30/01/2022
Hablemos ahora de una privación que tiene una conexión muy particular con el Baal del poder.
La palabra control tiene un sin fin de variaciones, el autocontrol y cómo controlar el peso son dos variantes populares, y si bien otras disciplinas tienen bastante que ver con la gestión de la voluntad y, por ende, con el control de nuestros apetitos humanos, la disciplina de la sujeción quizá sea la más brusca y contracultural porque tiene que ver con darle voluntariamente el control de nuestra vida a otras personas.
¿Suena radical? ¡Sin duda! Y es que esta disciplina te empuja en una dirección que va directo hacia una colisión con la cultural actual, y es una blasfemia para el imperio del yo.
¿Yo, rendirles cuentas a otras personas acerca de mi vida?
Si, lo necesitas.
Todos necesitamos que otras voces hablen a nuestra vida. No importa cuán lejos hayas llegado, o cuán brillante seas, no eres infalible y necesitas la opinión de otros, e incluso otorgarles autoridad sobre tu vida a otras personas.
¿Te suena extraño lo que te estoy diciendo? Repito ¡lo sé! Sobre todo si estas en el ministerio hace muchos años. O también si, por el contrario, recién estas comenzando y te mueres de ganas de pronto ser la persona que puede darle órdenes a todos los demás.
Sin embargo, todos necesitamos rendirle cuentas de nuestras vidas a otras personas porque la historia está llena de hombres y mujeres que fueron grandes líderes pero que luego dejaron de serlo por haber llegado a un punto donde creyeron que no necesitaban escuchar a nadie. Líderes que se envanecieron y comenzaron a creer que su criterio era siempre el correcto, por estar rodeados de subordinados con el único designio de cumplir órdenes pero sin la posibilidad de contradecirlos, de cuestionarlos, y mucho menos de corregirlos. Sin darse cuenta, estas personas comenzaron a asumir que nunca iban equivocarse, y así, de a poco, con ese permiso de su contexto, comenzaron a decir o hacer cosas incorrectas que terminaron por truncar sus carreras o ministerios.
Antes de seguir, debo confesarte que yo tambien tengo dificultad con esta disciplina. Soy rebelde por naturaleza y por crianza. Nunca me fue atractivo sujetarme a la autoridad, en particular en los años de estudio, y menciono la crianza porque sobre todo mis papás me enseñaron (con palabra y sin ella) a cuestionar siempre el porqué de las cosas y a tomar iniciativa para hacer lo que es correcto aunque nadie más lo haga, llevándome al punto entender que todos daremos cuenta por nuestra vida y nuestras acciones. Y si bien, creo que hay verdad en esta afirmación totalmente, su influencia talvez no me preparó para ser demasiado sensible a las opiniones de otras personas; y por eso, esta disciplina es quizás con la que debo ser más intencional.
Cierro esta primera parte citándote uno de los textos de la biblia más conocidos, pero también más dificiles de aplicar, sin embargo trae en sí mismo una recompensa de mucho provecho a nuestra vida.
Proverbios 3:5-10 (NTV) señala: Confía en el Señor con todo tu corazón; no dependas de tu propio entendimiento. 6 Busca su voluntad en todo lo que hagas, y él te mostrará cuál camino tomar. 7 No te dejes impresionar por tu propia sabiduría. En cambio, teme al Señor y aléjate del mal. 8 Entonces dará salud a tu cuerpo y fortaleza a tus huesos. 9 Honra al Señor con tus riquezas y con lo mejor de todo lo que produces. 10 Entonces él llenará tus graneros, y tus tinajas se desbordarán de buen vino.
¡Dios te bendiga!
Pr. René Barillas