06/08/2026
Solemnidad de la Transfiguración del Señor.
En la cumbre del monte Tabor, el Señor Jesús manifestó ante Pedro, Santiago y Juan el resplandor de su divinidad. Su rostro brilló como el sol y sus vestiduras se tornaron de una blancura deslumbrante, anticipando el misterio pascual y revelando que la gloria del Hijo de Dios se alcanza a través del camino de la Cruz. En aquel instante, el Padre confirmó desde la nube luminosa la identidad de Cristo, exhortando a los discípulos con aquellas palabras que atraviesan los siglos: «Este es mi Hijo amado; escúchenlo».
La Iglesia celebra hoy la Solemnidad de la Transfiguración del Señor, una de las fiestas más antiguas y venerables del calendario litúrgico, en la que contempla el fulgor de la gloria divina manifestada en la humanidad de Cristo. Providencialmente, esta luminosa solemnidad coincide con una jornada de inmensa trascendencia para nuestra patria, que lleva como el más precioso de sus dones el nombre de El Salvador. Por ello, el corazón creyente de la nación se llena de júbilo al rendir homenaje al Divino Salvador del Mundo, excelso Patrono y Titular de la República, cuya imagen, venerada por generaciones, continúa siendo signo de unidad, esperanza y fe para el pueblo salvadoreño.
Al contemplar el rostro glorioso del Salvador transfigurado, reconocemos en Él al mismo Señor que camina con su pueblo y que, desde lo alto del Tabor, nos invita a levantar la mirada hacia las realidades eternas. Que la luz de Cristo transforme nuestros corazones, fortalezca nuestra esperanza y nos conceda la gracia de permanecer siempre fieles a Aquel que, venciendo la oscuridad del pecado y de la muerte, nos conduce a la gloria de la Resurrección.
¡Divino Salvador del Mundo, salva a la Nación que lleva tu nombre!