20/08/2024
“YO VI AL SEÑOR”
¡¡El año que murió el rey Uzías, yo vi al Señor!!
¡Qué gloriosa visión la que tuvo Isaías en el capítulo 6 de su libro! “En el año que murió el rey Uzías vi yo al Señor sentado sobre un trono alto y sublime, y sus faldas llenaban el templo. Por encima de él había serafines; cada uno tenía seis alas; con dos cubrían sus rostros, con dos cubrían sus pies, y con dos volaban. Y el uno al otro daba voces, diciendo: Santo, santo, santo, Jehová de los ejércitos; toda la tierra está llena de su gloria. Isaías 6:1-3
Quién de nosotros no quisiera tener una visión de esas. Contemplarlo a Él, Glorioso, Majestuoso, y ver el entorno celestial, que le adora por siempre.
Según Hebreos 10:19 tu y yo tenemos libre acceso a la misma Presencia de Dios, a través del camino nuevo que es su carne, y de esa manera poder contemplar, de manera espiritual, la gloriosa majestad de nuestro Dios. Pero, ¿Qué es lo que nos lo impide?
Llamo tu atención a la segunda línea con la que empieza esta lectura: “El año que murió el rey Uzías… yo vi al Señor”. ¿Quién fue Uzías y que enseñanza nos deja para que nosotros ahora podamos “Ver al Señor sentado en su trono”?
En el libro 2º de Crónicas 26:5 leemos que Uzías “…persistió en buscar a Dios en los días de Zacarías, entendido en visiones de Dios; y en estos días que buscó a Jehová, él le prosperó.” Leyendo desde el verso 1 al 15 leemos todas las cosas grandes que este rey hizo en Juda, y todo porque “…fue ayudado maravillosamente (por Dios), hasta hacerse poderoso.”. Mientras busco a Jehová, El le prospero, le ayudo, puso a sus enemigos bajos sus pies, lo bendijo; sin embargo, causa tristeza la narración del versículo 16: “Mas cuando ya era fuerte, su corazón se enalteció para su ruina;” Cuán pronto se le olvido a Uzías que todo lo que tenía, lo tenía porque Dios lo había bendecido y prosperado. En su corazón creyó que todo lo había logrado por sus propios medios, (recuerden por favor que le paso a Nabucodonosor [Daniel 4:30- 33] y a Luzbel [Isaías 14:13-15]). Uzías se enalteció, a tal punto que se atrevió a entrar al Santuario y querer ofrecer incienso, tarea que solo les competía a los sacerdotes escogidos para esto.
En el verso 20 se indica que, por su insolencia, por su orgullo, por su vanidad, Dios lo hirió con lepra y los sacerdotes lo sacaron apresuradamente y sigue diciendo el texto, que desde entonces vivió apartado, solo, en una casa, excluido de la Casa de Dios, “porque era leproso”, hasta que murió.
Amados hermanos y amigos, el orgullo, la vanidad, la altivez son sentimientos que nada bueno traen a nuestra vida. Puedes ser un ministro de la Palabra, puedes ser un ministro de alabanza, o un buen servidor en tu congregación, pero ten cuidado, porque sin por un momento olvidas que lo que tienes o lo que eres, lo tienes por Gracia, por misericordia, y no por tu fuerza, es como que tú mismo te sentaras en el trono, recibiendo la pleitesía y la gloria, cuando solo es Dios el que es digno de recibirla. Uzías, se sintió tan grande que sentado en su trono de “reyecito”, se olvidó que Dios lo había puesto alli. De alli la enseñanza: “el año que murió el rey Uzías vi yo al Señor”; quieres ver al Señor, bájate de tu trono, quita el orgullo y la altivez de tu corazón, entonces, al igual que Isaías, estarás listo para “ver al Señor”; quizás no lo veas como lo vio Isaías, pero te garantizo que sentirás su presencia y su gloria te envolverá, y aun, te capacitará para ir a hacer la misión que El quiere que hagas para él. Isaías 6:8.
Bájate del trono, que muera tu reinado, Juan el Bautista dijo, “conviene a mi menguar, para que El crezca. Entonces sentirás su presencia y su gloria, como nunca las has sentido.
Si ha sido de bendición para ti, ¡COMPARTELO!
Israel Barrios