30/05/2026
¿Qué hacer cuando la vida parece cerrarse en un camino cada vez más difícil de transitar? Esa fue la pregunta que se hizo el rey David en el Salmo 25, cuando las dificultades, sus propios errores y los enemigos se unieron para atacarlo.
La respuesta la encontró en la oración: “Mi Señor y Dios, a ti dirijo mis ruegos” (v.1 DHH). Así descubrió tres claves para enfrentar sus problemas:
Buscó dirección: “Muéstrame, oh Jehová, tus caminos; enséñame tus sendas. Encamíname en tu verdad, porque tú eres el Dios de mi salvación.” (vv.4-5 RVR60) No quiso seguir sus propios pasos, sino los caminos de Dios.
Pidió perdón: Reconoció sus errores y se humilló ante el Señor: “Por amor de tu nombre, oh Jehová, perdonarás también mi pecado, que es grande.” (v.11 RVR60)
Halló protección: La confianza en Dios trajo bienestar no solo para él, sino también para su familia: “¿Quién es el hombre que teme a Jehová? Él le enseñará el camino que ha de escoger. Gozará de bienestar, y su descendencia heredará la tierra.” (vv.12-13 RVR60)
Punto de acción:
La próxima vez que estés en problemas —o si ya lo estás— recuerda que la oración es tu arma más poderosa. Identifica las dificultades, reconoce tus pecados y enfrenta a los enemigos que hoy te rodean.
Confía en que: “Bueno y recto es Jehová; por tanto, él enseñará a los pecadores el camino.” (v.8) “Mis ojos están siempre hacia Jehová, porque él sacará mis pies de la red.” (v.15)
Lectura bíblica necesaria: Salmos 25(RVR60)