Su vida muestra que la administración fiel no depende de cuánto tengas, sino de a quién sirvas. Como dice Malaquías 3:10, el Señor abrió "las ventanas del cielo"—no porque León diera mucho, sino porque dio en fe.
Su historia me recuerda que Dios no busca nuestra riqueza, sino nuestros corazones. Hoy, al dar diezmos y ofrendas, León recuerda que el cielo no registra la cantidad del regalo, sino la fidelidad de quien lo da.
Hoy, honramos a Dios juntos mientras devolvemos nuestros diezmos y hacemos nuestras ofrendas para el presupuesto local de la iglesia.