27/07/2026
Reflexión: La reconciliación y la Cena del Señor
Muchas personas cargan con ofensas, conflictos y heridas que ocurrieron hace años. El tiempo puede pasar, pero si el corazón no ha sido sanado por Dios, el dolor sigue presente. Sin embargo, la Biblia nos enseña que la reconciliación es parte del plan de Dios para sus hijos.
Jesús dijo en Mateo 5:23-24: "Por tanto, si traes tu ofrenda al altar, y allí te acuerdas de que tu hermano tiene algo contra ti, deja allí tu ofrenda delante del altar, y anda, reconcíliate primero con tu hermano, y entonces ven y presenta tu ofrenda." Esto nos muestra que Dios da gran importancia a la reconciliación, aun cuando el problema venga del pasado.
El apóstol Pablo también escribió en Efesios 4:31-32: "Quítense de vosotros toda amargura, enojo, ira, gritería y maledicencia... Antes sed benignos unos con otros, misericordiosos, perdonándoos unos a otros, como Dios también os perdonó a vosotros en Cristo."
La reconciliación también tiene un lugar importante cuando participamos de la Cena del Señor. En 1 Corintios 11:27-29, Pablo enseña que quien participa indignamente del pan y de la copa será responsable del cuerpo y de la sangre del Señor. Por eso exhorta: "Por tanto, pruébese cada uno a sí mismo, y coma así del pan, y beba de la copa."
Examinarse no consiste únicamente en reconocer pecados personales, sino también en revisar si hay resentimiento, falta de perdón o divisiones en el corazón. La Cena del Señor no es solo un momento para recordar el sacrificio de Cristo, sino también para renovar nuestro compromiso de vivir en amor, unidad y reconciliación con nuestros hermanos.
No podemos celebrar el sacrificio de Aquel que nos reconcilió con Dios mientras nos negamos a buscar la paz con quienes nos rodean. Cristo dio su vida para derribar la separación entre Dios y el hombre, y espera que sus hijos reflejen ese mismo espíritu de perdón y reconciliación.
Hoy es un buen día para preguntarnos: ¿Existe alguien con quien aún necesito reconciliarme? Si el Espíritu Santo trae un nombre a nuestra mente, no endurezcamos el corazón. Acerquémonos a la mesa del Señor con un corazón limpio, humilde y dispuesto a perdonar, para que nuestra comunión con Dios y con la iglesia sea agradable delante de Él.