18/01/2018
Por lo tanto es necesario
que nosotros nos habituemos
a escuchar rápido
pero a hablar calmadamente
para así evitar malas consecuencias.
Muchas personas afilan su lengua
como si fuera una espada
con la cual atacar, y lanzan
palabras hirientes como si fueran flechas.
Salmos 64:3
Que afilan su lengua como espada,
Y lanzan palabras amargas como flecha....
Las palabras que salen
de nuestra boca
no solo dependen de lo que hay
en el corazón, sino también en la mente.
No solo es importante escoger bien
nuestras palabras, sino también
la manera en que vamos a decirlas
La capacidad de expresar
nuestros pensamientos
y sentimientos es un auténtico milagro.
Sigamos el ejemplo de Jesús:
escojamos bien qué decir
cuándo decirlo y cómo decirlo.
Hablemos siempre de forma edificante
“No proceda de la boca de ustedes ningún dicho corrompido, sino todo dicho que sea bueno para edificación [del prójimo].”
(EFESIOS 4:29.)
La primera razón para controlarnos
al hablar es el gran poder de las palabras. 🤷
A este poder alude Proverbios 15:4:
“La calma de la lengua es árbol de vida, pero el torcimiento en ella significa un quebrantamiento del espíritu”.
Las palabras calmadas de una lengua bondadosa
son tan refrescantes como el rocío
y tan reconfortantes como un bálsamo.
En cambio, los comentarios malintencionados
de una lengua perversa
le aplastan el ánimo a cualquiera.
Como vemos, las palabras pueden herir o pueden curar.
Quien se esfuerza por demostrar
la sabiduría divina mide bien lo que dice.
Con sus comentarios bondadosos
sana corazones heridos
y restablece buenas relaciones.
DIOS