19/02/2026
Nuestro corazón puede estar lleno de vida…
o cubierto de ceniza.
La Cuaresma nos recuerda una verdad que a veces olvidamos:
somos frágiles, somos polvo… pero también estamos llamados a amar con todo el corazón.
La ceniza no es símbolo de derrota, sino de conversión.
Nos invita a reconocer lo que necesita sanar, lo que debe purificarse, lo que debe morir para que Cristo viva en nosotros.
Un corazón endurecido puede volverse ceniza.
Pero un corazón que se deja tocar por Dios vuelve a latir con amor verdadero.
Que esta Cuaresma no sea solo un signo en la frente…
sino una transformación en el corazón.
“Conviértete y cree en el Evangelio.”